(México, D.F.) Washington Daniel Gorosito Pérez
No sé si fue casualidad o la programaron dado que era el día del cumpleaños 95 de Mario Benedetti, autor de la novela "La Tregua" en la que se basó la película del mismo nombre que proyectaron en un canal de televisión mexicano. La película actuada en los papeles principales de Emilio Santomé y Laura Avellaneda (Gonzalo Vega y Adriana Fonseca) estrenada en 1976 me pareció muy pobre. Filmada en Veracruz, puerto al que conozco, simulando ser Montevideo, ciudad en que nací, me hizo incluso sentir cierta "incomodidad".
Si la comparo con "La Tregua", de Sergio Renán, estrenada en 1974 y en la que entre otros monstruos de la actuación trabajan Héctor Alterio, Luis Brandoni, Ana María Pichio, Norma Aleandro (que años después recibiría el Óscar por la película "La historia oficial"), la mexicana pierde por goleada, futbolísticamente hablando. Volviendo al tema del Óscar, la película tuvo tal calidad que la Argentina fue nominada por primera vez al premio de la Academia en la categoría de mejor filme extranjero por La tregua.
leer nota completa:
http://archivosdelsur-ensayos.blogspot.com.ar/2015/09/la-tregua-y-el-cumpleanos-95-de-mario.html
Revista digital de cultura Archivos del Sur desde Buenos Argentina 1575-9393 Registro de la propiedad intelectual Nro.55060538- Revista Archivos del Sur año 25 edición 303 julio de 2026 -La revista Archivos del Sur es propiedad de Araceli Isabel Otamendi Directora- Editora: Araceli Isabel Otamendi- Juan M. Blanes 149 -cod. postal 1155 -CABA revistaarchivossur@gmail.com
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jueves, 24 de septiembre de 2015
lunes, 20 de febrero de 2012
Juan Carlos Onetti - Creador de un mundo propio
(Montevideo) Magda Lago Russo.
El 1º de julio de 1909, Juan Carlos Onetti nace en Montevideo, en una casa de la calle San Salvador, en el Barrio Sur. Su padre, Carlos Onetti, era funcionario de aduana; su madre, Honoria Borges, provenía de una familia brasileña. Tuvo dos hermanos, uno mayor que él, Raúl, otra menor, Raquel. Según datos proporcionados por compañeros de entonces, el joven Onetti fue un buen atleta: hizo remo, basketball, atletismo. Trabajó en un censo, cuyos datos recogió recorriendo el pueblo a caballo. Durante algunos meses de 1928 y 1929 participó en la revista La tijera, publicada junto a un grupo de muchachos de Villa Colón. De su niñez y adolescencia recuerda: "Yo fui un niño conversador, lector y organizador de guerrillas a pedradas entre mi barrio y otros. Recuerdo que mis padres estaban enamorados. Él era un caballero y ella una dama esclavista del sur de Brasil. Yo me hacia la rabona... y me encerraba en el museo Pedagógico que tenía una iluminación pésima. Y me tragué todas las obras de Julio Verne.
Su primera novela "El pozo"(1939), es breve, es una obra que combina escritura, ensoñación y fracaso, los tres elementos básicos de Onetti.
“Dejé de escribir para encender la luz y refrescarme los ojos que me ardían. Debe ser el calor. Pero ahora quiero algo distinto. Algo mejor que la historia de las cosas que me sucedieron. Me gustaría escribir la historia de un alma, de ella sola, sin los sucesos en que tuvo que mezclarse, queriendo o no. O los sueños. Desde alguna pesadilla, la más lejana que recuerde, hasta las aventuras en la cabaña de troncos. Cuando estaba en la estancia, soñaba muchas noches que un caballo blanco saltaba encima de la cama. Recuerdo que me decían que la culpa la tenía José Pedro porque me hacía reir antes de acostarme, soplando la lámpara eléctrica para apagarla.
Lo curioso es que, si alguien dijera de mi que soy “un soñador”, me daría fastidio. Es absurdo. He vivido como cualquiera o más. Si hoy quiero hablar de los sueños, no es porque no tenga otra cosa que contar. Es porque se me da la gana, simplemente. Y si elijo el sueño de la cabaña de troncos, no es porque tenga alguna razón especial.”
(Fragmento de la novela “El pozo”)
De Buenos Aires pasa a Montevideo, es secretario de redacción entre 1939 y 1941 de la revista Marcha.
De su extensa obra se extraen las siguientes:
La editorial Sudamericana publica "La vida breve"(1950), la novela fundacional de Santa María, lugar donde transcurrirá la acción de la gran mayoría de sus nuevas novelas y cuentos. Onetti siempre la consideró su mejor novela.
