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lunes, 9 de enero de 2012

Acerca de la escritura y los libros: Fernando Pessoa y Marguerite Duras


























































































(Buenos Aires)




Hay dos escritores que me interesa destacar y que han tenido un concepto de la escritura y la forma de organizar o no los libros.
Uno de ellos es el escritor portugués Fernando Pessoa, considerado uno de los más grandes escritores del siglo XX. La otra es la escritora francesa Marguerite Duras.
Yo creo que las nuevas tecnologías hoy permiten publicar fragmentos de libros, capítulos, los libros se pueden ir armando.






Y eso es lo que me parece más interesante.

El libro del desasosiego de Fernando Pessoa


Hace algún tiempo escribí sobre el Libro del desasosiego de Fernando Pessoa. En ese ensayo publicado primero en la revista Cultura segunda época (Buenos Aires) y después en otras revistas culturales (Triplov, Portugal) y sitios web, que reproduzco a continuación:












"Lo que tenemos aquí, no es un libro sino su negación y subversión, el libro en potencia, el libro en plena ruina, el libro-sueño, el libro-desesperación, el anti-libro, más allá de toda literatura. Lo que tenemos en estas páginas es el genio de Pessoa en su momento cumbre."


La primera vez que leí el Libro del desasosiego de Fernando Pessoa fue en una versión en español de Angel Crespo publicada por Seix Barral en 1982. Ya había leído unos cuantos libros de Antonio Tabucci, escritor italiano al que admiro y supe entonces que él había introducido con una labor de orfebre intelectual la obra de Pessoa en Italia. Lo que no advertí y esto lo supe después, cuando volví a leer el Libro del desasosiego en traducción de Santiago Kovadloff, editado por Emecé en 2000, es que éste es un libro que se va armando y que puede seguir articulando conforme pase el tiempo, según quién organice el material dejado por Pessoa, y según otras variables que tal vez no puedan preverse todavía. Pessoa acumuló en un arcón o baúl sus originales inéditos y allí fueron encontrados tras su muerte en 1935. Ese legado, dejado por el escritor en relativo desorden, sigue siendo hasta hoy materia de clasificación e investigación por parte de los estudiosos de su obra. Pessoa ha sido reconocido por muchos críticos junto a Kafka y a Joyce como uno de los grandes escritores del siglo XX.
La primera versión del Libro del desasosiego, la de Angel Crespo, dice en el prólogo: " En 1913, Fernando Pessoa (1888-1935) publicó en la revista A Águia un original en prosa, titulado "Na Floresta do Alheamento" (En la floresta de la enajenación), en preparación. Dicho escrito iba firmado por Fernando Pessoa, sin que se hiciese la aclaración, o la salvedad, de que su autor lo atribuyese a Bernardo Soares ni a cualquiera otro de los personajes que, como se sabe, dio por autores del libro". Fernando Pessoa escribía con heterónimos. Tanto en la versión de Angel Crespo como en la traducida por Kovadloff , el Libro del desasosiego se atribuye a Bernardo Soares. Sin embargo, antes de esa atribución, ha habido otras, Pessoa pensó en atribuirlo a otro heterónimo: Vicente Guedes. En otra oportunidad, dada la escritura fragmentaria del Libro del desasosiego , Pessoa pensó también en atribuirlo a Álvaro de Campos. Lo fascinante de este libro del genial poeta portugués es que además de estar atribuido en estas últimas versiones a un personaje literario como Bernardo Soares, es un libro que puede seguir "haciéndose". En la introducción del Libro del desasosiego escrita por Richard Zenith y traducción de Kovadloff, se narra cómo se organizó esta versión. Lo que tenemos aquí, dice Zenith, "no es un libro sino su negación y subversión, el libro en potencia, el libro en plena ruina, el libro-sueño, el libro-desesperación, el anti-libro, más allá de toda literatura. Lo que tenemos en estas páginas es el genio de Pessoa en su momento cumbre".

