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sábado, 5 de noviembre de 2016

Gambia, la sonrisa de las aves por Rosario Valcárcel



(Las Palmas de Gran Canaria) Rosario Valcárcel

                                                                          
                                                               A Cristina y Guillermo Guarini
                                                                                             
Hace más de quince años, mis amigos Mercedes y Federico me hablaron de un viaje maravilloso, de un viaje a Gambia, el país más pequeño de África continental. Pensé que, como suele suceder cuando contamos los viajes, habían magnificado el recuerdo.
El sábado llegamos al aeropuerto de Banjul y nos recibió el calor pegajoso y la sonrisa de Omar, el guía que nos iba a acompañar al hotel en una camionetilla. Nos dio la bienvenida y cruzamos la capital que lucía el aspecto de las viejas poblaciones coloniales. Y tras unos veinte kilómetros de traqueteo llegamos a Kololi.
leer nota completa:
http://archivosdelsur-ensayos.blogspot.com.ar/2016/11/gambia-la-sonrisa-de-las-aves-por.html

viernes, 5 de octubre de 2012

El espíritu artístico-literario de Vincent Van Gogh a través de sus cartas


(Córdoba) Elida Farini


El tema se refiere a la correspondencia que el pintor holandés Vincent Van Gogh le escribió a su hermano Theo, desde 1873 hasta 1890, desde los diferentes lugares donde le tocó vivir.
A través de esas cartas se aprecia no sólo el valor artístico que representan, sino también el valor literario de cada una de ellas.
Estas valiosas cartas constituyen en sí mismas, un diario íntimo, pero sobre todo, un verdadero tratado de arte, pictórico y literario, esclareciendo muchos puntos cruciales de la azarosa y desdichada vida del artista.
Hablar de Vincent Van Gogh es referirse a un artista que, desde el momento mismo en que decidió que su destino era el arte, puso todo su empeño, trabajo y sacrificio, la vida misma, en pos de ese ideal que fue, en definitiva, su razón de ser.
Vincent, como algunos han intentado presentarlo, no era un genio loco. Era un artista apasionado, trabajador incansable y conciente, dueño de una gran cultura debido a su educación, a sus estudios y a su voracidad por la lectura y el conocimiento. Es interesante destacar que este pintor holandés tuvo, además de la facultad de pintar, a la que debe su enorme fama, el don de la escritura, a través de las cartas que escribió a su hermano Theo, desde los diferentes lugares en que le tocó vivir,
Esa gran correspondencia permite vislumbrar una pluma singular, esclarecida, rica en matices, rebosante de descripciones, de sugerencias, de reflexiones profundas. Allí el lector puede visualizar los paisajes frecuentados: la maravilla cambiante de la naturaleza, de la vegetación, de las estaciones, los cielos, la atmósfera que observa con un espíritu sensible, con una mirada diáfana y una personalidad avasallante.

Pero… ¿quién era Vincent Van Gogh?

