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miércoles, 25 de abril de 2018

Los abusos sexuales tras las cortinas de la Academia Sueca por Javier Claure C.


Sara Danius el día que renunció a su cargo en la Academia Sueca 

Rosón colgado en la fachada del edificio de la
Academia Sueca 

(Estocolmo) Javier Claure C.

La Academia Sueca, responsable de otorgar anualmente el Premio Nobel de Literatura más prestigioso del mundo, se encuentra sumida en un gran escándalo que ha dañado la vida cultural sueca. Hasta hace poco la Academia ha sido una de las instituciones más misteriosas y herméticas del mundo. Sus miembros, escogidos minuciosamente bajo la batuta del rey Carlos Gustavo, y con una excelente formación académica, gozaban de un aura sobrenatural. Pero a principios de este mes, estalló la dinamita Nobel, poniendo en tela de juicio algunos secretos escondidos por la Academia durante mucho tiempo.
En realidad, todo empezó en noviembre del año pasado cuando, en Hollywood, saltó a la luz del día la campaña #Metoo (yo también) relacionada con abusos sexuales contra las mujeres, y que tuvo repercusión en muchos países. Y así, llegó también a Suecia la onda magnética de tal campaña. Y como resultado, 18 mujeres salieron del anonimato para denunciar, mediante el periódico Dagens Nyheter, que fueron víctimas de abusos y acosos sexuales. El autor de tan indecente conducta es el dramaturgo y fotógrafo francés, Jean Claude Arnault, esposo de Katarina Frostenson; académica y miembro del Comité Nobel desde hace 26 años. Arnault junto a su mujer eran responsables del Club Literario “Forum” financiado por la Academia. Sospechoso manejo que va en contra de los principios y ética de la misma Academia. Según la prensa sueca existen irregularidades económicas y se hará una investigación detallada del caso. Además, Arnault es acusado de haber filtrado a los medios de comunicación, al menos en siete ocasiones, el nombre del ganador del Premio Nobel de Literatura.
leer nota:



https://archivosdelsur-ensayos.blogspot.com.ar/2018/04/los-abusos-sexuales-tras-las-cortinas.html

jueves, 7 de octubre de 2010

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura

Mario Vargas Llosa

(Buenos Aires)

El escritor peruano Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura. El anuncio lo hizo la Academia Sueca  en Estocolmo. La última novela de Vargas Llosa es El sueño del celta. Entre sus más conocidas novelas se pueden citar: La ciudad y los perros, Conversación en la catedral, La tía Julia y el escribidor, Pantaleón y las visitadoras, y una de las últimas es El paraíso en la otra esquina, sobre Flora Tristán y Paul Gauguin.
Además ha escrito obras de teatro y también crónicas, ensayos y libros sobre literatura como La verdad de las mentiras y La orgía perpetua, este último sobre la lectura de Madame Bovary y Flaubert.

nota relacionada:  http://revistaarchivosdelsur.blogspot.com/2010/09/el-sueno-del-celta-nueva-novela-de.html

lunes, 21 de diciembre de 2009

Herta Muller y su discurso del Premio Nobel por Javier Claure C.



(Estocolmo)Javier Claure C.

Cada palabra sabe algo sobre el círculo vicioso

                                              