La vida breve es una larga novela que marca el punto culminante de su carrera como narrador. No sólo cuenta la vida novelesca de un novelista, Juan María Brausen, sino la novela o el guión cinematográfico que escribe, la crónica que hace durante el relato que Onetti hace de su vida y que llega a confundirse con ella, trascendiéndola y salvándola. El personaje central es un alienado e introspectivo publicista que vive con su esposa, (Gertrudis, que ha perdido un seno a causa de un cáncer), una atroz intimidad de mutuo desamor. Al ser cesanteado del trabajo, incapaz de enfrentar la nueva situación cae en una serie de fantasías, o argumentos, tratando de dar sentido a la confusión: unas veces es el bandido Arce, que vive con una prostituta y vende drogas en las calles, o el médico cínico Díaz Grey, para quien Brausen inventa un amor con la joven Elena Sala y un completo escenario: un lúgubre puerto de río llamado Santa María. De esa manera Brausen lleva a cabo su batalla contra el anonimato, queriendo vivir y morir sin memoria. Puerto de Santa María es el lugar, la tierra, el nombre feliz lleno de sol, de gentes, de árboles y soledad donde el autor y los personajes hallan salvación. Una ciudad irreal, limbo terrestre donde viven el tormento de la vida breve sin importarles el futuro, ausentes de pasado y sin necesidad ni interés por comunicar algo a los otros. En Santa María los personajes existen absortos en un tiempo que es un presente invulnerable al pasado y al futuro. De allí que mientras Brausen escribe una novela, Onetti escriba la que leemos y los personajes tengan que huir de Buenos Aires o de Montevideo, a Santa María, para encontrar libertad, porque sospechan que es el otro mundo, un país de maravilla, una ciudad literaria. Santa María está hecha de los sueños de Brausen como Brausen de los sueños de Onetti,
El astillero (1962) fue su pieza maestra. La novela está dominada por la persona de Junta Larsen, un hombre duro, lacónico y rebuscador, antiguo propietario de un burdel que había aparecido por primera vez en Tierra de nadie y que también forma parte del elenco de La vida breve. Las visiones ideales de la juventud de Larsen, sus subsecuentes sueños de riqueza y poder, le han eludido; ahora está al final de su larga maniobra. Vuelve a Puerto de Santa María y se convierte en un muy bien remunerado gerente de un astillero. De hecho, el astillero es un despojo del tiempo y el salario mera imaginación, pero Larsen, como los otros empleados, entran a gusto y con aparente convicción en este juego kafkiano: estudian archivos envejecidos, hablan de barcos que hace tiempo desaparecieron, cortejan a la enferma hija del patrón. La crisis se precipita cuando uno de los empleados se rebela contra este mundo absurdo, y Larsen, fallando al intentar asesinarle, enloquece y muere.
El asunto de Juntacadáveres (1964) es un fragmento de la vida de Larsen, cuando, al establecer un burdel en Puerto de Santa María, asiste a la realización de su ideal. Refiere paradójicamente los precedentes de la expulsión decretada por el gobernador, de Larsen o Junta, quien murió, según se cuenta en El astillero, de pulmonía en un hospital de El Rosario.
Santa María es ya una ciudad en plenitud ciudadana. Pero la verdadera historia hay que buscarla en el ánima de los personajes: Onetti ha puesto en esta novela toda la sabiduría de su larga existencia
Toda la obra de Onetti es una honda reflexión que nos empuja al desamparo, el desencanto, el desarraigo, la pasividad, el aburrimiento. Sus personajes se mueven entre las miserias de la angustia y la resignación, que asumen sin ira ni rebeldía, con cierto fatalismo cristiano digno de nuestras tradiciones, así sea sin fe.
En 1962 obtiene el Premio Nacional de Literatura (bienio 1959/1960). La cooperativa editorial Asir publica su segundo libro de narraciones cortas (todas éditas): "El infierno tan temido y otros cuentos".
El infierno tan temido (1962)
Al final del cuento "El infierno tan temido" Onetti pone en labios de uno de sus personajes, el viejo corrector de pruebas apellidado Lanza, la siguiente frase: Un hombre que había estado seguro y a salvo y ya no lo está, y no logra explicarse cómo pudo ser, qué error de cálculo produjo el desmoronamiento. Es quizás esta frase una descripción sintetizada de lo que es el universo de Onetti, de la forma en que los personajes enfrentan un destino terrible no por sus efectos devastadores sino por el solo hecho de ser un destino que no es posible torcer.
Los norteamericanos Hemingway y Faulkner, principalmente, pueden ser rastreados en Onetti, pero no es posible aludir a una imitación o una exagerada influencia; del mismo modo puede señalarse la presencia de Henry James, Gide, Céline, Sartre, Joyce y Flaubert.
Según Onetti:
"A mis personajes se les podría calificar de existencialistas antes de Sartre. Mucha gente piensa, o lo dice, que yo soy una buena persona, un buen tipo. Y en realidad, lo que soy es un indiferente. Yo no puedo, por ejemplo, hacerle daño a alguien, porque no me interesa. No puedo tratar de trepar con los codos, porque no me interesa".
En 1972 Onetti es elegido como el mejor narrador uruguayo de los últimos cincuenta años en una encuesta realizada por el semanario Marcha, en la que participaron 35 narradores y poetas de distintas generaciones. Se traduce al italiano "El Astillero" (Il cantiere), que tres años después obtendrá el primer premio a la mejor novela latinoamericana publicada en esa lengua en el período 1971/1973.
En 1985 recibe el Gran Premio Nacional de Literatura.
En 1993 la editorial Alfaguara publica la que será su última novela, "Cuando ya no importe", que hará las veces de testamento literario.
Cuando ya no importe (fragmento)
“Era la hora del hambre, del sol justo encima de nuestras cabezas. Estábamos dentro del edificio que me quedo destinado como casa, hecho con grandes piedras fofas. Alguien había ido hasta la caravana para volver con una botella de whisky, de marca para mi desconocida, y vasos de plástico. Uno de los gringos me dijo: -Ahora le falta conocer a dona Eufrasia. Para ir bien con ella hay que mantenerle el tratamiento. Ya vera. Todavía tiene buen cuerpo. Nadie sabe si treinta o cuarenta. Ella es tres cuartos de india y muy mandona si le toleran. Con nosotros anda en una especie de paz armada. Fue al este a comprarnos alimentos frescos. Odia las latas mas que nosotros. Y nunca nos falla, debe estar por volver. Y dona Eufrasia llego; un cuerpo que me pareció deseable aunque con grandes pechos cayentes. Pero la cara había sufrido mucho y era mejor no mirarla; probablemente ella lo agradeciera.”
La tarde del 30 de mayo de 1994 Onetti muere en una clínica de Madrid, ciudad en la que pasó los últimos 19 años de su vida, retirado los cinco finales, sin salir prácticamente de su cama.
(c) Magda Lago Russo
escritora
Montevideo
Uruguay
Bibliografía
Literatura.us.
Biblioteca Virtual de Literatura:
Marcha (1964) Semanario Uruguayo.