En una entrevista, el escritor italiano Antonio Tabucci, al preguntársele por el significado en su propia obra de la figura de Fernando Pessoa dice: "A Pessoa le debo, en primer lugar y principalmente, la fe en lo novelesco, porque, a través de su poesía, ha construido en realidad un universo novelesco, ideando algunos personajes, como Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro o Bernardo Soares, que en lugar de ser personajes que actúan, son seres que crean. Pessoa, en última instancia, lo que hizo fue inventar una serie de personajes creadores y ponerlos en relación, urdiendo amistades, correspondencias, etcétera; edificó una especie de teatro en el cual hay actores, pero donde falta el guión". Tabucci destaca que el poeta portugués hizo esta gran construcción novelística en la época de la gran crisis de la novela, ya que murió en 1935. Paradójicamente , agrega Tabucci, Pessoa ha creado una vía de escape, una pirueta, por la que en nuestro siglo, cuando parece que ya no existe un espacio para la novela, puede reconstruirse un universo novelesco, no mediante la novela, sino con la poesía. Esto me impresionó muchísimo " destaca el escritor italiano. En la misma entrevista, Tabucci hace resaltar la característica de Pessoa de ser además de poeta, un personaje: " el personaje de sí mismo y el personaje que es para los otros, lleno de misterios, los cuales son muy difíciles de aclarar del todo, y tal vez no lo consigamos nunca". Pessoa vivía en habitaciones realquiladas de pequeñas pensiones, pasó su vida como un modesto funcionario y dedicaba todo su tiempo a la escritura. Se escindía en varios seres y conseguía a pesar de ello una gran unidad sin caer en la esquizofrenia y en la locura, relata el escritor italiano a su entrevistador. Asimismo, Tabucci destaca el sacrificio o tal vez el desinterés de Pessoa por publicar su obra. Mantuvo oculta su carrera literaria rechazando de esta manera honores y glorias que quizá la vida le habría concedido y prefirió la escritura y la satisfacción que ésta puede proporcionar.

Si hay algo fascinante en la lectura del Libro del desasosiego de Pessoa es encontrarse con un alma volcada al papel sin interferencias ni ornamentos inútiles y también en algunas oportunidades, encontrarse con un idiolecto. En cuanto a esto último, Angel Crespo, en la primera versión en español del libro dice: "Wittgenstein discute, en su obra Philosophical Investigation, la posibilidad de un lenguaje que sólo pueda ser entendido por un individuo, y por él oído, y que se refiera a acontecimientos mentales interiores y por lo tanto, ocultos o secretos para los demás. Si ese lenguaje existe, Wittgenstein piensa que es intraducible debido a que el lenguaje es un hecho social cuya formación y comprobación - y aun corrección- depende, no de la falible memoria individual, sino de la memoria colectiva, que es la condición precisa para que el lenguaje sea propiamente tal, sea comunicable, y por lo tanto, traducible. Sin llevar las cosas tan lejos, hay que advertir que el lenguaje del Libro del desasosiego es, en ocasiones, un idiolecto que tiende a lo secreto, a lo incomunicable, y que, debido a ello, bordea, también en ocasiones, la intraducibilidad ".

En cuanto a las intenciones de Pessoa en dejar una obra fragmentaria y en haber también dejado algunas indicaciones para articular el libro, habría que remitirse a George Steiner quien dice: " el recurso a la intencionalidad, a lo que podemos decir del propósito del escritor o del artista pone trampas incluso peores que las que atribuimos a los usos de la biografía. Balaam - y Marx citará esta parábola en su exploración de las contradicciones ideológicas en el interior de la literatura - profetiza en contra de su expresa voluntad. Un artista puede engañarse radicalmente en cuanto a sus verdaderos motivos - semejante "verdad" puede ser un fantasma epistemológico- y los efectos que se proponía. Puede, siguiendo una estrategia esopiana, intentar engañar a otros (los censores). Sus diarios, cartas, y notas de programa más íntimos pueden ser ficciones retóricas en la génesis de la ficción. Los diarios y las conversaciones de Kafka son obras maestras de afligido circunloquio no sólo con respecto a los otros sino, principalmente, al mismo. Su aparente transparencia hace la obra real más secreta". Steiner relativiza la desconstrucción al decir" no hace falta que una advertencia desconstructiva nos señale las multiestratificadas intencionalidades de la fábula, nos recuerde las inconmensurabilidades y las autodisoluciones retóricas inherentes a los actos semánticos." Para la hermenéutica moderna, dice Steiner ," es fundamental el famoso postulado de Schleiermacher según el cual el lector puede descubrir la intención y el significado auténticos del texto mejor que el autor." Respecto a esto Richard Zenith, destaca en la última versión del Libro del desasosieg o "que mucho antes que los descontructivistas llegaran para enseñarnos que no hay nada hors-texte, Fernando Pessoa vivió, en carne propia - o en su anulación-, todo el drama del que ellos tan sólo hablan. La falta de un centro, la relativización de todo (incluso de la misma noción de lo relativo), el mundo entero reducido a fragmentos que no conforman un verdadero todo, apenas texto sobre texto sobre texto, sin ningún significado o casi sin nexo - todo este sueño o pesadilla posmodernista - no fue, para Pessoa, un grandioso discurso. Fue su íntima experiencia y su tenue realidad. Y este libro-caos del desasosiego fue su lucidísimo textimonio:

"Todo cuanto el hombre expone o expresa es una nota al margen de un texto borrado por completo. Con más o menos suerte, por el sentido de la nota, inferimos el sentido que podría ser el del texto, pero queda siempre una duda, y los sentidos posibles son muchas" (Fragmento 148)

Fernando Pessoa dejó algunas indicaciones para articular el Libro. Según Zenith son de ayuda relativa, porque son contradictorias y evidencian sobre todo hasta qué punto llegaba la confusión del autor: ni él sabía cómo ordenar los fragmentos. Zenith reconoce que tal vez lo mejor hubiera sido una edición de piezas sueltas, ordenables según el criterio de cada lector. Es así como a mí me gusta leer el Libro del desasosiego. Cito a continuación algunos fragmentos que elegí para este artículo:

"Mi vida es como si me golpeasen con ella"

"Soy en gran medida la misma prosa que escribo. Me desarrollo en fragmentos y párrafos, me convierto en puntuaciones y, en la distribución desencadenada de las imágenes, me visto, como los niños, de rey con papel de diario, o, en el modo como creo el ritmo de una serie de palabras me corono, como los locos, de flores secas que siguen vivas en mis sueños"

"El arte consiste en hacer sentir a los otros lo que nosotros sentimos, en liberarlos de sí mismos, proponiéndoles nuestra personalidad mediante esa especial liberación".

"A veces me sucede, y siempre que me sucede es casi de repente, que en medio de las sensaciones me brota un cansancio tan terrible de la vida, que no tengo ni siquiera la más mínima idea de cómo dominarlo. Para remediarlo, el suicidio parece incierto; la muerte, aun cuando suponga la inconsciencia, es poco todavía. El que siento es un cansancio que ambiciona, no el dejar de existir - lo que puede o no ser posible-, sino una cosa mucho más horrorosa y profunda, como es el no haber siquiera existido nunca, no haber sido nunca de ninguna manera".

"¿Qué es viajar y para qué sirve viajar? Cualquier poniente es el poniente; no es preciso ir a verlo a Constantinopla. ¿La sensación de liberación que nace de los viajes? Puedo tenerla yendo de Lisboa a Benfica, y tenerla con más intensidad que aquel que va de Lisboa a China, porque si la liberación no está en mí, no está, para mí, en parte alguna. "Cualquier camino", dijo Carlyle, "incluso este camino de Entepfuhl, te lleva al fin del mundo." Pero el camino de Entepfuhl, si se lo sigue hasta el fin, vuelve a Entepfuhl; de manera que Entepfuhl, donde ya estábamos, es ese mismo fin del mundo que íbamos a buscar."

"Me quejo porque soy débil y, porque soy artista, me entretengo tejiendo con musicalidad mis quejas y retocando mis sueños conforme el modo que encuentro de hacerlos más bellos. Sólo lamento no ser un niño, para poder creer en mis sueños, no ser un loco para poder alejar del alma a todos los que me rodean".

(Del Libro del Desasosiego, Fernando Pessoa, Editorial Emecé)

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Bibliografía



Fernando Pessoa, Libro del desasosiego, Seix Barral




Fernando Pessoa, Libro del desasosiego, Emecé Carlos Gumpert



Conversaciones con Antonio Tabucci, Anagrama



George Steiner, Presencias reales, Destino- Compañía Editora Espasa Calpe Argentina S.A.

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Marguerite Duras



La escritora francesa Marguerite Duras opinaba acerca de la organización y reglamentación de los libros, no estaba de acuerdo con eso.


Marguerite Duras decía acerca de los libros que les reprochaba en general que no eran libres: "Están fabricados, están organizados, reglamentados, diríase que conforman una función de revisión que el escritor desempeña con frecuencia consigo mismo.
El escritor, entonces se convierte en su propio policía. Entiendo por tal, la búsqueda de la forma correcta, es decir de la forma más habitual, la más clara y la más inofensiva. Sigue habiendo generaciones muertas que hacen libros pudibundos. Incluso jóvenes: libros encantados, sin poso alguno, sin noche. Sin silencio. Dicho de otro modo: sin auténtico autor".




bibliografía: Marguerite Duras, Escribir, Editorial Tusquets




(c) Araceli Otamendi - todos los derechos reservados

domingo, 15 de mayo de 2011

Escritoras y escritores que más que escribir hablan



(Buenos Aires)

En la edición del domingo 8 de mayo de la revista El País Semanal, se publicó una nota titulada El triunfo de una perezosa, donde se cuenta la historia y se presenta un personaje neoyorkino, la escritora Fran Lebowitz como una de las caras más genuinas de Nueva York. El documental “Public Speaking” de Martin Scorsese retrata a una mujer que lleva tres décadas sin escribir, pero que ha hecho de su bloqueo una exitosa carrera.