La ganadora del Premio Nobel de Literatura 2009, Herta Muller, al recibir la noticia del prestigioso premio comentó: “Estoy sorprendida. Me he quedado muda, pero prometo recuperar el habla el 10 de diciembre, en el momento que me entreguen el premio”. Muller recuperó el habla tres días antes de lo indicado, cuando leyó su discurso Nobel a las 17:30 (hora sueca) en la misma sala donde se anunció el premio el 8 de octubre.
A la hora establecida se abrió  una puerta y junto al secretario permanente de la Academia Sueca, Peter Englund, salieron para dirigirse hacia la tarima, desde donde se pronunciaría el discurso. Y en cuyo frente estaban sentados los miembros de dicha Academia. Englund inició el solemne acto con unas breves palabras: 
“… según mi opinión, hay dos tipos de escritores: los que escriben porque esa es su vocación, y  los que escriben porque están obligados… ”. Sin lugar a dudas, la segunda afirmación es una referencia a la obra de la flamante ganadora del premio. Muller vestida de negro tomó posición, saludo al numeroso público y, en alemán, empezó a dar lectura a su hermoso ensayo sobre el pañuelo. Un ensayo que más parece ser una alusión a las peripecias que el ser humano atraviesa en su paso por la Tierra. Para entonces, el público tenía en sus manos un ejemplar del ensayo (de nueve hojas) que repartieron en diferentes idiomas. Un compacto silencio cayó sobre la sala y lo único que se escuchaba era el sonido del papel, cuando el público descompasadamente seguía la lectura y daba vueltas las hojas. Herta Muller convencida de haber captado la atención de su auditorio; levantaba la vista, de vez en cuando, y así se aseguraba que la audiencia estaba entendiendo su discurso. Con voz firme y una mirada melancólica pronunciaba palabras. De sus labios pintados color rojo salían expresiones que llamaban a la reflexión:


- ¿Tienes un pañuelo? Me preguntaba mi madre cada mañana en el portón de mi casa, antes que saliera a la calle. Yo no lo tenía y entonces regresaba a mi cuarto y sacaba un pañuelo. No lo tenía el pañuelo cada mañana, ya que cada mañana esperaba esa pregunta. El pañuelo era la prueba de que mi madre me protegía por la mañana. Durante el resto del día y los demás quehaceres cotidianos quedaba a merced de mí misma. La pregunta ¿Tienes un pañuelo? era un afecto indirecto. Uno directo hubiera sido molestoso, cosa que no existía entre los campesinos. El amor se disfrazaba de pregunta. Solamente de esa manera podía ser expresado, así seco y determinante como una orden de trabajo. Esa voz áspera de mi madre enaltecía la ternura. Cada mañana estaba yo en el portón de mi casa, una vez sin pañuelo y una segunda vez con el pañuelo. Solo así salía a la calle, como si en el pañuelo estuviera mi madre protegiéndome.


El pañuelo, ese pequeño trozo de tela que tiene una infinidad de funciones utilitarias, nos acompaña en diferentes circunstancias de la vida. Tenemos por ejemplo: el pañuelo de la novia, del mago, de la mujer musulmana, de las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina etc. El pañuelo que nos sirve para secar nuestras lágrimas, el sudor de la frente o simplemente, como en algunas películas del romanticismo, el pañuelo de la amada que lo deja caer inadvertidamente para que el novio lo levante y le entregue a ella con un suspiro de amor. Para Herta Muller, la pregunta cotidiana ¿Tienes un pañuelo? se había hecho un ritual. Significaba una simbiosis implícita de amor entre su madre y ella. El pañuelo era una especie de filtro que insuflaba ternura y aprecio entre ellas. Por lo demás, muy necesario en un ambiente frío y casi inhumano.
Herta Muller víctima de la represión, humillación y chantaje de la Rumania de Nicolau Ceaucescu cuenta, en este ensayo, sus amargas experiencias desde que se negó a colaborar con la Securitatea Statului (el Servicio Secreto del régimen comunista rumano). Por aquel entonces trabajaba como traductora en una fábrica de maquinarias hidráulicas. 
Y continúa:
 -  A las cinco de la mañana me levantaba, porque mi trabajo empezaba a las seis y media. Por las mañanas resonaba el himno nacional en el patio de la fábrica a través de unos parlantes. En las pausas para comer se escuchaba los coros de los obreros. Pero los obreros que estaban comiendo, tenían los ojos vacíos como una plancha metálica, las manos sucias de aceite y su comida estaba envuelta en papel periódico. Antes de comer un pedazo de tocino, le quitaban la tinta del periódico raspándola con un cuchillo. Al tercer año de trabajo, en el transcurso de una semana, muy temprano por la mañana, un hombre de ojos azules, gigantesco y macizo, entró tres veces a mi oficina con los ojos centellantes.