Un verdadero artista que nació en Holanda, en 1853, en una población cercana a la frontera con Bélgica. Su padre, Teodoro, era pastor evangelista. Fue el mayor de seis hermanos, pero su preferido fue Theo, cuatro años menor que él, que llegó a ser su protector, su confidente, su enlace con el mundo.
A los dieciséis años, en 1873, por recomendación de un tío suyo, comerciante en cuadros, ingresó a la galería Goupil de La Haya. Ésta galería iniciada en París, tenía sucursales en Bruselas, Berlín, Londres y Nueva York. Theo, más tarde, trabajó como comerciante en cuadros en el mismo negocio, en Bruselas y luego en París, hasta su muerte. Fue por aquellos años en que comenzó el valioso intercambio de correspondencia entre los hermanos.
Tiempo más tarde, Vincent se convirtió en pastor protestante y luego en misionero, en una zona minera de Bélgica. Allí, en contacto con la gente humilde, su paleta se hizo triste y sombría. Su viaje a Amberes fue importante porque le abrió una nueva alternativa en el uso de los colores. En 1886 se estableció en París, con su hermano Theo.
Allí tuvo la oportunidad de conocer a los pintores que por aquellos años se destacaban (Bernard, Touluse-Lautrec, Gauguin, Seurat, Signac, Pizarro, Cézanne) ligados a la corriente pictórica del impresionismo. Con ellos compartió conversaciones, opiniones, prácticas, momentos. Allí descubrió la influencia de la luz en la pintura y también las obras de artistas japoneses que le interesaron. Vincent se inclinó hacia esa nueva expresión artística, el impresionismo y hacia el divisionismo, desde donde surgieron los colores luminosos, que más tarde engalanarían su paleta.
Durante varios períodos de su vida tuvo algunos ataques de una enfermedad mental, tal vez acompañada por el abuso del alcohol, pero sus obras, concordando con su correspondencia, y con lo que sostienen sus biógrafos, fueron realizadas en perfecto control de sus facultades.
Establecido en Arlés, se dedicó al trabajo con ahínco, allí fue donde su colorido alcanzó la plenitud, su máxima expresión pictórica. Allí también fue donde recibió la tan esperada visita de su amigo Gauguin, pero su estadía no duró mucho y terminó de manera dramática.
Más tarde, se radicó en Saint Remy, de Provenza, donde pasó sus últimos años, hasta el momento en que él mismo, se produjo una herida de bala que le causó la muerte, dos días más tarde.
Su enorme obra recién fue reconocida después de su muerte, logrando tener una gran influencia en el arte del siglo XX, hasta considerarlo como uno de los grandes maestros de la pintura, sobre todo entre los expresionistas y los fauvistas.
Un centenar de sus cartas contienen bocetos con los que ilustraba visualmente a Theo sobre cada uno de sus dibujos o pinturas. Enormemente prolífico pintó más de novecientos cuadros y más de mil seiscientos dibujos. Se conservan unas novecientas dos cartas, de las cuales ochocientas están en el Museo Van Gogh de Amsterdam.
Ellas constituyen un legado prodigioso no sólo artístico, sino también literario y son una verdadera obra de gran valor. Forman en sí mismas un espectacular testimonio de su vida durante sus últimos trece años, desde 1873, en que comenzó a escribirle a su hermano, hasta 1890, el año de su muerte.
Allí describe el esfuerzo de su aprendizaje, su vocación y evolución como pintor, sus ansias y expectativas, el adelanto de su obra y las valiosas opiniones vertidas por él sobre otros pintores holandeses, británicos y franceses. Destaca a Millet, Delacroix, Degas, Corot, Gauguin, Touluse Lutrec entre muchos otros, a los que se refiere a través de esa enorme correspondencia.
Tal vez otros pintores se expresan de manera diferente, mostrando paisajes impactantes, bellas personas, hermosos hombres o mujeres que jamás han trabajado, que desconocen las luchas cotidianas de procurar su sustento. Vincent decidió pintar la realidad de un mundo en crisis, de seres sin expectativas y sin destino. Manos que se hunden en el suelo y aún en el hielo para extraer los productos de la tierra, dolor de las bocas hambrientas, sudor de los cuerpos abatidos.
Puede descubrirse en sus pinturas el cansancio, el fragor del trabajo, las luchas por sobrevivir. La tarea de los comedores de papas, los pequeños logros de los mineros en el fondo de los socavones, de las mujeres campesinas. Sus modelos son los personajes sin nombre, con su limitada vida, debido a las exigencias de las arduas tareas.
Se aprecia en esas epístolas que envía asiduamente a Theo, en toda su simplicidad, la expresión literaria del artista. Ella se descubre, en el desarrollo continuo de largas páginas, que bien pudieron formar libros de singular belleza, donde va dejando jirones de su vida con una sensibilidad digna de un gran escritor, que le hace describir paisajes diferentes, árboles y cielos cambiantes, nubes de colores que se amontonan en los destellos de amaneceres u ocasos.
Despliega su habilidad literaria, que trasciende el espíritu de las cartas, explayándose con soltura y una profundidad que exhala desde su propia desesperación por subsistir, en un mundo que le es ajeno.
Describe el colorido que incorporará en sus obras con idoneidad manifiesta y que luego plasmaría en sus pinturas. Los empastes, la mezcla de tonos, la armonía de los complementarios que utiliza, vibran a cada paso en esas cartas, que son verdaderas piezas literarias.
Dueño de una interesante cultura propia del hogar, de la familia dedicada al negocio del arte, que matiza con los rasgos de su personalidad fuerte, decidida y con una voluntad a toda prueba, muestra su escritura con esplendor en el despliegue de imágenes opulentas de matices. Allí se percibe su amor a la naturaleza, a las cosas simples de la vida, el andar de su permanente soledad, su solidaridad con los más desposeídos, entre los que él mismo se encuentra.
Quiere expresar a través de su pintura, como él mismo dice “el ardor de un ser por el brillo de una puesta de sol”
En el abanico de los colores, sus palabras destacan su trabajo exagerado en la lucha por progresar, hasta olvidar alimentarse, para continuar pintando. Con la convicción de que algún día esas obras serían valoradas, se contrae en su labor, con ansias de superación e intentando instruirse día a día, leyendo ávidamente.
Vincent pinta y escribe vida: en dibujos y pinturas muestra la verdad de los campesinos, obreros trabajando, mineros en el fondo de las minas, mujeres tejiendo, cosechando. Sus temas son las realidades de todos los días, las manos rudas, los zapatos rotos, el dolor de los vencidos, como fue él mismo.
Escribe que quiere pintar “el retrato con el pensamiento y el alma del modelo” Admira a maestros de la literatura como los ingleses Shakespeare, Dickens, los franceses Zola; Daudet, Goncourt, Balzac y su querido Víctor Hugo, quien dice que “sin embargo el sol se levanta”, palabras que tal vez le dieron ánimo para continuar su esforzada realidad.
Sus palabras, así como sus colores siempre tienen algo que expresar y anota: “Las más grandes, las más potentes fuentes de la imaginación, también han hecho del natural cosas ante las cuales uno enmudece”.
Su sensibilidad es atrapada por las hojas del otoño, por sus cambiantes colores. Pinta árboles, jardines, cultivos, almendros en flor, que describe literalmente con pluma magistral.
La relación e ingreso en el mundo de los impresionistas, sus amigos buscadores de la luz, a los que acompañó y de los que recogió el elemento prodigioso de la luminosidad que faltaba en sus obras, le significó la valorización de las tonalidades que incorporó a su paleta.
“Trato de encontrar mi felicidad en la pintura, sin segundas intenciones”, dice. Pero esa felicidad que buscó a través de amistades u amores, no llegó nunca a sus orillas.
Pasión por el trabajo, esa es la vida de Vincent. Pone allí toda la fuerza de su personalidad, sin extraer recursos de otros artistas, usando como dice, “sus propios versos para ver” y recuerda que “la existencia de un artista es a veces, bastante penosa”. En las cartas se percibe sus soledad y necesidad de cariño y también se insinúan los efectos de su salud debilitada.
Pinta ojos humanos, pordioseros, mujeres de la calle, jóvenes comunes, antes que grandes señores o catedrales. Quiere mostrar la vida, el alma de la gente, aquello que vibra, y se expresa: “Pintar seres humanos es la esencia del arte italiano”, que admiraba. Busca el espíritu detrás de la vestimenta, los sentimientos como medio de expresión, la esencia del arte.
No le interesa lo que opinen los demás, él quiere ser él mismo en su trabajo y nada más. Le interesa “ser verdadero”.
Las descripciones de las regiones que aborda para su pintura, son pura poesía. Va más allá de las palabras que se traducen en la utilización de los colores del paisaje, donde se refleja la pasión que lo anima. Ama a la naturaleza, la vida vibra en ella, en los ciruelos blancos, en los duraznos rosados, en los prados verdes, en los cielos cambiantes, en los huertos en flor, en los cipreses, en los trigales maduros, en los girasoles que amaba.
Quiere “expresar la esperanza por medio de una estrella”, y así lo escribe. Hay emoción y admiración hacia lo que ve y lo anota con sutiles vocablos, pero deja al descubierto su orfandad, sus crisis y el alcohol que lo consume.

Vincent, puro fuego y pasión.

Admira y destaca la obra de otros pintores, tanto holandeses, ingleses y franceses. Recuerda las obras de los impresionistas, los paisajes de Monet y Pizarro, los bellos rostros de Renoir, destaca a Manet, a Cezanne, Touluse y a su amigo Paul Gauguin. Ama el colorido que utiliza y su paleta, como su pluma se vuelven brillantes y luminosas.
En su correspondencia escribe con profundidad, reflexiona con hondura, intuye que su vida no será larga, dada su descuidada salud, pero presiente que pertenece a los pintores que dejarán algo para el futuro, un arte diferente, porque sabe que el arte es más durable que la propia vida.
“Quisiera pintar hombres y mujeres, con no sé qué eterno, cuyo símbolo en otros tiempos era la aureola, y que nosotros buscamos por la misma irradiación, por la vibración de los colores.”(Carta 131)
Escribió dos últimas cartas a Theo, antes de querer quitarse la vida, en un campo cerca de Auvers, en el sur de Francia. Puso en el correo una de ellas, a la otra la llevaba entre sus ropas al pegarse un disparo, que dos  días después tuvo un resultado fatal, deteniendo los latidos de su corazón apasionado.
Tenía treinta y siete años.
Seis meses después fallecía también Theo, como si hubiera querido reencontrarse con su querido hermano, más allá de la vida.