Diccionario de Escritores Latinoamericanos – César Aíra
Juan C. Onetti, El pozo
Juan C. Onetti, El infierno tan temido
Juan C. Onetti, Cuando ya no importe
El 1º de julio de 1909, Juan Carlos Onetti nace en Montevideo, en una casa de la calle San Salvador, en el Barrio Sur. Su padre, Carlos Onetti, era funcionario de aduana; su madre, Honoria Borges, provenía de una familia brasileña. Tuvo dos hermanos, uno mayor que él, Raúl, otra menor, Raquel. Según datos proporcionados por compañeros de entonces, el joven Onetti fue un buen atleta: hizo remo, basketball, atletismo. Trabajó en un censo, cuyos datos recogió recorriendo el pueblo a caballo. Durante algunos meses de 1928 y 1929 participó en la revista La tijera, publicada junto a un grupo de muchachos de Villa Colón. De su niñez y adolescencia recuerda: "Yo fui un niño conversador, lector y organizador de guerrillas a pedradas entre mi barrio y otros. Recuerdo que mis padres estaban enamorados. Él era un caballero y ella una dama esclavista del sur de Brasil. Yo me hacia la rabona... y me encerraba en el museo Pedagógico que tenía una iluminación pésima. Y me tragué todas las obras de Julio Verne.
Su primera novela "El pozo"(1939), es breve, es una obra que combina escritura, ensoñación y fracaso, los tres elementos básicos de Onetti.
“Dejé de escribir para encender la luz y refrescarme los ojos que me ardían. Debe ser el calor. Pero ahora quiero algo distinto. Algo mejor que la historia de las cosas que me sucedieron. Me gustaría escribir la historia de un alma, de ella sola, sin los sucesos en que tuvo que mezclarse, queriendo o no. O los sueños. Desde alguna pesadilla, la más lejana que recuerde, hasta las aventuras en la cabaña de troncos. Cuando estaba en la estancia, soñaba muchas noches que un caballo blanco saltaba encima de la cama. Recuerdo que me decían que la culpa la tenía José Pedro porque me hacía reir antes de acostarme, soplando la lámpara eléctrica para apagarla.
Lo curioso es que, si alguien dijera de mi que soy “un soñador”, me daría fastidio. Es absurdo. He vivido como cualquiera o más. Si hoy quiero hablar de los sueños, no es porque no tenga otra cosa que contar. Es porque se me da la gana, simplemente. Y si elijo el sueño de la cabaña de troncos, no es porque tenga alguna razón especial.”
(Fragmento de la novela “El pozo”)
De Buenos Aires pasa a Montevideo, es secretario de redacción entre 1939 y 1941 de la revista Marcha.
De su extensa obra se extraen las siguientes:
La editorial Sudamericana publica "La vida breve"(1950), la novela fundacional de Santa María, lugar donde transcurrirá la acción de la gran mayoría de sus nuevas novelas y cuentos. Onetti siempre la consideró su mejor novela.
La vida breve es una larga novela que marca el punto culminante de su carrera como narrador. No sólo cuenta la vida novelesca de un novelista, Juan María Brausen, sino la novela o el guión cinematográfico que escribe, la crónica que hace durante el relato que Onetti hace de su vida y que llega a confundirse con ella, trascendiéndola y salvándola. El personaje central es un alienado e introspectivo publicista que vive con su esposa, (Gertrudis, que ha perdido un seno a causa de un cáncer), una atroz intimidad de mutuo desamor. Al ser cesanteado del trabajo, incapaz de enfrentar la nueva situación cae en una serie de fantasías, o argumentos, tratando de dar sentido a la confusión: unas veces es el bandido Arce, que vive con una prostituta y vende drogas en las calles, o el médico cínico Díaz Grey, para quien Brausen inventa un amor con la joven Elena Sala y un completo escenario: un lúgubre puerto de río llamado Santa María. De esa manera Brausen lleva a cabo su batalla contra el anonimato, queriendo vivir y morir sin memoria. Puerto de Santa María es el lugar, la tierra, el nombre feliz lleno de sol, de gentes, de árboles y soledad donde el autor y los personajes hallan salvación. Una ciudad irreal, limbo terrestre donde viven el tormento de la vida breve sin importarles el futuro, ausentes de pasado y sin necesidad ni interés por comunicar algo a los otros. En Santa María los personajes existen absortos en un tiempo que es un presente invulnerable al pasado y al futuro. De allí que mientras Brausen escribe una novela, Onetti escriba la que leemos y los personajes tengan que huir de Buenos Aires o de Montevideo, a Santa María, para encontrar libertad, porque sospechan que es el otro mundo, un país de maravilla, una ciudad literaria. Santa María está hecha de los sueños de Brausen como Brausen de los sueños de Onetti,
El astillero (1962) fue su pieza maestra. La novela está dominada por la persona de Junta Larsen, un hombre duro, lacónico y rebuscador, antiguo propietario de un burdel que había aparecido por primera vez en Tierra de nadie y que también forma parte del elenco de La vida breve. Las visiones ideales de la juventud de Larsen, sus subsecuentes sueños de riqueza y poder, le han eludido; ahora está al final de su larga maniobra. Vuelve a Puerto de Santa María y se convierte en un muy bien remunerado gerente de un astillero. De hecho, el astillero es un despojo del tiempo y el salario mera imaginación, pero Larsen, como los otros empleados, entran a gusto y con aparente convicción en este juego kafkiano: estudian archivos envejecidos, hablan de barcos que hace tiempo desaparecieron, cortejan a la enferma hija del patrón. La crisis se precipita cuando uno de los empleados se rebela contra este mundo absurdo, y Larsen, fallando al intentar asesinarle, enloquece y muere.
El asunto de Juntacadáveres (1964) es un fragmento de la vida de Larsen, cuando, al establecer un burdel en Puerto de Santa María, asiste a la realización de su ideal. Refiere paradójicamente los precedentes de la expulsión decretada por el gobernador, de Larsen o Junta, quien murió, según se cuenta en El astillero, de pulmonía en un hospital de El Rosario.