      
La primera vez que entró, me insultó de píe y se marchó.
La segunda vez; se quitó la chaqueta, la colgó en la llave de un armario y se sentó. 
Aquella mañana había llevado a mi oficina unos tulipanes de mi casa y los estaba acomodando en un        florero. El hombre me observó y elogió mi inusual conocimiento del ser humano. Su voz era resbaladiza. 
Sentí angustia. Protesté contra su elogio y le aseguré que conocía algo de tulipanes, pero no así del ser humano. Entonces me dijo maliciosamente que él me conocía mejor que yo a los tulipanes. Luego cogió su chaqueta y se marchó.
La tercera vez se sentó y yo me quedé parada, porque había puesto su maletín en mi silla. No me atreví a ponerlo en el suelo. Me insultó y me trató  de tonta, holgazana y de ser prostituta como una perra callejera. Empujó los tulipanes casi hasta el borde de la mesa, en cuyo centro puso una hoja de papel vacía y un lápiz. Y exclamó:  “escribe”. Escribí de píe lo que él me iba dictando, mi nombre, mi fecha de nacimiento y mi dirección. Y luego independientemente de mis parientes; no diría a nadie que…, y entonces soltó la horrible
palabra colaborez, iba a colaborar. Esta palabra no la escribí. Dejé  el lápiz a un lado y me dirigí hacia la ventana, a través de la cual veía la polvorienta calle. No estaba asfaltada. Se veían los baches y las casas cayéndose. Esta calle llena de escombros se llamaba Strada Gloriei (calle de la gloria). En esta gloriosa calle un gato estaba sentado en la rama de un    árbol. Era el gato de la fábrica y tenía una oreja malograda. Sobre él brillaba el sol matinal como un tambor amarillo y dije: “N-an caracterul”, no tengo ese carácter. Se lo dije a la calle. La palabra carácter, le puso histérico al empleado del Servicio Secreto. Cogió el papel, lo rompió y arrojó los pedazos al suelo. Probablemente se acordó que debía  presentar a su jefe, la prueba de que había intentado reclutarme para sus filas de espionaje. Y pues se agachó, recogió todos los trozos de papel y los guardó en su maletín. Luego suspiró profundamente y, al verse perdido, arrojó el florero con los tulipanes contra la pared. Se rompió y rechinó como si hubiera dientes en el aire. Con el maletín bajo el brazo
vociferó en voz baja: “te arrepentirás de esto. Te ahogaremos en el río”. Me dije a mi misma: “si firmo ese papel, no podré vivir conmigo… y tendría que hacerlo    yo. Mejor que lo hagan ellos”. La puerta de la oficina se quedó abierta y el hombre ya no se encontraba allí. Y afuera en la Strada Gloriei, el gato había saltado de la rama del árbol a un  techo. La rama se mecía como un trampolín. Al día siguiente empezó  el infierno. Yo debía desaparecer de la fábrica. Cada mañana a las seis y media, debía presentarme ante el      director de la fábrica. Con él estaban, cada mañana, el líder del sindicato y el secretario del Partido. Al igual que mi madre me preguntaba ¿Tienes un pañuelo?, ahora cada mañana el director me preguntaba: ¿Estás buscando otro trabajo?. Y yo le contestaba cada vez lo mismo: “ No estoy buscando trabajo. Me siento bien en la fábrica. Quiero trabajar aquí hasta mi jubilación”.
Una mañana cuando llegué al trabajo, mis voluminosos diccionarios estaban en el suelo del corredor cerca de la puerta de mi oficina. La abrí y en la silla de mi escritorio estaba sentado un ingeniero. Me dijo: “Aquí se golpea la puerta antes de entrar. Ahora estoy yo y tú  no tienes nada que hacer en esta oficina”. No podía marcharme a casa, porque entonces habrían tenido un pretexto para despedirme por haber faltado sin permiso. Ya no tenía mi despacho. Ahora estaba obligada, más que nunca, a llegar a tiempo al trabajo. Bajo ninguna circunstancia debía ausentarme. En el trabajo creían que yo era una espía. Este rumor había  cundido entre mis compañeros de trabajo. Eso era lo peor. Contra los ataques uno se puede defender, pero en cambio contra las calumnias uno es impotente. Todos los días estaba dispuesta a todo, incluso hasta la muerte.