(c) Elida Farini
Córdoba

Elida Farini es escritora.


http://www.elidafarini.com.ar/
















miércoles, 16 de mayo de 2012

La nueva religión de fb

(Buenos Aires)

Se ha establecido una nueva religión, que yo titularía la religión de fb. Ya he comenzado a escribir un ensayo sobre el tema, que cuando el tiempo me lo permita publicaré. Soy creyente, y a menudo rezo. Pero prefiero hacerlo a solas, en silencio, recogiéndome en mi misma, y a veces entro a una iglesia a rezar. Y a veces me voy muy cerca de la naturaleza, junto al río o a una reserva natural. Actualmente y a menudo recibo mensajes en fb: si estás de acuerdo con tal cosa o la otra, si querés la cura del cáncer o de tal enfermedad, poné este mensaje en tu muro durante una hora. No digo que eso esté mal, a lo mejor muchas personas pensando juntas adquieran fuerza o se den fuerzas mutuamente. Incluso me han incluido en fb en un grupo de pacientes afectados por cáncer para que los acompañe, gracias a Dios no padezco esa enfermedad y mi sugerencia ha sido que visiten el blog de un gran médico argentino. Creo que cuando uno se siente enfermo debe acudir al médico, cuando uno se siente triste puede recurrir a los amigos, cuando uno se siente deprimido, puede acudir a un psicólogo, y cuando uno quiere hablar con Dios, también puede estar a solas y hablar con él.

(c) Araceli Otamendi

El destierro y sus efectos por Javier Claure C.























(Estocolmo) Javier Claure C.