Santa María es ya una ciudad en plenitud ciudadana. Pero la verdadera historia hay que buscarla en el ánima de los personajes: Onetti ha puesto en esta novela toda la sabiduría de su larga existencia
Toda la obra de Onetti es una honda reflexión que nos empuja al desamparo, el desencanto, el desarraigo, la pasividad, el aburrimiento. Sus personajes se mueven entre las miserias de la angustia y la resignación, que asumen sin ira ni rebeldía, con cierto fatalismo cristiano digno de nuestras tradiciones, así sea sin fe.
En 1962 obtiene el Premio Nacional de Literatura (bienio 1959/1960). La cooperativa editorial Asir publica su segundo libro de narraciones cortas (todas éditas): "El infierno tan temido y otros cuentos".
El infierno tan temido (1962)
Al final del cuento "El infierno tan temido" Onetti pone en labios de uno de sus personajes, el viejo corrector de pruebas apellidado Lanza, la siguiente frase: Un hombre que había estado seguro y a salvo y ya no lo está, y no logra explicarse cómo pudo ser, qué error de cálculo produjo el desmoronamiento. Es quizás esta frase una descripción sintetizada de lo que es el universo de Onetti, de la forma en que los personajes enfrentan un destino terrible no por sus efectos devastadores sino por el solo hecho de ser un destino que no es posible torcer.
Los norteamericanos Hemingway y Faulkner, principalmente, pueden ser rastreados en Onetti, pero no es posible aludir a una imitación o una exagerada influencia; del mismo modo puede señalarse la presencia de Henry James, Gide, Céline, Sartre, Joyce y Flaubert.
Según Onetti:
"A mis personajes se les podría calificar de existencialistas antes de Sartre. Mucha gente piensa, o lo dice, que yo soy una buena persona, un buen tipo. Y en realidad, lo que soy es un indiferente. Yo no puedo, por ejemplo, hacerle daño a alguien, porque no me interesa. No puedo tratar de trepar con los codos, porque no me interesa".
En 1972 Onetti es elegido como el mejor narrador uruguayo de los últimos cincuenta años en una encuesta realizada por el semanario Marcha, en la que participaron 35 narradores y poetas de distintas generaciones. Se traduce al italiano "El Astillero" (Il cantiere), que tres años después obtendrá el primer premio a la mejor novela latinoamericana publicada en esa lengua en el período 1971/1973.
En 1985 recibe el Gran Premio Nacional de Literatura.
En 1993 la editorial Alfaguara publica la que será su última novela, "Cuando ya no importe", que hará las veces de testamento literario.
Cuando ya no importe (fragmento)
“Era la hora del hambre, del sol justo encima de nuestras cabezas. Estábamos dentro del edificio que me quedo destinado como casa, hecho con grandes piedras fofas. Alguien había ido hasta la caravana para volver con una botella de whisky, de marca para mi desconocida, y vasos de plástico. Uno de los gringos me dijo: -Ahora le falta conocer a dona Eufrasia. Para ir bien con ella hay que mantenerle el tratamiento. Ya vera. Todavía tiene buen cuerpo. Nadie sabe si treinta o cuarenta. Ella es tres cuartos de india y muy mandona si le toleran. Con nosotros anda en una especie de paz armada. Fue al este a comprarnos alimentos frescos. Odia las latas mas que nosotros. Y nunca nos falla, debe estar por volver. Y dona Eufrasia llego; un cuerpo que me pareció deseable aunque con grandes pechos cayentes. Pero la cara había sufrido mucho y era mejor no mirarla; probablemente ella lo agradeciera.”
La tarde del 30 de mayo de 1994 Onetti muere en una clínica de Madrid, ciudad en la que pasó los últimos 19 años de su vida, retirado los cinco finales, sin salir prácticamente de su cama.
(c) Magda Lago Russo
escritora
Montevideo
Uruguay
Bibliografía
Literatura.us.
Biblioteca Virtual de Literatura:
Marcha (1964) Semanario Uruguayo.
Diccionario de Escritores Latinoamericanos – César Aíra
Juan C. Onetti, El pozo
Juan C. Onetti, El infierno tan temido
Juan C. Onetti, Cuando ya no importe
jueves, 5 de enero de 2012
Por los caminos de Felisberto... por Magda Lago Russo
(Montevideo)Magda Lago Russo
"Felisberto Hernández es un escritor que no se parece a nadie: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos, es un "francotirador" que desafía toda clasificación y todo marco, pero se presenta como inconfundible al abrir sus páginas"
Ítalo Calvino
Felisberto Hernández nació en Atahualpa (Montevideo) el 20 de octubre de 1902. Atahualpa es un barrio montevideano, en el que existían entonces casas señoriales rodeadas de amplios jardines, a las que el mismo Felisberto alude en sus obras Durante su adolescencia y juventud conoció personajes que influyeron en su vida como, José Pedro Bellán, quien influyó en su vida es el escritor y dramaturgo que fue su maestro en la escuela, y desde entonces más mantuvo una amistad que duró hasta la muerte de este último.
Estudió intensamente el piano, hasta 10 y 12 horas diarias, participó en conciertos y dio algunos, solo, por radio. A los veintidós años escribió sus primeros trozos literarios, FULANO DE TAL, y recibió las primeras opiniones de Vaz Ferreira: "Tal vez no haya en el mundo diez personas a las cuales les resulte interesante y yo me considero una de las diez”
Fragmento del Prólogo
“…Conocí un hombre, una vez, que era consagrado como loco y que me parecía inteligente. Conocí otro hombre, otra vez, que estaba de acuerdo en que el loco consagrado fuera loco, pero no en que me pareciera inteligente. Yo tenía mucho interés en convencerle, y del laberinto que el consagrado tenía en su mesa de trabajo, saqué unas cuartillas – esto no le importaba a “el” – y traté de reunir las que pudieran tener alguna, aunque vaga hilación –esto de la hilación tampoco le importaba a “él” – y así convencería al otro de la inteligencia de éste. Pero me ocurrió algo inesperado: leyendo repetidas veces lo que escribió el consagrado me convencí de que, en este caso, como en mucho, no tenía importancia convencer a un hombre. Sin embargo, publiqué esto como testimonio de amistad con estas ideas del consagrado”
1927. – La Asociación de Pianistas le patrocina su primer concierto en Montevideo, en el Teatro Albéniz.