Dado que yo no podía faltar al trabajo, y al mismo tiempo ya no tenía acceso a mi oficina, empecé  a recorrer las gradas de arriba abajo. De pronto volví a ser la hija de mi madre, porque tenía un pañuelo en el bolsillo. Lo extendí en una grada entre el primer y segundo piso. Lo planché con mis manos y me senté encima. Coloqué  mis diccionarios en las rodillas y empecé a traducir las descripciones de máquinas hidráulicas. Yo era un chiste sentada en las gradas y mi oficina era un pañuelo… Pero la escritura empezó en el silencio,
en aquella escalera de la fábrica donde tuve que sopesar y decidir conmigo misma…


Herta Muller tuvo una niñez y una adolescencia traumática después de la Segunda Guerra Mundial. Su padre perteneció a una fracción militar del Partido Nacionalsocialista de Hitler y posteriormente ahogó sus penas en el alcohol. Su madre fue deportada a una república de la ex Unión Soviética en 1945, donde pasó cinco años en un campo de trabajo forzado. Y claro, el tema de la dictadura, los mecanismos de control, la persecución y los atropellos a los Derechos Humanos son argumentos recurrentes en su escritura. Reconoce que fue primero humillada por su padre alemán y otra vez humillada y engañada por el silencio de la historia rumana.
El permanente secretario de la Academia Sueca, Peter Englund, no se equivocó al afirmar implícitamente que Herta Muller es una escritora que escribe porque está obligada a dar testimonio de su vida. Y ella misma asegura esta aseveración con las siguientes palabras:


“… Nunca he escrito porque yo quería ser escritora. Escribo porque me he acostumbrado a hacerlo. Lo que has vivido bajo una dictadura no se olvida cuando arrancas una hoja del calendario. El tema de mi escritura no lo he elegido yo, se me echó encima por el empeño del aparato represor de una dictadura. Perdí el miedo después de que empecé a escribir, y eso es muy importante para mí”. O sea en la dictadura de Ceaucescu, la libre palabra no tenía lugar exacto y Muller empezó, en secreto, a hilvanar sus pensamientos en un pañuelo. Mientras Rumania le cerró las puertas y censuró sus primeros libros, Alemania le abrió sus alamedas en 1987, y allí empieza una fantástica carrera literaria con una veintena de libros en su haber.
Muller describe muy bien el efecto de las violaciones humanas, y dice no confiar en el lenguaje, simple y llanamente, porque ha experimentado que el lenguaje es flexible y muchas veces dudoso. Durante el totalitarismo de Ceaucescu, fue precisamente el lenguaje un arma de opresión. Pero al mismo tiempo acepta que con el lenguaje se puede detallar la vida e influir en las personas de manera que recuerden lo que uno escribe. “Estoy obsesionada para lograr eso”, aseguró. Y es justamente esa sensibilidad en el lenguaje que crea procesos de sensibilidad en el lector. 
    
-En mis escritos he tomado en cuenta cosas que me han ocurrido en Rumania, cosas que están ahí en mi cabeza. Tenemos que continuar preguntándonos ¿Cómo fue posible?. No puedo fingir que esa pregunta no existe, comentó.


En definitiva, los escritos de Herta Muller están relacionados con una época perteneciente al oscurantismo del siglo pasado. Y, a la suerte del inmigrante en un país extranjero. Pero de una cosa debemos estar seguros: este testimonio nunca más se repetirá.