La historia del destierro es tan antigua como la propia historia del hombre. En Grecia y en Roma, el destierro o el exilio era la pena máxima que se le atribuía a un ciudadano que cometía delitos religiosos, o se salía del marco de la legislación. En la actualidad, la persona desterrada sea emigrante, exilado, expatriado y el que ha abandonado su país por causas sentimentales, tiene que renacer para adaptarse a las costumbres, a la cultura del nuevo país y, en caso necesario, aprender un nuevo idioma. A un principio el destierro puede producir un sentimiento de inseguridad, angustia y temor. El destino, en la tierra acogedora, es obviamente distinto para cada persona tomando en cuenta la edad, la familia, los objetivos que se quieren alcanzar, el nivel cultural, el país al cual uno llega, las condiciones que ofrecen dicho país, etc. El médico y fisiólogo húngaro, Hans Selye, estudió mucho sobre el estrés, cuya investigación la dio a conocer, en los años 50, en su famoso libro "El Estrés de la vida. Una nueva teoría de enfermedad" (The Stress of Life. A new theory of disease). Selye llegó a la conclusión que el estrés es una reacción fisiológica del cuerpo humano, cuando éste se somete a situaciones de amenaza. Podríamos comparar entonces esta condición con el caso de un enfermo. Es decir, cuando esta persona ingiere medicamentos, a causa de una enfermedad, y su cuerpo reacciona con una respuesta defensiva del sistema biológico, por lo demás necesaria para la supervivencia. La teoría sobre el estrés de Selye o el Síndrome General de Adaptación se puede aplicar en un contexto más amplio y en cualquier sociedad del mundo, ya que pone en tela de juicio la relación hombre-ambiente. Además, estableció las etapas de esa compleja relación (Etapa de Alarma, Etapa de Recuperación y Etapa de Agotamiento). Si consideramos el destierro, voluntario o involuntario, como un fenómeno psicosocial frente a los estímulos y desalientos internos y externos; entonces podremos entender mejor los efectos que produce. En el caso de Suecia (infierno y paraíso), país en el que vivo desde hace muchísimos años, he podido observar las diferentes consecuencias del destierro. Para algunas personas, y en particular para los más jóvenes que llegaron con sus familias, el destierro quizá ha sido solo un cambio de dirección. Una aventura hecha realidad y se han acomodado relativamente bien en la sociedad sueca. Para los que "realmente" han sido torturados y perseguidos por las fuerzas opresoras de sus respectivos países, pues el destierro significó un suspiro de libertad, una posibilidad de tener una vida digna. En cambio para las personas que gozaban de bienes materiales, de buena situación económica y de un buen estatus social, el destierro simbolizó amargas heridas con sal, un castigo y pobreza porque dejaron atrás sus casas, su entorno social y sus comodidades. Para muchos emigrantes el destierro abrió las puertas a una buena situación económica. Un determinado grupo de personas se han desarrollado intelectualmente, han logrado un título académico y han aprendido idiomas.
Hay quienes ven en el destierro, un regalo de Dios; porque se puede viajar al país que uno desea, conducir buenos coches, tener casas holgadas y, si es posible, ahorrar dinero. Están los que se han enterrado en bienes materiales, gracias a sus esfuerzos, y viven ufanos jactándose de sus logros. Algunos se han vuelto indiferentes e insensibles a lo que ocurre en el mundo, porque viven en su propio micro mundo. Las personas que por X o Z razón no aprendieron el idioma, puente necesario para la comunicación, encontraron grandes dificultades en el mercado laboral y para seguir una formación escolar o académica. También hay personas que llegaron a una edad relativamente joven y, extrañamente, se han aferrado a ese dicho que dice: "hecha la ley hecha la trampa". Han quebrado todos los valores éticos y morales para buscarle cinco pies al gato y engañar al Estado. De alguna manera han logrado jubilarse sin tener ningún defecto físico ni mental. O bien pasan su tiempo solicitando todos los subsidios económicos habidos y por haber. Simple y llanamente no quieren trabajar y viven de los impuestos que pagamos los que trabajamos. Esas personas han encontrado en Suecia un paraíso, y se cubren con esa bandera de exotismo, única en el mundo. Algunos seres humanos ya no están entre nosotros porque se quitaron la vida en este paraíso e infierno terrenal. Otros viven con un pie en Suecia y otro pie en su país. He escuchado decir: "retornaré a mi país cuando mis hijos salgan bachilleres o profesionales". En algunos casos se ha logrado ese objetivo, y nunca se dio el famoso retorno. Hay unos cuantos que se han dedicado al jolgorio y no han hecho nada. En fin, todo es relativo y bien respetado porque como dice el dicho "cada uno es arquitecto de su vida". Lo único que se reprocha severamente es el "parasitismo", ya que ninguna sociedad en la antigüedad, y menos en estos tiempos, ha desarrollado con seres humanos que no quieren trabajar. En resumidas cuentas, el destierro, visto como fenómeno psicosocial, implica alegría, viajes, progreso, mejor situación económica, logro de un título académico (en algunos casos), conocimiento de ciertas culturas, aprendizaje de idiomas etc. Pero también implica estar expuesto a un cierto racismo, fracaso, desarraigo, dolor, soledad, depresión, sufrimiento, insomnio, carencia de verdaderas amistades etc. Sea lo que sea, el tiempo pasa; nos ponemos más viejos y todos nos hemos quedado en este país porque, en un momento determinado, nos ha brindado lo que nuestros países nunca nos ofreció. Ya no llegan refugiados políticos de América Latina. O sea, nos hemos quedado en esta tierra vikinga voluntariamente. Aunque cada cual lleva en su corazón un trozo de su terruño. Y muchos retornan a su país de origen, cuando realmente se han jubilado después de haber trabajado muchos años y después de haber aportado al Estado pagando impuestos. Es decir, la jubilación, en este caso, es un derecho jurídico. Otras personas han elegido pasar, en Suecia, la Etapa de Agotamiento de la que habla Selye; llegando así a la muerte. Para terminar este artículo deseo transcribir lo que leí en una revista bajo el título de "Apólogo del retorno": Cuatro hermanos regresan a su pueblo de muchos años de ausencia. Los recibe la madre, quien les pregunta qué traen de vuelta después de tanto tiempo.El menor dice que él logró hacerse dueño de negocios importantes, que ha prosperado y ganado mucho dinero. Y en prueba de ello trae algunos regalos. Declara en seguida que no puede quedarse mucho tiempo porque debe atender a sus asuntos, y se va sin esperar siquiera a escuchar lo que puedan decir sus hermanos. La madre lo ve partir con tristeza y mira con amargura los regalos que el hijo le ha dejado. ¿De qué puede servirle esa vistosa alfombra, si en su casa todos los pisos son de tierra?, ¿Qué utilidad puede tener la delicada vajilla si su comida diaria se reduce a un plato de sopa y a una taza de té? El segundo hijo tiene muy poco que decir. No aprendió nada, no sabe nada de nada, no agregó nada nuevo a lo que ya sabía cuando salió de su país, y no tiene ahora nada que aportar. Nada le interesó donde estuvo y su maleta, cubierta de etiquetas multicolores, parece saber más que él de sus años de viajes y exilio. La madre interroga luego al tercer hijo, y éste le dice que él no trae bienes materiales, pero que se ha enriquecido espiritualmente. Ha aprendido las lenguas y las costumbres de otros pueblos y siente que, habiendo llegado a comprender mejor las cosas del mundo, está más preparado para entender a su propio país. Afuera, agrega, conocí y amé a seres diferentes, y supe así conocer y amar a mis iguales. Es lo que puedo ofrecerte, dice.Le toca el turno, finalmente, al cuarto hijo, el mayor de todos. Yo sólo pude aprender la mitad de lo que hubiera querido, dice; no solo porque estoy ya un poco viejo, sino porque me vi obligado a trabajar muy duramente para dar de comer a mis hijos y para educarlos. Pero creo haber cumplido honestamente con mi deber. Si yo no fui capaz de hacerlo, conseguí en cambio que ellos aprendieran otras lenguas, supieran de otras culturas, y se hicieran así más inteligentes y más comprensivos. También aprendieron su lengua natal los más pequeños, o la conservaron y mejoraron los mayores. Todos ellos leyeron en el exilio los libros que les hablaban de las gentes y las cosas de las naciones lejanas donde les tocó crecer; pero, además, leyeron los libros que cuentan la historia y la geografía, que hablan de los seres, las plantas y los pájaros de su propio país. Como yo mismo, como todos los otros, ellos también sufrieron. Pero aunque son muy jóvenes, vuelven más maduros, más sensibles y más sabios. La mujer se dijo, entonces, que si al menos la mitad de los suyos había logrado salvarse del desarraigo, la soberbia y la estulticia, podía considerarse una madre afortunada.






(c) Javier Claure C.