1928. – Da su segundo concierto en el mismo local, que entonces era la “Casa de Arte” subvencionada por el Ministerio de Instrucción Pública. En todos estos conciertos obtiene una crítica unánime que el pianista juzga “demasiado generosa”. En un fragmento recogido con el título de "En el cine" en el T. II de las "Obras Completas", Felisberto se refiere a ese trabajo suyo de la época del cine mudo, que consistía en acompañar, con la música del piano, la proyección de la película: "En una noche de otoño hacía calor húmedo y yo fui al cine. La linterna del acomodador alumbraba mis pasos y hacía brillar mis zapatos, que a cada instante estaban a punto de pisarlo. El se detenía bruscamente para ofrecerme asiento y le parecía raro que a mí me gustara sentarme tan adelante. Mientras tanto yo pensaba: 'él no sabe que yo tocaba el piano en los cines cuando era joven y me acostumbré a mirar la película al pie de la pantalla. -Como quien dice: tomar leche al pie de la vaca-'." T .II ,p .205.
En 1929 se edita LIBRO SIN TAPAS que pertenece a una colección de folletos que apareció en tipografías de caja, y de la cual forman parte Fulano de tal (1925), La cara de Ana (1930) y La envenenada (1931).
1932.- En este año comienza una gira por ciudades del Uruguay con Yamandú Rodríguez en la que este recitaba cuentos, poesías y trozos literarios compuestos expresamente para las obras que a continuación Hernández ejecutaba en el piano.- Esta gira culminó en Buenos Aires en el Teatro París el año 1933.
1942.- POR LOS TIEMPOS DE CLEMENTE COLLING.- Fue escrito en Treinta y Tres, en casa de su hermano Ismael, y lo publican en Montevideo los amigos que figuran en el prólogo. En esta época está en Montevideo Jules Supervielle.- Sus juicios, sus enseñanzas durante tres años, la presentación que hace en Amigos del Arte de Hernández y su influencia para que Francia otorgue una beca a Hernández. En la obra describe el entorno del barrio de su infancia. “En aquellos lugares hay muchas quintas. En Suárez tuna de las calles cercanas] casi no había otra cosa. Ahora están fragmentadas. Los tiempos modernos, los mismos por los que anduve por otras partes, y mientras yo iba siendo, de otra manera, otra persona, rompieron aquellas quintas, mataron muchos árboles y construyeron muchas casas pequeñas, nuevas y ya sucias, mezquinas, negocios amontonados, que amontonaban pequeñas mercaderías en sus puertas. A una gran quinta señorial, un remate le ha dado un caprichoso mordisco, un pequeño tarascón cuadrado en uno de sus lados y le ha dejado dolorosamente incomprensible”. T. I, p.26 .*En esta obra puede decirse que está todo el autor; comenzó entonces a formarse un pequeño público adicto a Felisberto Hernández del que formó parte con un juicio muy acertado Jules Supervielle:”Usted tiene el sentido innato de lo que será clásico algún día”* Por los tiempos de Clemente Colling es una novela corta. Es importante esta obra porque en ella confluyen dos cuestiones. La primera: que es la primera edición de un libro del autor llevado a cabo por una editorial con cara y ojos (aunque sufragada por amigos). Segunda: los estudiosos de la obra de Felisberto señalan esta obra como la que decide al escritor a dedicarse exclusivamente a la literatura en detrimento del piano. tiempos de Clemente Colling es un libro de recuerdos personales. Pero una lectura más exigente nos dice que en este libro ya despunta su universo fantástico, su connivencia con los misterios de la vida. El viejo, ciego y desprolijo profesor de piano Clemente Colling reúne en su persona todo el atractivo de esos mundos inclasificables que tanto fascinaban y que tanto alimentaron la obra ineludible de Felisberto Hernández. 1943.- EL CABALLO PERDIDO También premiada por el Ministerio de Instrucción Pública provoca juicios críticos Nadie encendía las lámparas, Las hortensias, La casa inundada, sucedieron al El caballo Perdido. En el prefacio que apareció en la segunda edición de "El caballo perdido" se puede leer el "manifiesto" -que según indica Pablo Roca (loe. cit.) fue redactado por Reina Reyes-, y una lista de los firmantes: "Felisberto Hernández ha realizado a través de su literatura, una obra de auténtico valor para la cultura de nuestro país. Sus libros, que han suscitado juicios críticos por la "generosa originalidad" de su creación, han llegado a los medios más importantes del extranjero. Estos juicios, así como las traducciones que se han hecho de diversas obras de nuestro escritor y su publicación en las más calificadas revistas literarias, han significado un singular aporte para el conocimiento de nuestra cultura en centros de Europa y América, a los que pocas veces llega lo nuestro.
Recordamos que fue presentado en la Sorbona y en el Pen Club de París por Julio Supervielle. Todo esto nos mueve a pedir a las autoridades de nuestro gobierno, que se le ofrezca a Felisberto Hernández un sitio de labor digno y modesto para que sea continuo el proceso de su creación.”
Se puede decir que sus invenciones y su vuelo imaginativo mantienen una quieta serenidad.
En la “Explicación falsa de mis cuentos” relata su proceso personal de inspiración.