 (c) Javier Claure C. *- Archivos del Sur


escritor boliviano, reside en Suecia


fotografía de Herta Muller y fotografía collage de libros (c) Javier Claure C.


























  

martes, 27 de enero de 2009

El Premio Nobel Jean-Marie Le Clézio en Rinkeby






Le Clézio en Rinkeby

(Estocolmo) Javier Claure C. *


El Premio Nobel de Literatura 2008, Jean-Marie Gustave Le Clézio, visitó la Biblioteca de Rinkeby, el 12 de diciembre del año pasado.

Fue el 20avo año que se realizó ese tipo de evento, en el cual participan niños y adolescentes de los colegios de Rinkeby, para agasajar al Premio Nobel de cada año.

Rinkeby, situada a 11 kilómetros del centro de Estocolmo, es una zona donde existe una gran diversidad cultural. En esta parte de la ciudad, vive gente de todas partes del mundo y se dice que allí se habla más de cien idiomas. Es precisamente esta diversidad de gente en su población, lo que ha puesto a Rinkeby en los titulares de la prensa sueca y de otros países. No sin motivo llaman a este sector "pueblo del mundo”. Visitar Rinkeby, es como pasear por cualquier calle del planeta Tierra. Aquí se encuentran diferentes productos, frutas exóticas, perfumes, cosméticos, ropas, telas, muebles, joyas traídas de otras latitudes y un sin fin de cosas más. Todo esto da un aspecto cosmopolita. Y lo más importante, aquí coexisten las diferencias culturales formando una antorcha de mil banderas.

La Casa del Pueblo de Rinkeby (Folkets Hus) es un Centro Cultural, en donde los jóvenes muestran su arte desde su perspectiva. El pasado 14 de septiembre, el Teatro Sandino presentó una obra teatral llamada "El jardín de Honkong" (Honkonggarden) de Lucía Cajchanova. Se teatralizó la situación de muchos adolescentes extranjeros. Seis jóvenes de diferentes países manifestaron, en el escenario, sus sueños; pero eran sueños que tenían diferentes direcciones. Sin embargo, esos anhelos reflejaban la ansiedad de esos jóvenes, de poder salir de la marginalización. De poder ocupar un cargo importante en la sociedad sueca. El director del Teatro Sandino, Igor Cantillana, al referirse a dicha obra, se expresó de la siguiente manera: "Me interesa las situaciones dramáticas que tienen que ver con la situación de los extranjeros en Suecia. Y el sector de Rinkeby es un buen terreno para cuestionar este tipo de cosas".

Tomando en cuenta toda esa gama cultural que existe en Rinkeby, no es casual que el Premio Nobel de Literatura haya visitado este sector.

Las organizadoras del evento, Gunilla Lundgren (escritora) y Lotta Silfverhielm (diseñadora gráfica) cuentan cómo nació la idea de llevar a cabo este proyecto cultural de gran importancia para Suecia en general y Rinkeby en particular:

  • Todo empezó en 1988, cuando una trabajadora de la cultura, Elly Berg, tuvo la iniciativa de hacer un folleto para el Premio Nobel de Literatura de aquel año, Naguib Mahfouz. Los niños de habla árabe, junto a sus maestros de lengua materna, escribieron un folleto en ese idioma, que posteriormente se le entregó al escritor egipcio. Desde entonces se ha hecho una tradición hacer este tipo de encuentros, señalan con mucho entusiasmo.

En otras palabras, los estudiantes de los colegios de Rinkeby editan, desde hace 20 años, un pequeño folleto en torno al Premio Nobel de Literatura. Y además en la lengua de la persona ganadora.