Estocolmo






Javier Claure C. escritor boliviano radicado en Suecia

viernes, 13 de abril de 2012

El sueño de una sombra* - ensayo - Álvaro Mata Guillé





















foto: Álvaro Mata Guillé


Los cantos de Gilgamesh, el rey de la saga babilónica que rememoraban el diluvio buscando lo eterno, las epopeyas de Homero que recopilaban el designio dado por el azar en los oráculos, los relatos indígenas del sol atrapado por la luna convertido en serpiente, no hacían más que recoger las iniciales explicaciones de un largo camino de indagación, de buscarnos en el vacío del entorno, haciendo de las experiencias signos que explicaban lo otro: el conocimiento, se manifestaba en sus inicios, como ceremonia, fiesta, celebración, transmitiéndose como un volver, un recordar que pretendía conciliarse con el destino, un revivir que era necesario para enfrentar al olvido, donde se vinculaba el pasado y el presente a través de la memoria: era el grito confundido con el viento, la sensación mezclada con la lluvia, el sentir hecho pregunta convertido en duda, en incertidumbre, en lenguaje.
Inmersos en los ruidos de la selva, en el silencio del mar o el desierto, en el vaivén de los ecos en el bosque reflejados en el horizonte, asumíamos el paso del tiempo y las cosas se transformaban en signos, signos que nacen de la relación de nuestras percepciones, de la pluralidad del cuerpo, y el entorno: conocer implicaba acercarnos a nosotros proyectados en lo otro, más que un acercamiento era una vinculación que nos permitía leer y leernos en busca de sentidos, de nombres o razones.
Así nació el teatro, la poesía, la música, a través de la percepción transformada en imagen, en la pulsión y su vínculo con lo otro convertido en lenguaje, permitiendo distinguir las cosas enfrentados a la ausencia, a la muerte y a la perennidad que se mueve sin control en su misterio. Desde ahí –en el rito, la ceremonia, la fiesta– empezamos a reconocernos, a convivir entre nosotros, a palparnos, sabiéndonos parte del todo, sabiéndonos la naturaleza que se explica a sí misma, la pluralidad que nos habita, habita un cuerpo necesitado de decirse.
Convivir no solo implica tolerar lo diferente, cohabitando con lo plural o estableciendo los parámetros que posibiliten esa coexistencia con el otro o con nosotros mismos; convivir nos obliga a construir, a crearnos en un lenguaje que de sentido a las cosas, una justificación que nos haga creer, viéndonos y palmando nuestra propia piel en su pluralidad, sintiéndonos y asumiéndonos o en lo que somos, un extraño de nosotros mismos; es un hecho de la existencia, no una ilusión, es una práctica, un transitar en el que decidimos todos los días permanecer.
En la poesía, el teatro o la música, el cuerpo se reencuentra con el cuerpo, se desnuda la animalidad, el tiempo transcurre en su ausencia y la lejanía que al volver queda atrapada en la remembranza: recordamos voces, escuchamos ecos de muertos y ancestros, nos escuchamos y escuchamos, nos vemos y vemos, descubrimos el rostro del otro –el vos, el tu, el ello– que es el nuestro. En esos lugares –la pluralidad, lo disidente, nuestra extrañeza– se manifiestan y la vida y la muerte se conjugan en su perpetuidad, provocando la tensión vital que nos hace ser y estar destruyendo absolutos, la pus de las máscaras, lo anquilosado del lenguaje, permitiendo desde ahí, desde esos lugares que persiguen conversar con la otra orilla, reencontrarnos con lo que somos, pues al palpar al entorno, al deletrear aquello que sentimos en procura de una respuesta, nos reencontramos solos y ajenos en tránsito de una noche a otra, conversando con la nada que se muestra a sí misma. Reencontrarnos, vislumbrar el inicio que está al final, la noche que va hacia la noche, los senderos que se pierden sin respuesta. Si tuviéramos que elegir algo que nos permita reformular el sentido de lo que somos, lo que hemos sido y podemos ser, en una época como la nuestra, donde los lenguajes están muertos, me atrevería a decir que es la poesía. Pero no me refiero con ello a una estética o un género literario, tampoco al balbuceo o al sentimentalismo, a la impostura, al dogma o la frivolidad. La poesía –como la música, la danza o el teatro– son experiencias de vida, lugares de comunión donde nos reencontramos, es decir, al explorarnos en el espejo vacío de nuestro rostro, al indagarnos en la precariedad que nos envuelve sabiéndonos en tránsito hacia la muerte –despojándonos de censuras o el envanecimiento inútil de creernos dueños de una eternidad que no existe– enfrentamos al olvido, el olvido de nosotros, de lo que somos: lenguaje que se palpa a sí mismo y se disuelve para retornar al origen, a la soledad necesitada del otro, a la memoria, conciliación con lo que somos.
La relación entre poesía y sociedad es estrecha, al mencionarla, vuelvo a decirlo, hablo de una condición que atañe a la existencia, una condición fundacional donde principian los vínculos, donde surge la convivencia, puesto que convivir nos obliga a construir a un lenguaje, a sentirnos, a establecer parámetros que posibiliten coexistir. La convivencia nace del reconocerse, un volver al origen, al canto, al reencuentro con nosotros mismos, sobre todo en estos días oscuros que pueblan nuestras sociedades, donde la decadencia es mucha y muchos los padecimientos, el odio, la envidia, muertes por doquier, tenemos más cosas y más banalidad, más resentimientos; la condición humana, nuestra frágil condición existencial, fracturada y empobrecida. Ante este panorama, las preguntas que aparecen y debemos hacernos, se refieren al sentido de las cosas, al sentido del nosotros, al por qué permanecer o seguir y cómo, percibiendo el misterio que nos embarga, el tránsito que se dirige sin remedio a la nada, al vacío lejano en las estrellas, sabiéndonos el sueño de una sombra.

*El sueño de una sombra, frase de un texto de Píndaro.










(c) Álvaro Mata Guillé

Álvaro Mata Guillé nació en Costa Rica, actualmente vive en México.
Es director de teatro, escritor, ensayista, dramaturgo.
Director del grupo Baco teatro-danza, de Costa Rica. Director del Instituto de Creación Poética de la Casa de Refugio y de la Revista Locutorio, editada en San Luis Potosí, México, como también coorganizador, junto a Mario Alonso López, del Festival Internacional de Poesía Abbapalabra en México, como también del proyecto Transpoesía (Costa Rica, México, Argentina). Tiene varios libros publicados, entre ellos Debajo del viento (Argentina 2010, Venezuela 2005), Escenas de una tarde (Costa Rica 2004 en dos ediciones), Intemperies (México 2005). Saldrán próximamente dos libros más que se publicarán en México y Colombia, como también ensayos en diversas revistas y periódicos internacionales. Con su grupo Baco teatro-danza, ha montado más de diez obras, presentadas en diversos países de Latinoamérica, como la participación en varios films, como actor y guionista.