Obligado o traicionado por mí mismo a decir cómo hago mis cuentos, recurriré a explicaciones exteriores a ellos. No son completamente naturales, en el sentido de no intervenir la conciencia. Eso me sería antipático. No son dominados por una teoría de la conciencia. Eso me sería extremadamente antipático. Preferiría decir que esa intervención es misteriosa. Mis cuentos no tienen estructuras lógicas. A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida. En un momento dado pienso que en un rincón de mí nacerá una planta. La empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podría tener porvenir artístico. Sería feliz si esta idea no fracasara del todo. Sin embargo, debo esperar un tiempo ignorado: no sé cómo hacer germinar la planta, ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento; sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesía; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos. Debo cuidar que no ocupe mucho espacio, que no pretenda ser bella o intensa, sino que sea la planta que ella misma esté destinada a ser, y ayudarla a que lo sea. Al mismo tiempo ella crecerá de acuerdo a un contemplador al que no hará mucho caso si él quiere sugerirle demasiadas intenciones o grandezas. Si es una planta dueña de sí misma tendrá una poesía natural, desconocida por ella misma. Ella debe ser como una persona que vivirá no sabe cuánto, con necesidades propias, con un orgullo discreto, un poco torpe y que parezca improvisado. Ella misma no conocerá sus leyes, aunque profundamente las tenga y la conciencia no las alcance. No sabrá el grado y la manera en que la conciencia intervendrá, pero en última instancia impondrá su voluntad. Y enseñará a la conciencia a ser desinteresada.
Lo más seguro de todo es que yo no sé cómo hago mis cuentos, porque cada uno de ellos tiene su vida extraña y propia. Pero también sé que viven peleando con la conciencia para evitar los extranjeros que ella les recomienda.
En sus últimos años llevaba una vida desordenada decía:”Observo que cada vez escribo mejor, Lástima que cada vez me vaya peor” Muere en Montevideo en 1964. Entre 1969 y 1974 se publicaron sus Obras Completas en seis volúmenes.
Bibliografía
Diccionario de Autores Latinoamericanos – César Aira
El País.com – Montevideo.
*César Aira. Escritor argentino.
Capítulo Oriental. – Montevideo.
Felisberto Hernández El espectáculo imaginario. José Pedro Díaz – Arca -1991.
(c) Magda Lago Russo
Montevideo
Uruguay
"Felisberto Hernández es un escritor que no se parece a nadie: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos, es un "francotirador" que desafía toda clasificación y todo marco, pero se presenta como inconfundible al abrir sus páginas"
Ítalo Calvino
Felisberto Hernández nació en Atahualpa (Montevideo) el 20 de octubre de 1902. Atahualpa es un barrio montevideano, en el que existían entonces casas señoriales rodeadas de amplios jardines, a las que el mismo Felisberto alude en sus obras Durante su adolescencia y juventud conoció personajes que influyeron en su vida como, José Pedro Bellán, quien influyó en su vida es el escritor y dramaturgo que fue su maestro en la escuela, y desde entonces más mantuvo una amistad que duró hasta la muerte de este último.
Estudió intensamente el piano, hasta 10 y 12 horas diarias, participó en conciertos y dio algunos, solo, por radio. A los veintidós años escribió sus primeros trozos literarios, FULANO DE TAL, y recibió las primeras opiniones de Vaz Ferreira: "Tal vez no haya en el mundo diez personas a las cuales les resulte interesante y yo me considero una de las diez”
Fragmento del Prólogo
“…Conocí un hombre, una vez, que era consagrado como loco y que me parecía inteligente. Conocí otro hombre, otra vez, que estaba de acuerdo en que el loco consagrado fuera loco, pero no en que me pareciera inteligente. Yo tenía mucho interés en convencerle, y del laberinto que el consagrado tenía en su mesa de trabajo, saqué unas cuartillas – esto no le importaba a “el” – y traté de reunir las que pudieran tener alguna, aunque vaga hilación –esto de la hilación tampoco le importaba a “él” – y así convencería al otro de la inteligencia de éste. Pero me ocurrió algo inesperado: leyendo repetidas veces lo que escribió el consagrado me convencí de que, en este caso, como en mucho, no tenía importancia convencer a un hombre. Sin embargo, publiqué esto como testimonio de amistad con estas ideas del consagrado”
1927. – La Asociación de Pianistas le patrocina su primer concierto en Montevideo, en el Teatro Albéniz.
1928. – Da su segundo concierto en el mismo local, que entonces era la “Casa de Arte” subvencionada por el Ministerio de Instrucción Pública. En todos estos conciertos obtiene una crítica unánime que el pianista juzga “demasiado generosa”. En un fragmento recogido con el título de "En el cine" en el T. II de las "Obras Completas", Felisberto se refiere a ese trabajo suyo de la época del cine mudo, que consistía en acompañar, con la música del piano, la proyección de la película: "En una noche de otoño hacía calor húmedo y yo fui al cine. La linterna del acomodador alumbraba mis pasos y hacía brillar mis zapatos, que a cada instante estaban a punto de pisarlo. El se detenía bruscamente para ofrecerme asiento y le parecía raro que a mí me gustara sentarme tan adelante. Mientras tanto yo pensaba: 'él no sabe que yo tocaba el piano en los cines cuando era joven y me acostumbré a mirar la película al pie de la pantalla. -Como quien dice: tomar leche al pie de la vaca-'." T .II ,p .205.
En 1929 se edita LIBRO SIN TAPAS que pertenece a una colección de folletos que apareció en tipografías de caja, y de la cual forman parte Fulano de tal (1925), La cara de Ana (1930) y La envenenada (1931).
1932.- En este año comienza una gira por ciudades del Uruguay con Yamandú Rodríguez en la que este recitaba cuentos, poesías y trozos literarios compuestos expresamente para las obras que a continuación Hernández ejecutaba en el piano.- Esta gira culminó en Buenos Aires en el Teatro París el año 1933.
