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martes, 1 de abril de 2014

Entrevista a Reinaldo Edmundo Marchant por Francisco Almarcegui

Reinaldo Edmundo Marchant y Francisco Almarcegui 


(San Vicente, Chile) Francisco Almarcegui

Literatura y balompié, asunto de carácter

Tengo ese privilegio de conocerlo de niño. Mi padre,  un vasco de cepa fanático del fútbol, don Constantino Almarcegui Legaz, en una final de campeonato que hoy llamaríamos Categoría Sub 12, en el mítico y todavía vigente Estadio El Llano, me dijo con ese acento español que nunca lo abandonó: “coño, el que juega de 10 tiene carácter”. Para él tener carácter era una marca. El sello fundamental de un individuo. Y se traía o no. “Vea, ordena, la pide, y no se enoja nunca, coño”. Yo había pasado los veinte años. Administraba y era libretista de espectáculos en el famoso Teatro Huemul. Por ahí pasaban algunas de las bandas musicales más importantes de los años setenta. También teníamos de vecinos a connotados escritores: Toño Freire,  Carlos Droguett, Manuel Gandarillas, Luís Durán … Muchas personalidades. 
Leer entrevista completa: 

http://revistaarchivosdelsur-entrevistas.blogspot.com.ar/2014/04/entrevista-reinaldo-edmundo-marchant.html

jueves, 9 de junio de 2011

Por qué mueren los poetas - En memoria de Mauricio Barrientos

(Buenos Aires)

El escritor Reinaldo E. Marchant envió desde Santiago de Chile este poema en memoria de su amigo Mauricio Barrientos, escritor que murió en el día de ayer:

POR QUÉ MUEREN LOS POETAS...




Por Reinaldo Edmundo Marchant







Los poetas mueren porque la luz dorada no asoma siempre.



Los poetas comienzan a morir mucho antes de morir. Salen a buscar los cantos de los zorzales y los zorzales han desaparecido buscando a los poetas. Entonces echan a caminar con las manos en la memoria y siempre brota la geografía de un mundo infeliz.



Los poetas mueren porque nadie quiso oír sus lamentos.



Los poetas mueren porque llevan en las pupilas a un niño que se resiste a dejar la infancia. Mientras los hombres crecen, los poetas permanecen vigilantes de bosques inocentes, donde se recrean con las aves y levantan del piso retratos de hojas parlanchinas.



Los poetas mueren porque el aire apretó sus palabras.



Los poetas comienzan a morir al sentir las pisadas humanas flotando en el vientre materno. Afloran con marcas en la piel, con el otoño hundido en la mirada y la sangre escurriendo por riberas de ríos imaginarios.



Sólo los pájaros saben por qué mueren los poetas.



Los pájaros dicen que los poetas nunca mueren. Que, a la manera de una flor, de la brizna, de un rocío, parten a divertirse en las galaxias colmadas de murmullos líricos: van al encuentro de los versos que en la tierra cruzaron ausentes por los rostros de los sabios .



Día 8 de junio del 2011, exactamente a las 12, 30, en su natal Osorno, ubicado en las ramas de un álamo, un zorzal soltó el plácido canto de sus cuerdas musicales: Mauricio Barrientos Ortega, el poeta niño, el poeta que vivió como quiso morir, fue juntando sus ojos por un instante. Dicen que el poeta murió.



Ahora nadie encenderá la luz de los astros.



Las cigarras se lastimarán la boca en los árboles caídos.



Los poetas no mueren. Parten. Entran definitivamente a la vida.



Los poetas no mueren, porque no saben morir. Las plantaciones de olvido del universo no han podido marchitar la glorificación de versos: nunca renace más la vida que cuando un poeta se distancia con sus juegos a otra latitud.



Hay un solo problema.



Los poetas cuando mueren dejan huérfanos a otros niños que se alimentan de nostalgias y sueños. De lo demás, el mundo no tiene nada que decir. No se ocupará jamás. Por eso los poetas parten. No es el fin. Viajan a platicar con riachuelos azules.



Los poetas no abrochan en la tierra. Esperan en la estrellas, impregnados de jolgorio y perpetuidad! Están donde se agita el agua, donde se abre una rosa, cuando asoma la luna o despierta la aurora. Te miran mientras piensas en él.



Dicen que el poeta murió.



Resulta que ha viajado hasta acá. A juntar frases. A sonreír. Pinta las murallas con paisajes de luz dorada, esas que le negaron, y que mientras vuela a través del cosmos, ella y él, tú y él, aseguran que los poetas no saben morir.



Los poetas son pan vivo!



La palabra, que es un poeta con manos de gorrión, no conocen el olvido.



Díganle a los niños que sólo duerme serenamente junto al lecho de sus poemas!





EN MEMORIA DE MI AMIGO POETA MAURICIO BARRIENTOS (1960-2011), fallecido el 8 de junio del 2011.


(c) Reinaldo E. Marchant

martes, 23 de febrero de 2010

Se estrenó en Buenos Aires "Tengo miedo torero" de Pedro Lemebel







(Buenos Aires)




Se estrenó anoche en función para la prensa e invitados especiales en el Teatro de la Comedia "Tengo miedo torero", espectáculo teatral basado en la novela del mismo nombre del escritor chileno Pedro Lemebel.

La dramaturgia y la dirección está a cargo del uruguayo Gerardo Begérez.

Los intérpretes son: Marcelo Iglesias en el papel de "La Loca del frente", Carlos Linale como Carlos, Julieta Bottino como Laura, Hanna Fleisschmann interpreta a Lucía Hiriart - esposa del dictador Augusto Pinochet - .

La historia de Lemebel llevada al teatro es más que nada una historia de la represión política que imperaba durante la dictadura del general Augusto Pinochet en Chile. La historia transcurre en Santiago, en 1986.

También es una historia de amor platónico entre "la Loca del frente" y Carlos quienes luchan, cada uno a su manera, por defender sus ideas, su modo de vida.

Se destacan las actuaciones de Carlos Linale, Marcelo Iglesias, de Julieta Bottino y especialmente la de Hanna Fleisschmann.

Además son de destacar entre los recursos escénicos, los films insertados que le dan agilidad a la destacada puesta de Begerez.





Pedro Lemebel es un autor de gran reconocimiento mundial, merecedor de varios premios y traducido a varios idiomas.



http://tengomiedotoreroba.blogspot.com/



Diseño del espacio escénico y luces: Gerardo Begérez

Asesor de vestuario: Martín Sal

Realización escenográfica: Cecilia Rodríguez

Dirección cinematográfica: Horacio Reyes Páez

Fotografía: Soledad Tejón

Coreografías: Karina Kogan

Asistencia de dirección: Agustina Barbosa

Prensa: Duche y Zárate