jueves, 1 de marzo de 2012

Acerca del canon por Luis Gregorich

(Buenos Aires) Luis Gregorich

Hay que empezar mencionando cierta confusión que se produce al hablar de canon literario. Suele superponerse este concepto con los de "sistema de prestigio" o "aparato cultural". Aclaremos que no se trata de lo mismo. Lo que diferencia al canon es su dimensión temporal, su construcción a lo largo de los medianos y largos plazos. No hay canon que surja, de golpe, hoy, o en el corto plazo. Lo que sí ocurre es que el canon ya establecido influye, repercute en los sistemas de prestigio y poder cultural.
Hablamos de canon, según la definición de Harold Bloom, como de un "listado", de un cuadro de honor de obras maestras de la literatura que van perdurando a lo largo de los siglos. Aquí, obviamente, hay una coincidencia con la idea de "clásicos".
Si respetamos la idea de los largos plazos, no podríamos decir hoy, por ejemplo, cómo se va a constituir el canon de la literatura argentina dentro de 20, 50 ó 100 años. Hay un crítico inglés de comienzos del siglo XIX, William Hazlitt, un eminente crítico shakespeariano, que decía al respecto: "Desconfío del prestigio de los escritores vivos, me convence un poco más el de los escritores muertos: los vivos, o tienen demasiados amigos, o tienen demasiados enemigos". La importancia del paso del tiempo se hace evidente.
En su presentación del "canon occidental", Harold Bloom incluye una lista taxativa, algo autoritaria, con la que no tenemos por qué estar totalmente de acuerdo. Bloom inicia su listado con "el Yahvista" (en relación a Yahvé), el autor anónimo del comienzo de la Biblia hebrea, al que considera un gran escritor trágico, y lo termina con Borges y Beckett. Y sitúa en el centro del canon, del canon occidental, a Shakespeare.
Personalmente me interesó desde hace muchos años la figura de Shakespeare; sin ser un especialista, lo estudié, traduje y adapté varias de sus obras para el Teatro San Martín, y di un par de cursos introductorios sobre su personalidad y obra. Es, para decirlo con sencillez, uno de los pocos autores del pasado que admite relecturas provechosas y que nos permitan entender mejor, a través de sus textos y personajes, lo que pasa hoy. Es preferible hablar, para definir a las obras canónicas, de esta atemporalidad o salto en el tiempo, más que postular su "universalidad", porque esta última siempre suele estar planteada desde una concepción europea: lo universal es lo europeo, y viceversa. Otra forma homóloga de definir a las obras del canon es describiendo su latente polisemia, es decir, su capacidad de desplegar una multiplicidad de significados y lecturas a lo largo del tiempo. Los personajes shakespearianos pueden estar vestidos con trajes de época o con ropa moderna, pero su mensaje nunca dejará de ser comprensible y disfrutable.
Por lo demás, el canon -hay que decirlo- no se forma espontáneamente; no es que las grandes obras se vayan colocando solas en el canon; es una construcción de hombres, de generaciones, de personas supuestamente doctas, de academias o de críticos. A partir del siglo XIX, debe mencionarse también el papel de la industria editorial, que se consolida y pasa a ser un factor importante en la construcción del canon.
Quisiera decirlo de este modo: no debemos tener una concepción definitiva y autoritaria del canon, sino concebirlo como una construcción en movimiento. Los autores que hoy pensamos que no están, y debieran estar, quizás lo estén mañana, y dependerá de nuestra acción para difundirlos que se incorporen, porque el canon no es un fenómeno natural como el crecimiento de una planta, sino un proceso social y político con sus propios límites. Sin embargo -y este es otro concepto que me gustaría destacar-, tampoco la inclusión en el cuadro de honor de las obras canónicas es arbitraria o casual.
Veamos, para ejemplificarlo, el caso de Shakespeare. Es cierto, por un lado, que la gran difusión de Shakespeare se debió, en parte, al creciente poderío del Imperio inglés, que impulsó a uno de sus grandes autores como modelo para la cultura occidental. Pero esto no explica la grandeza de Shakespeare, no lo relega a la condición de "escritor imperial", porque su extraordinaria capacidad para crear personajes en los que nos seguimos identificando, y su maestría para alternar registros de lenguaje, de mezclar la comedia con la tragedia tal como ocurre con la condición humana, son lo que le otorga su perdurabilidad, y hace que el Imperio inglés lo haya podido utilizar a él y no, por ejemplo, a Chaucer, Milton o John Donne.
Vayamos ahora a lo que es, o podría ser, el canon de la literatura argentina, el canon de este espacio joven y que está lejos de haberse cristalizado. Cuando yo era joven, hace muchos años, el canon o más bien los sistemas de prestigio se constituían en torno a un conflicto o a un debate. Actualmente no hay conflicto ni debate. Las polémicas, entonces, solían darse entre izquierda y derecha, entre realismo y literatura fantástica, entre conservadores y vanguardistas, entre suplementos literarios que defendían una posición u otra. Hoy, nada de eso ocurre. Los suplementos literarios vierten una misma voz con ligeros matices y distintas firmas, algunas de las cuales se repiten incluso en todos los suplementos, lo que nunca habría podido ocurrir antes. El hecho no está ni bien ni mal, simplemente es algo nuevo. Las voces que uno escucha y lee son inteligentes, incluso mejor formadas y cultas que las de mi generación, pero curiosamente el mensaje global que nos llega es excesivamente discreto, aplanado; está a la defensiva y se resguarda de las opiniones netas y diferenciadas; se parece demasiado a un discurso único.
Los sistemas de prestigio están muy cristalizados y no parece que haya modo de conmoverlos. En la narrativa, por ejemplo, en el centro del sistema está Borges y a su torno, desde diferentes galaxias, gravitan Walsh, Puig y, más cerca, Saer, Piglia, Aira y pocos más. Quizá figuren Bioy y Silvina Ocampo y, ya con dificultades, Marechal y Cortázar. ¿Son los mejores? El tiempo lo filtrará, pero, en todo caso, no deberían ser los únicos.
Esos sistemas se constituyen en base a una tensión entre el Mercado y la Universidad. Cuando hablamos de Mercado, nos referimos a la industria editorial globalizada, marco en el cual las tradicionales empresas argentinas han sido adquiridas por grupos transnacionales. Los intereses de esa industria, quiérase o no, se hacen sentir hoy pesadamente en los medios masivos, y a menudo la oscilación entre Mercado y Universidad está marcada por ese sello, gracias al cual las mismas personas escriben los libros, los hacen publicar como asesores editoriales, los comentan en los diarios y enseñan acerca de ellos en los claustros.
La ausencia de verdadero conflicto y debate ideológico no es original de la Argentina: sucede en casi todas partes del mundo, en tiempos posmodernos y globalizadores. Pero creo que entre todos, escritores y periodistas independientes, deberíamos formar una red de resistencia, que por lo menos ponga en duda la infalibilidad del canon o los sistemas de prestigio existentes, que los someta a cuestionamientos permanentes, que les contraponga a figuras de escritores injustamente olvidados o escamoteados, una red que se entretejerá a lo largo del tiempo y que formará, no lo dudemos, nuevos cánones o prestigios, jamás definitivos, en los que nosotros, también, tendremos algo que ver.


(c)Luis Gregorich

Ciudad Autónoma de Buenos Aires

publicación autorizada por el autor para la revista Archivos del Sur

Acerca del canon es un texto del escritor Luis Gregorich leido en un acto donde participó en la última Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

Luis Gregorich es ensayista. Fue director del suplemento literario del diario La Opinión, Subsecretario de Cultura de la Nación, Vicepresidente de la Sociedad Argentina de Escritores, autor de libros como "Escritores del futuro", guionista del documental La República Perdida, traductor adaptador de Hamlet y Rey Lear, y de Danza macabra de Strinberg entre otre otras obras

lunes, 9 de enero de 2012

Acerca de la escritura y los libros: Fernando Pessoa y Marguerite Duras


























































































(Buenos Aires)




Hay dos escritores que me interesa destacar y que han tenido un concepto de la escritura y la forma de organizar o no los libros.
Uno de ellos es el escritor portugués Fernando Pessoa, considerado uno de los más grandes escritores del siglo XX. La otra es la escritora francesa Marguerite Duras.
Yo creo que las nuevas tecnologías hoy permiten publicar fragmentos de libros, capítulos, los libros se pueden ir armando.