El año pasado, muchos jóvenes de dos colegios trabajaron durante tres meses en este "proyecto cultural". Leyeron sobre la vida y obra de Le Clézio. Hicieron visitas al Museo de Nobel (Nobelmuseet), a la Academia de la Lengua Sueca, a la Casa de Conciertos (Konserthuset), donde se entrega el famoso Premio Nobel y al Ayuntamiento (Stadshuset), donde se realiza el lujoso banquete y la fiesta de gala del Premio Nobel. De esta manera, fueron pisando las huellas y locales que, año tras año, recorren aquellas personas que han entregado su vida a la investigación. Y por eso reciben, de las manos de Su Majestad Carlos XVI Gustavo, Rey de Suecia, el Premio más anhelado y respetado del mundo.

Llegado el momento de recibirlo a Le Clézio, la Biblioteca de Rinkeby estaba repleta de personas curiosas por escuchar las palabras del literato franco-mauriciano. Apenas entró a la sala, todo el mundo se levantó de sus asientos y empezaron a aplaudir. Los anfitriones le desearon la bienvenida en sueco, inglés, español, árabe, turco, ruso, polaco, somalí, yugoslavo, hindú, italiano, alemán, romaní y naturalmente en su idioma, el francés. Luego entró, el tradicional desfile de Santa Lucía. Niños vestidos de blando, con velas encendidas en las manos, entonaban cánticos navideños en un ambiente totalmente internacional. Los estudiantes fueron los presentadores del programa.

- Alfred Nobel nació en Estocolmo en 1833. Viajaba mucho y nunca se casó. Escribía 50 cartas al día, dijo Ummuhan Rencber.

- Y aquí te he dibujado, cuando eras joven continuó, Hafize Özbek, señalando en una pizarra y refiriéndose al famoso invitado.

El folleto entregado a Le Clézio contiene dibujos hechos por alumnos, fotografías de las visitas que hicieron a diferentes lugares, un relato, a grandes rasgos, de la vida de Alfred Nobel y las causas para los Premios Nobeles 2008 de medicina, física, química y el de la Paz. Por su puesto, contiene también pasajes de la vida del célebre escritor, desde cuando se encontró, por primera vez, con su padre a los 8 años de edad. Se menciona partes de su libro "El africano", cuando Le Clézio vivía, siendo niño, junto a su familia en Nigeria, donde su padre trabajaba como médico.

Skiljer Alfouadi, en el momento de obsequiarle un casco para ciclistas, acotó:

"Este casco es para que cubras tu cabeza de Premio Nobel, cuando estés paseando en bicicleta por las calles y los bosques".

Muchas personas que recibieron el Premio Nobel son políglotas, como es el caso de Le Clézio. Cada idioma es "una mina de oro" dijo el propio Le Clézio, en el momento de agradecer a los auspiciadores del acontecimiento cultural y a los estudiantes de Rinkeby.

Por eso mismo, el lugar de Rinkeby, con sus cien idiomas que se escuchan en su centro comercial, se ha convertido en un abanico de expresiones culturales.

El rector de una de las escuelas de la zona (Bredbyskolan), Magnus Haglund, aprovechó la oportunidad para dar su criterio en cuanto al alumnado se refiere. "Nuestros alumnos necesitan, por su puesto, buenos ejemplos. Pueden llegar muy lejos, pero no todos los estudiantes tienen padres o parientes que les guíen hasta llegar a la universidad”, señaló.

Al mismo tiempo, Gunilla Lundgren, indicó que a comienzos de cada otoño, los estudiantes empiezan a trabajar con el “proyecto Nobel”. Y les decimos, con mucha seriedad: “Alguno de ustedes, en el futuro, puede recibir el Premio Nobel”.

Al finalizar el emotivo acto, Le Clézio confesó sentir lágrimas en los ojos, y dijo:

- Rinkeby es un lugar importante. Aquí se juntan muchas culturas. Rinkeby es un buen ejemplo para el mundo entero. Jamás olvidaré esta visita. Muchas gracias.


(c) Javier Claure C.

crédito de las fotografías: Javier Claure C.


* Javier Claure C. es un escritor boliviano residente en Suecia