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sábado, 19 de octubre de 2013

Blue Jasmine, escrita y dirigida por Woody Allen



(Buenos Aires)

Frases de Scott Fitzgerald se me ocurren después de ver hoy Blue Jasmine dirigida por Woody Allen: "para los americanos no hay segundo acto"; "toda  vida es un proceso de demolición" por ejemplo. También geniales interpretaciones de otras películas y personajes como la Blanche Dubois en Un tranvía llamado deseo - con Vivien Leigh y Marlon Brando - y otras películas de Woody Allen, como la recordada Interiores.
En Blue Jazmine, una mujer rubia y bonita, de aspecto refinado, cae en bancarrota económica, anímica y moral después de haber estado casada con un hábil financista que había logrado una encumbrada posición social y que frecuentaba a los ricos de New York.
 Éste, después de haber sido encarcelado y caer en bancarrota,  se ha suicidado y ella lo ha perdido todo, incluso su relación con el hijo del marido, a quien ha ayudado a criar.  Jazmín, nombre con el que se ha rebautizado ella misma, en realidad Jeannette, recurre a su hermana, que vive en la ciudad de San Francisco y  que trabaja en un modesto puesto de un supermercado para instalarse en su casa y rehacer su vida. Son dos mujeres que pertenecen a mundos contrapuestos, y son hermanas que un matrimonio ha adoptado y las ha criado juntas y en realidad han tenido padres biológicos distintos. El espectador nada sabe de cómo eran sus padres, ni los biológicos ni los adoptivos. Apenas intuye, por algunos diálogos, que la protagonista, Jazmín, ha sido la preferida de la madre por su belleza y por haberse destacado en los estudios. Se siente un reproche de parte de la hermana, Ginger,  menos agraciada físicamente y que ha tenido menos posibilidades en los aspectos económico y social.
Jazmín, que recurre asiduamente a las bebidas alcohólicas y a las pastillas, encuentra en la casa de su hermana, divorciada y con dos hijos, un refugio. Sin embargo, el pasado, su historia, acecha e irrumpe continuamente en el presente. A pesar de que la hermana le presenta a un amigo del hombre con el que está a punto de comprometerse, la relaciona con un dentista que le ofrece trabajo como secretaria, la recibe en su propia casa, Jazmín está dominada por su pasado y por sus recuerdos. No puede cortar con su malograda historia. La película de Woody Allen hace planteos éticos, ya que cuando se muestran escenas de su vida anterior, durante su matrimonio con el financista, Jazmín ha preferido muchas veces no enterarse ni de los negocios del marido ni de las aventuras y otras relaciones que aquél tenía con otras mujeres. Incluso ha sido ella quien sugirió a su hermana y a su cuñado, cuando estaban casados, que invirtieran un dinero ganado a la lotería en los negocios del financista, dinero que nunca iban a recuperar.
El segundo acto que podría haber tenido Jazmin en su vida también se malogra. En una fiesta a la que ha sido invitada por intermedio de una amiga que estudia computación con ella, conoce a un hombre viudo, atractivo, rico, que pertenece al mundo de la diplomacia y que planifica hacer una carrera política. El romance no tarda y pronto van a comprometerse para casarse e iniciar una nueva vida. Sin embargo Jazmín no le ha dicho la verdad de su vida al hombre, sino que le miente diciéndole que es viuda y que su marido era un médico cirujano. La verdad se devela cuando el marido de la hermana, estafado por el marido de Jazmín, los encuentra en la puerta de la joyería adonde han ido a comprar el anillo de compromiso y el hombre le reprocha a ella la estafa de la que ha sido víctima y cómo arruinó su oportunidad de tener una vida mejor. Esto origina la ruptura del compromiso y un nuevo fracaso para Jazmín.
Por otro lado, la llegada de Jazmín a la casa y a la vida de Ginger, ha originado la ruptura de esta con su pasional novio Chili, ya que Jazmín la alienta a buscar a un hombre de otra posición social.
A Ginger no le va mejor porque en la fiesta a la que concurre con Jazmín cuando conoce al hombre rico, conoce también a un hombre al que considera de mejor posición que Chili y vive un breve romance. Sin embargo, el hombre resulta ser casado y da por terminada la aventura enseguida.
Los interiores que se muestran en la película tanto los de la lujosa casa de Jazmín en su vida con el financista y los de la casa de Ginger en San Francisco muestran mucho de la personalidad de las hermanas, tal como ocurría en uno de los anteriores films de Allen,  Interiores. Ginger es vital, cariñosa, humilde. Jazmín es distinta, le da más importancia al dinero y a la posición social que a los sentimientos. Cuando estaba en una posición encumbrada, su hermana no le interesaba. Tampoco le interesa en San Francisco ser la secretaria de un dentista o salir con un hombre de una posición social inferior a la que tenía ella. Planea estudiar decoración de interiores y para eso sigue antes un curso de computación. En sus estudios de antropología, antes de su matrimonio, no ha logrado graduarse. Lo dejó todo al conocer al financista. El personaje representa a una mujer que se siente de la posición del hombre con quien está. No logra ser nunca ella misma. Tanto es así que al enterarse de que está a punto de ser abandonada por su marido y que la traiciona con otra mujer, lo denuncia  para que vaya a la cárcel y ocasiona así el desastre.
El personaje de Jazmín no tiene salida en este film como no lo tuvo Blanche Dubois en Un tranvía llamado deseo. Las dos son mujeres encerradas en un pasado que se les ha venido encima y del que no han podido salir. Las dos han recurrido a una hermana como refugio y en definitiva no les ha servido de mucho.
Son muy buenas las interpretaciones de Cate Blanchett como Jazmín, de Sally Hawkins como Ginger, de Bobby Cannavalle como Chili, de Alec Baldwin como el marido de Jazmín, y de Andrew Dice Clay como Augie, el ex marido de Ginger y Louis CK. como el hombre que tiene una aventura con Ginger.