Y eso es lo que me parece más interesante.

El libro del desasosiego de Fernando Pessoa


Hace algún tiempo escribí sobre el Libro del desasosiego de Fernando Pessoa. En ese ensayo publicado primero en la revista Cultura segunda época (Buenos Aires) y después en otras revistas culturales (Triplov, Portugal) y sitios web, que reproduzco a continuación:












"Lo que tenemos aquí, no es un libro sino su negación y subversión, el libro en potencia, el libro en plena ruina, el libro-sueño, el libro-desesperación, el anti-libro, más allá de toda literatura. Lo que tenemos en estas páginas es el genio de Pessoa en su momento cumbre."


La primera vez que leí el Libro del desasosiego de Fernando Pessoa fue en una versión en español de Angel Crespo publicada por Seix Barral en 1982. Ya había leído unos cuantos libros de Antonio Tabucci, escritor italiano al que admiro y supe entonces que él había introducido con una labor de orfebre intelectual la obra de Pessoa en Italia. Lo que no advertí y esto lo supe después, cuando volví a leer el Libro del desasosiego en traducción de Santiago Kovadloff, editado por Emecé en 2000, es que éste es un libro que se va armando y que puede seguir articulando conforme pase el tiempo, según quién organice el material dejado por Pessoa, y según otras variables que tal vez no puedan preverse todavía. Pessoa acumuló en un arcón o baúl sus originales inéditos y allí fueron encontrados tras su muerte en 1935. Ese legado, dejado por el escritor en relativo desorden, sigue siendo hasta hoy materia de clasificación e investigación por parte de los estudiosos de su obra. Pessoa ha sido reconocido por muchos críticos junto a Kafka y a Joyce como uno de los grandes escritores del siglo XX.
La primera versión del Libro del desasosiego, la de Angel Crespo, dice en el prólogo: " En 1913, Fernando Pessoa (1888-1935) publicó en la revista A Águia un original en prosa, titulado "Na Floresta do Alheamento" (En la floresta de la enajenación), en preparación. Dicho escrito iba firmado por Fernando Pessoa, sin que se hiciese la aclaración, o la salvedad, de que su autor lo atribuyese a Bernardo Soares ni a cualquiera otro de los personajes que, como se sabe, dio por autores del libro". Fernando Pessoa escribía con heterónimos. Tanto en la versión de Angel Crespo como en la traducida por Kovadloff , el Libro del desasosiego se atribuye a Bernardo Soares. Sin embargo, antes de esa atribución, ha habido otras, Pessoa pensó en atribuirlo a otro heterónimo: Vicente Guedes. En otra oportunidad, dada la escritura fragmentaria del Libro del desasosiego , Pessoa pensó también en atribuirlo a Álvaro de Campos. Lo fascinante de este libro del genial poeta portugués es que además de estar atribuido en estas últimas versiones a un personaje literario como Bernardo Soares, es un libro que puede seguir "haciéndose". En la introducción del Libro del desasosiego escrita por Richard Zenith y traducción de Kovadloff, se narra cómo se organizó esta versión. Lo que tenemos aquí, dice Zenith, "no es un libro sino su negación y subversión, el libro en potencia, el libro en plena ruina, el libro-sueño, el libro-desesperación, el anti-libro, más allá de toda literatura. Lo que tenemos en estas páginas es el genio de Pessoa en su momento cumbre".

En una entrevista, el escritor italiano Antonio Tabucci, al preguntársele por el significado en su propia obra de la figura de Fernando Pessoa dice: "A Pessoa le debo, en primer lugar y principalmente, la fe en lo novelesco, porque, a través de su poesía, ha construido en realidad un universo novelesco, ideando algunos personajes, como Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro o Bernardo Soares, que en lugar de ser personajes que actúan, son seres que crean. Pessoa, en última instancia, lo que hizo fue inventar una serie de personajes creadores y ponerlos en relación, urdiendo amistades, correspondencias, etcétera; edificó una especie de teatro en el cual hay actores, pero donde falta el guión". Tabucci destaca que el poeta portugués hizo esta gran construcción novelística en la época de la gran crisis de la novela, ya que murió en 1935. Paradójicamente , agrega Tabucci, Pessoa ha creado una vía de escape, una pirueta, por la que en nuestro siglo, cuando parece que ya no existe un espacio para la novela, puede reconstruirse un universo novelesco, no mediante la novela, sino con la poesía. Esto me impresionó muchísimo " destaca el escritor italiano. En la misma entrevista, Tabucci hace resaltar la característica de Pessoa de ser además de poeta, un personaje: " el personaje de sí mismo y el personaje que es para los otros, lleno de misterios, los cuales son muy difíciles de aclarar del todo, y tal vez no lo consigamos nunca". Pessoa vivía en habitaciones realquiladas de pequeñas pensiones, pasó su vida como un modesto funcionario y dedicaba todo su tiempo a la escritura. Se escindía en varios seres y conseguía a pesar de ello una gran unidad sin caer en la esquizofrenia y en la locura, relata el escritor italiano a su entrevistador. Asimismo, Tabucci destaca el sacrificio o tal vez el desinterés de Pessoa por publicar su obra. Mantuvo oculta su carrera literaria rechazando de esta manera honores y glorias que quizá la vida le habría concedido y prefirió la escritura y la satisfacción que ésta puede proporcionar.

Si hay algo fascinante en la lectura del Libro del desasosiego de Pessoa es encontrarse con un alma volcada al papel sin interferencias ni ornamentos inútiles y también en algunas oportunidades, encontrarse con un idiolecto. En cuanto a esto último, Angel Crespo, en la primera versión en español del libro dice: "Wittgenstein discute, en su obra Philosophical Investigation, la posibilidad de un lenguaje que sólo pueda ser entendido por un individuo, y por él oído, y que se refiera a acontecimientos mentales interiores y por lo tanto, ocultos o secretos para los demás. Si ese lenguaje existe, Wittgenstein piensa que es intraducible debido a que el lenguaje es un hecho social cuya formación y comprobación - y aun corrección- depende, no de la falible memoria individual, sino de la memoria colectiva, que es la condición precisa para que el lenguaje sea propiamente tal, sea comunicable, y por lo tanto, traducible. Sin llevar las cosas tan lejos, hay que advertir que el lenguaje del Libro del desasosiego es, en ocasiones, un idiolecto que tiende a lo secreto, a lo incomunicable, y que, debido a ello, bordea, también en ocasiones, la intraducibilidad ".