1942.- POR LOS TIEMPOS DE CLEMENTE COLLING.- Fue escrito en Treinta y Tres, en casa de su hermano Ismael, y lo publican en Montevideo los amigos que figuran en el prólogo. En esta época está en Montevideo Jules Supervielle.- Sus juicios, sus enseñanzas durante tres años, la presentación que hace en Amigos del Arte de Hernández y su influencia para que Francia otorgue una beca a Hernández. En la obra describe el entorno del barrio de su infancia. “En aquellos lugares hay muchas quintas. En Suárez tuna de las calles cercanas] casi no había otra cosa. Ahora están fragmentadas. Los tiempos modernos, los mismos por los que anduve por otras partes, y mientras yo iba siendo, de otra manera, otra persona, rompieron aquellas quintas, mataron muchos árboles y construyeron muchas casas pequeñas, nuevas y ya sucias, mezquinas, negocios amontonados, que amontonaban pequeñas mercaderías en sus puertas. A una gran quinta señorial, un remate le ha dado un caprichoso mordisco, un pequeño tarascón cuadrado en uno de sus lados y le ha dejado dolorosamente incomprensible”. T. I, p.26 .*En esta obra puede decirse que está todo el autor; comenzó entonces a formarse un pequeño público adicto a Felisberto Hernández del que formó parte con un juicio muy acertado Jules Supervielle:”Usted tiene el sentido innato de lo que será clásico algún día”* Por los tiempos de Clemente Colling es una novela corta. Es importante esta obra porque en ella confluyen dos cuestiones. La primera: que es la primera edición de un libro del autor llevado a cabo por una editorial con cara y ojos (aunque sufragada por amigos). Segunda: los estudiosos de la obra de Felisberto señalan esta obra como la que decide al escritor a dedicarse exclusivamente a la literatura en detrimento del piano. tiempos de Clemente Colling es un libro de recuerdos personales. Pero una lectura más exigente nos dice que en este libro ya despunta su universo fantástico, su connivencia con los misterios de la vida. El viejo, ciego y desprolijo profesor de piano Clemente Colling reúne en su persona todo el atractivo de esos mundos inclasificables que tanto fascinaban y que tanto alimentaron la obra ineludible de Felisberto Hernández. 1943.- EL CABALLO PERDIDO También premiada por el Ministerio de Instrucción Pública provoca juicios críticos Nadie encendía las lámparas, Las hortensias, La casa inundada, sucedieron al El caballo Perdido. En el prefacio que apareció en la segunda edición de "El caballo perdido" se puede leer el "manifiesto" -que según indica Pablo Roca (loe. cit.) fue redactado por Reina Reyes-, y una lista de los firmantes: "Felisberto Hernández ha realizado a través de su literatura, una obra de auténtico valor para la cultura de nuestro país. Sus libros, que han suscitado juicios críticos por la "generosa originalidad" de su creación, han llegado a los medios más importantes del extranjero. Estos juicios, así como las traducciones que se han hecho de diversas obras de nuestro escritor y su publicación en las más calificadas revistas literarias, han significado un singular aporte para el conocimiento de nuestra cultura en centros de Europa y América, a los que pocas veces llega lo nuestro.
Recordamos que fue presentado en la Sorbona y en el Pen Club de París por Julio Supervielle. Todo esto nos mueve a pedir a las autoridades de nuestro gobierno, que se le ofrezca a Felisberto Hernández un sitio de labor digno y modesto para que sea continuo el proceso de su creación.”
Se puede decir que sus invenciones y su vuelo imaginativo mantienen una quieta serenidad.
En la “Explicación falsa de mis cuentos” relata su proceso personal de inspiración.
Obligado o traicionado por mí mismo a decir cómo hago mis cuentos, recurriré a explicaciones exteriores a ellos. No son completamente naturales, en el sentido de no intervenir la conciencia. Eso me sería antipático. No son dominados por una teoría de la conciencia. Eso me sería extremadamente antipático. Preferiría decir que esa intervención es misteriosa. Mis cuentos no tienen estructuras lógicas. A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida. En un momento dado pienso que en un rincón de mí nacerá una planta. La empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podría tener porvenir artístico. Sería feliz si esta idea no fracasara del todo. Sin embargo, debo esperar un tiempo ignorado: no sé cómo hacer germinar la planta, ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento; sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesía; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos. Debo cuidar que no ocupe mucho espacio, que no pretenda ser bella o intensa, sino que sea la planta que ella misma esté destinada a ser, y ayudarla a que lo sea. Al mismo tiempo ella crecerá de acuerdo a un contemplador al que no hará mucho caso si él quiere sugerirle demasiadas intenciones o grandezas. Si es una planta dueña de sí misma tendrá una poesía natural, desconocida por ella misma. Ella debe ser como una persona que vivirá no sabe cuánto, con necesidades propias, con un orgullo discreto, un poco torpe y que parezca improvisado. Ella misma no conocerá sus leyes, aunque profundamente las tenga y la conciencia no las alcance. No sabrá el grado y la manera en que la conciencia intervendrá, pero en última instancia impondrá su voluntad. Y enseñará a la conciencia a ser desinteresada.
Lo más seguro de todo es que yo no sé cómo hago mis cuentos, porque cada uno de ellos tiene su vida extraña y propia. Pero también sé que viven peleando con la conciencia para evitar los extranjeros que ella les recomienda.
En sus últimos años llevaba una vida desordenada decía:”Observo que cada vez escribo mejor, Lástima que cada vez me vaya peor” Muere en Montevideo en 1964. Entre 1969 y 1974 se publicaron sus Obras Completas en seis volúmenes.
Bibliografía
Diccionario de Autores Latinoamericanos – César Aira
El País.com – Montevideo.
*César Aira. Escritor argentino.
Capítulo Oriental. – Montevideo.
Felisberto Hernández El espectáculo imaginario. José Pedro Díaz – Arca -1991.
(c) Magda Lago Russo
Montevideo
Uruguay
viernes, 13 de mayo de 2011
Eduardo Galeano "huésped de honor de la Ciudad de Buenos Aires"
(Buenos Aires)
Según un comunicado de la editorial Siglo XXI el escritor Eduardo Galeano fue declarado huésped de honor de la Ciudad de Buenos Aires:
"El escritor y periodista Eduardo Galeano fue declarado hoy como Huésped de Honor de la Ciudad de Buenos Aires, en reconocimiento a "uno de los intelectuales más relevantes de nuestro tiempo", según una resolución de la Legislatura porteña merced a una propuesta del diputado Juan Cabandié.
