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miércoles, 20 de abril de 2011

Para mi padre* - Jorge Castañeda

PARA MI PADRE


¡Oh, padre del desconsuelo! Te veo en tiempo con tus ojos mansos. Te adivino en los acordes de la guitarra despuntando estilos y milongas, austero de gestos y parco de palabras. Guitarra que como las alas de un pájaro tenía una cinta argentina en el diapasón alborotando el sentir de tus silencios.
Te recuerdo en las noches estivales tranquilo bajo la sombra de los álamos mirando las estrellas del cielo transparente del sur. Con tus partidas de taba y el viejo pangaré gargantilla que trajiste con vos desde Choele Choel.
Padre que supiste de prudencias como de pitar largamente el “brasil” para perderte sin apuros ni urgencias en el humo áspero del tabaco negro.
Padre que nunca hablaste mucho porque la vida te dio otras virtudes, yo te recuerdo en el aroma de los alfalfares, de los cardos, del coirón. Pionando en las estancias o a tus anchas en una obra en construcción.
¿Cómo poder ahora que ya no estás y que tanto ha pasado el tiempo decirte cuánto te quise y cuánto te extraño?
¿Cómo poder expresar que hoy lamento no haberme acercado más a tu mundo y hablar de las pequeñas cosas que son las realmente importantes?
¿Cómo no haberme dado cuenta que tu mejor caricia fue tu entrega al trabajo cotidiano para darnos el pan de cada día?
Te recuerdo sentado bajo la sombra del árbol del cielo que alguna vez generosamente plantaste con tus manos.
De tu prudencia y humildad tengo el corazón colmado. Porque nunca buscaste pleitos y nunca pudieron los arrogantes hacerte enojar por banalidades sin importancia.
Por eso a pesar del tiempo transcurrido desde que te marchaste a veces cuando despierto por las mañanas tu recuerdo está presente y ese día tengo la sensación que algo me falta.
Y entonces me figuro que converso con vos y que hablamos, o lo que es mejor nos entendemos sin palabras y así puedo contarte de mis asuntos, de mis sentimientos, de la alegría que tengo por los hijos que son tus nietos, de las pequeñas felicidades que la vida me regala en forma casi cotidiana. Padre que fuiste mi sangre y mi todo.
¿Dónde colocar tantas cosas que tengo para decirte? ¿Qué hacer cuando quiero hablarte y me doy cuenta que ya no estás conmigo?
Padre trajinando con tus amigos las calles de mi ciudad natal de Bahía Blanca, trabajando de albañil con la vianda para almorzar en la obra de construcción ya sea verano o invierno, manejando la vieja moto Puma por las calles del barrio, tomando mate amargo como desayuno por las mañanas.
Padre que cuando tomaste el tren que no quiso saber de regresos porque la muerte te esperaba en la gran ciudad lejos de los tuyos perdí  la oportunidad en la estación de Valcheta de decirte: Viejo, te quiero…
Ese tren que te llevó al pago lejano del que no se regresa, a veces pita en mi corazón con sonido de tristeza. Y me acuerdo de vos.
Padre que tan lentamente como viviste de pronto un día aciago que nunca olvidaré tus ojos se quedaron cerrados para siempre lejos de tu casa y yo que no pude decirte adiós.

(c) Jorge Castañeda

*del libro Crónicas & crónicas del autor 

Valcheta

Provincia de Río Negro


Jorge Castañeda es un  escritor y periodista argentino nacido de padres rionegrinos en la ciudad de Bahía Blanca y radicado en Valcheta, provincia de Río Negro, Argentina.

2 comentarios:

Juan Carlos dijo...

La evocación al padre que ya no está va ahondando en el recuerdo de lo cotidiano vivido se va tornando muy emotivo y profundo, con un lenguaje límpido y sencillo hasta tocar las fibras del corazón mismo.

Araceli Otamendi dijo...

¡Lindo comentario, Juan Carlos!

un abrazo