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jueves, 18 de junio de 2020

Carta de la editora: 18 años de la revista Archivos del Sur

Estimadas amigas y amigos:

se cumplieron en el  mes de mayo pasado  18 años de edición ininterrumpida de la

Revista Archivos del Sur. Siempre sin ningún apoyo de tipo económico,

ni subsidio ni publicidad. Sólo a pulmón y trabajando, con colaboradores

y colaboradoras ad-honorem.

Siempre manteniendo la intención de darle visibilidad a los autores

latinoamericanos, y no sólo a los muy célebres, porque también se les

ha dado un lugar a muchos de ellos.  Pero, de acuerdo a la nueva época,

no se trata de que el ganador se lo lleve todo – que tal vez materialmente

sí ocurra eso -  sino que las y los escritores
 
puedan difundir sus creaciones aunque no publiquen en grandes editoriales

ni estén en grandes agencias literarias. Parece que por realizar esta tarea

hay un precio que pagar, a veces es el de la soledad, a veces también

tiene su recompensa. Para la dirección y edición sigo el criterio de respetar

 el pensamiento de  los autores y no imponer un criterio único, y no tratar de

complacer a todo el mundo y ser apreciada a toda costa, cosa imposible de lograr,  

como lo demuestra la fábula de Esopo escrita muchos siglos atrás, que transcribo

a continuación:

El anciano, el niño y el asno

Una mañana de sol, de un día de verano, en un pueblo de la montaña, un

anciano y su nieto se dirigían felices al mercado de una gran ciudad para vender

su asno, bello y bien cuidado.

En el camino encontraron personas que venían en sentido contrario: “Miren a esos

dos idiotas: van tambaleando por el camino, ¡cuántos podrían subirse al asno!”

El anciano pensó que tenían razón y se subieron al asno. Más allá, en el camino

se encontraron con otras personas que dijeron: “Miren a esos dos perezosos que le

rompen el lomo al pobre asno”.

El anciano pensó que tenían razón y se bajó del asno, ya que era el más pesado.

Más allá encontraron a otras personas, que dijeron: “Miren a ese niño irrespetuoso:

va en cima del asno, mientras que el anciano tiene que caminar”.

El anciano pensó que tenían razón y le pidió a su nieto que se bajara del asno y él

volvió a subirse.

Algunos momentos más tarde, se encontraron con otras personas que decían: “¡Qué

hombre más malo!: se hace llevar por el asno, mientras que su nieto tiene dificultades

para seguirlo. Al final este asno estará tan cansado que, cuando lleguen a la ciudad, nadie

querrá comprarlo.

Al escuchar esas palabras, el anciano y su nieto se sentaron en la orilla del sendero, perturbados,

desalentados y desamparados. Habiendo descansado, continuaron su camino y se los vio

llegar al mercado, sin aliento y rendidos, acarreando al asno suspendido por las extremidades

a una enorme rama que cada uno de ellos llevaba sobre su hombro.

Esopo da la siguiente moraleja a su fábula: “No se puede complacer a todo el mundo. Si lo

intentas, te perderás a vos mismo”.


A través de la revista Archivos del Sur conocí a muchas escritoras y escritores,

artistas, y editores, de distintos países que nunca pensé iba a conocer.

Agradezco a las y los lectores y colaboradores que siguen participando,

haciendo llegar sus comentarios, libros y sugerencias.


La editora