"Creemos que la intensa y singular relación que Galeano mantuvo con nuestra Ciudad durante su exilio y que continúa hasta el día de hoy, ameritaría otorgarle la distinción de Ciudadano Ilustre, pero atendiendo a la imposibilidad de ello, estamos convencidos de la necesidad de distinguirlo como Huésped de Honor", precisó el legislador en su propuesta. En ese marco, destaca la voluntad de "concederle un merecido reconocimiento a uno de los intelectuales más relevantes de nuestro tiempo".
Galeano nació en el seno de una familia montevideana de clase media alta el 3 de septiembre de 1940. En su juventud trabajó como obrero, pintor, mensajero y mecanógrafo, y a los 14 años vendió su primera caricatura política al semanario El Sol, del Partido Socialista uruguayo.
Fue justamente en este semanario donde inició su actividad periodística publicando dibujos y caricaturas con el seudónimo de Gius. En los inicios de la década de 1960 fue editor de la revista Marcha -una influyente publicación política y literaria que contó entre sus colaboradores a figuras como Mario Benedetti, Manuel Maldonado Denis, Roberto Fernández Retamar y Mario Vargas Llosa, entre otros- y dirigió el diario Época.
En esos años produjo sus primeros escritos políticos, entre los que se destacan China: Crónica de un desafío (1964) y Guatemala, un país ocupado (1967), textos que reflejan una escritura urgente y de denuncia desde una mirada siempre situada en la primera línea de los hechos.
En 1971 publicó Las venas abiertas de América Latina, su obra de mayor repercusión, donde condena la opresión de Latinoamérica y sumerge al lector en la realidad más amarga y endémica de nuestro continente.
Este libro fue traducido a dieciocho idiomas y recibió elogios en todo el mundo. El escritor alemán Heinrich Böll, Premio Nobel de Literatura 1972, llegó a decir a propósito de él que pocas obras en los últimos años lo habían conmovido tanto.
Ya de regreso en su país continuó su actividad periodística, hasta que el 27 de junio de 1973 el golpe de Estado lo encarceló y lo obligó a abandonar su país.
Se exilió entonces en Buenos Aires, donde acrecentó su actividad periodística y política, y participó de la fundación de una de las publicaciones más importantes y prestigiosas de la década: la revista Crisis, que cubrió, con mirada crítica, los principales sucesos literarios y políticos del momento".
domingo, 13 de febrero de 2011
Blog de poetas: Táctica y estrategia - Mario Benedetti
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| Mario Benedetti, Reinaldo E. Marchant e Idea Vilariño |
Se publicó un nuevo post en el blog de poetas.
En la Biblioteca Cervantes Virtual se puede escuchar la voz del escritor uruguayo Mario Benedetti en su poema:
Táctica y estrategia:
http://revistaarchivosdelsurpoetas.blogspot.com/2011/02/tactica-y-estrategia-mario-benedetti.html
foto gentileza: Reinaldo E. Marchant
viernes, 12 de noviembre de 2010
Homenaje a Florencio Sánchez en la Embajada del Uruguay
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| Florencio Sánchez |
(Buenos Aires)
Con una muestra de fotografías y libros y la obra teatral ¿Quién dijo miedo? de Walter Acosta, se homenajeó al escritor y dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez a cien años de su muerte. La muestra conmemorativa en la Sala de las Intendencias, preparada también por Walter Acosta, incluye material de colecciones varias, las de la Biblioteca Nacional de Montevideo; el Archivo Fotográfico y Biblioteca del Teatro Nacional Cervantes; la Biblioteca y la Hemeroteca Nacional de Buenos Aires; la Biblioteca y Hemeroteca del Congreso de la Nación y la Biblioteca Argentina del Maestro.
Florencio Sánchez (Montevideo, 1875, Milán, 1910) vivió durante muchos años en la Argentina donde escribió y estrenó varias de sus obras. Clásicos de este autor como “Barranca abajo” fueron puestos en escena – en fragmentos –.
Durante la obra ¿Quién dijo miedo? escrita e interpretada por el autor uruguayo Walter Acosta, éste interpreta a Florencio Sánchez además de sus personajes. El espectáculo teatral incluye material audiovisual.
Cabe destacar tanto la obra, como la interpretación y el audiovisual y el armado general que está también a cargo de Acosta.
Cabe destacar tanto la obra, como la interpretación y el audiovisual y el armado general que está también a cargo de Acosta.
“Transcurrido un siglo de la muerte de Florencio Sánchez, buena parte de su obra ha vencido el paso del tiempo y afirma su vigencia como testimonio singular de una época y una sociedad aquejadas por problemas que aún no han desaparecido totalmente en nuestros días.
Librepensador anarquista inclinado a la bohemia, escritor genial o maldito según la óptica de admiradores o detractores, nuestro Florencio Sánchez caló honodo en las pequeñas tragicomedias urbanas provocadas por la exclusión social, la explotación en las fábricas o el hacinamiento del conventillo.
Denunció los códigos morales de la burguesía. Descargó su crítica sobre la corrupción política. Examinó las tensiones cotidianas que confrontaban a las clases sociales de entonces y el rol de las víctimas en un proceso perverso que, o las prostituía, o las aniquilaba. Fustigó el atorrantismo de moda, el falso coraje y la flojera existencial. Fue ocasional pero ardiente vocero de la lucha obrera.
Y como si fuera poco, Florencio Sánchez nos entregó dos visiones fundacionales de nuestra más profunda identidad rioplatense: la del gaucho de recia estirpe que lo sacrifica todo, y la de los inmigrantes que uniendo su sangre a la de los criollos iban a enriquecer, como se dice en “La Gringa”, la raza fuerte del porvenir”.
Walter Acosta
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