Fran Lebowitz, quien se instaló en la Gran Manzana a los 18 años tuvo varios oficios, por ejemplo, fue taxista, pero su aversión al trabajo y su entrega a la pereza le impedían que estuviera en ellos más tiempo del necesario para obtener el dinero para el alquiler.
Amiga de Graydon Carter, el director de la revista Vanity Fair, la nota  la muestra en fotografías junto con  Andy Warhol y Paloma Picasso.  A los 61 años, Fran Lebowitz  se ha convertido en uno de los íconos más originales, sarcásticos y afilados de Nueva York. “Me encanta hablar, y nunca me he planteado si se me daba bien o mal” dice en una de las primeras escenas de Public Speaking.
Lebowitz, quien se bloquea cuando le encargan escribir un libro, asegura que la confianza en sí misma no se tambalea, aunque no escriba. Las lecturas públicas y la campaña de promoción de sus dos libros mostraron su talento innato para hablar subida a un estrado, afirma la nota.
A partir de la lectura de esa nota recordé a Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) el escritor inglés de quien Borges hablaba en sus cursos. Porque Coleridge era un escritor que lo que hacía era hablar, dar conferencias y no escribía mucho. Borges lo presenta a Coleridge como un personaje novelesco. Henry James se inspiró en una de las primeras biografías de Coleridge  para escribir el cuento “La Fundación Coxon”.
El protagonista de este cuento es un hombre de genio, un conversador de genio, que pasa la vida en casa de sus amigos. Éstos esperan de él una gran obra. Saben que para ejecutar esa obra necesita tiempo y descanso. Y la heroína es una chica a quien la suerte le pone en las manos la elección del candidato para esa fundación, Coxon, dejada por una tía suya, Lady Coxon.
La chica sacrifica la posibilidad de su casamiento, sacrifica toda su vida para que la persona que reciba esa fundación sea el hombre de genio. Éste acepta esa anualidad, que es considerable, y luego el autor nos deja entender que el gran hombre no escribe nada, apenas deja algunos borradores. Y lo mismo,  dice Borges, podríamos decir, de Samuel Taylor Coleridge.
Coleridge fue el centro de un círculo brillante, el de los llamados “poetas laquistas” porque vivían en las inmediaciones de los lagos.
La obra de Coleridge, dice Borges, que abarca muchos volúmenes, consta en realidad de unos pocos poemas – poemas inolvidables, eso sí- y de algunas páginas en prosa. Algunas están en la Biographia Literaria, otras pertenecen a las conferencias que dictó sobre Shakespeare.
Borges, al introducir en su curso a Coleridge, encuentra al examinar la obra del escritor inglés, que  es “no pocas veces ininteligible, tediosa, plagiada también”.
El escritor argentino afirma que lo que más le interesaba a Coleridge era el pensamiento más que la escritura del pensamiento. Y entonces recuerda a Macedonio Fernández, de quien fuera amigo, a quien le pasaba más o menos lo mismo.
Recuerdo, dice Borges, que Macedonio Fernández vivía mudándose de una pensión a otra, y que cada vez que se mudaba dejaba en el cajón una serie de manuscritos. Cuando Borges le decía que por qué perdía así lo que había escrito, Macedonio le respondía: “Pero, ¿vos creés que somos lo bastante ricos como para perder algo? Lo que se me ocurió una vez volverá a ocurrírseme, de manera que no pierdo nada”. Quizá Coleridge pensaba lo mismo, afirma Borges.
Walter Pater, uno de los prosistas más famosos de la literatura inglesa, ha calificado a Coleridge como el prototipo del hombre romántico, más que Werther, más que Chautebriand, más que ningún otro, sostiene Borges.
Y la verdad es ésa, que hay algo en Coleridge que parece colmar la imaginación. Es la misma vida, que es de demoras, de promesas no cumplidas, de conversación brillante. Todo esto corresponde a un tipo humano, afirma Borges. Y creo que tiene razón.
Tanto Fran Lebowitz como Samuel Taylor Coleridge, pertenecen a esos tipos humanos que sueltan la imaginación en la vida, que transmiten los sueños y además los viven.

© Araceli Otamendi

Bibliografía:

Borges Profesor, Edición, investigación y notas de Martín Arias y Martín Hadis, Editorial Emecé

Nota de Andrea Aguilar “El triunfo de una perezosa”, publicada en El País Semanal (8.5.2011)