En cuanto a las intenciones de Pessoa en dejar una obra fragmentaria y en haber también dejado algunas indicaciones para articular el libro, habría que remitirse a George Steiner quien dice: " el recurso a la intencionalidad, a lo que podemos decir del propósito del escritor o del artista pone trampas incluso peores que las que atribuimos a los usos de la biografía. Balaam - y Marx citará esta parábola en su exploración de las contradicciones ideológicas en el interior de la literatura - profetiza en contra de su expresa voluntad. Un artista puede engañarse radicalmente en cuanto a sus verdaderos motivos - semejante "verdad" puede ser un fantasma epistemológico- y los efectos que se proponía. Puede, siguiendo una estrategia esopiana, intentar engañar a otros (los censores). Sus diarios, cartas, y notas de programa más íntimos pueden ser ficciones retóricas en la génesis de la ficción. Los diarios y las conversaciones de Kafka son obras maestras de afligido circunloquio no sólo con respecto a los otros sino, principalmente, al mismo. Su aparente transparencia hace la obra real más secreta". Steiner relativiza la desconstrucción al decir" no hace falta que una advertencia desconstructiva nos señale las multiestratificadas intencionalidades de la fábula, nos recuerde las inconmensurabilidades y las autodisoluciones retóricas inherentes a los actos semánticos." Para la hermenéutica moderna, dice Steiner ," es fundamental el famoso postulado de Schleiermacher según el cual el lector puede descubrir la intención y el significado auténticos del texto mejor que el autor." Respecto a esto Richard Zenith, destaca en la última versión del Libro del desasosieg o "que mucho antes que los descontructivistas llegaran para enseñarnos que no hay nada hors-texte, Fernando Pessoa vivió, en carne propia - o en su anulación-, todo el drama del que ellos tan sólo hablan. La falta de un centro, la relativización de todo (incluso de la misma noción de lo relativo), el mundo entero reducido a fragmentos que no conforman un verdadero todo, apenas texto sobre texto sobre texto, sin ningún significado o casi sin nexo - todo este sueño o pesadilla posmodernista - no fue, para Pessoa, un grandioso discurso. Fue su íntima experiencia y su tenue realidad. Y este libro-caos del desasosiego fue su lucidísimo textimonio:

"Todo cuanto el hombre expone o expresa es una nota al margen de un texto borrado por completo. Con más o menos suerte, por el sentido de la nota, inferimos el sentido que podría ser el del texto, pero queda siempre una duda, y los sentidos posibles son muchas" (Fragmento 148)

Fernando Pessoa dejó algunas indicaciones para articular el Libro. Según Zenith son de ayuda relativa, porque son contradictorias y evidencian sobre todo hasta qué punto llegaba la confusión del autor: ni él sabía cómo ordenar los fragmentos. Zenith reconoce que tal vez lo mejor hubiera sido una edición de piezas sueltas, ordenables según el criterio de cada lector. Es así como a mí me gusta leer el Libro del desasosiego. Cito a continuación algunos fragmentos que elegí para este artículo:

"Mi vida es como si me golpeasen con ella"

"Soy en gran medida la misma prosa que escribo. Me desarrollo en fragmentos y párrafos, me convierto en puntuaciones y, en la distribución desencadenada de las imágenes, me visto, como los niños, de rey con papel de diario, o, en el modo como creo el ritmo de una serie de palabras me corono, como los locos, de flores secas que siguen vivas en mis sueños"

"El arte consiste en hacer sentir a los otros lo que nosotros sentimos, en liberarlos de sí mismos, proponiéndoles nuestra personalidad mediante esa especial liberación".

"A veces me sucede, y siempre que me sucede es casi de repente, que en medio de las sensaciones me brota un cansancio tan terrible de la vida, que no tengo ni siquiera la más mínima idea de cómo dominarlo. Para remediarlo, el suicidio parece incierto; la muerte, aun cuando suponga la inconsciencia, es poco todavía. El que siento es un cansancio que ambiciona, no el dejar de existir - lo que puede o no ser posible-, sino una cosa mucho más horrorosa y profunda, como es el no haber siquiera existido nunca, no haber sido nunca de ninguna manera".

"¿Qué es viajar y para qué sirve viajar? Cualquier poniente es el poniente; no es preciso ir a verlo a Constantinopla. ¿La sensación de liberación que nace de los viajes? Puedo tenerla yendo de Lisboa a Benfica, y tenerla con más intensidad que aquel que va de Lisboa a China, porque si la liberación no está en mí, no está, para mí, en parte alguna. "Cualquier camino", dijo Carlyle, "incluso este camino de Entepfuhl, te lleva al fin del mundo." Pero el camino de Entepfuhl, si se lo sigue hasta el fin, vuelve a Entepfuhl; de manera que Entepfuhl, donde ya estábamos, es ese mismo fin del mundo que íbamos a buscar."

"Me quejo porque soy débil y, porque soy artista, me entretengo tejiendo con musicalidad mis quejas y retocando mis sueños conforme el modo que encuentro de hacerlos más bellos. Sólo lamento no ser un niño, para poder creer en mis sueños, no ser un loco para poder alejar del alma a todos los que me rodean".

(Del Libro del Desasosiego, Fernando Pessoa, Editorial Emecé)

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Bibliografía



Fernando Pessoa, Libro del desasosiego, Seix Barral




Fernando Pessoa, Libro del desasosiego, Emecé Carlos Gumpert



Conversaciones con Antonio Tabucci, Anagrama



George Steiner, Presencias reales, Destino- Compañía Editora Espasa Calpe Argentina S.A.

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Marguerite Duras



La escritora francesa Marguerite Duras opinaba acerca de la organización y reglamentación de los libros, no estaba de acuerdo con eso.


Marguerite Duras decía acerca de los libros que les reprochaba en general que no eran libres: "Están fabricados, están organizados, reglamentados, diríase que conforman una función de revisión que el escritor desempeña con frecuencia consigo mismo.
El escritor, entonces se convierte en su propio policía. Entiendo por tal, la búsqueda de la forma correcta, es decir de la forma más habitual, la más clara y la más inofensiva. Sigue habiendo generaciones muertas que hacen libros pudibundos. Incluso jóvenes: libros encantados, sin poso alguno, sin noche. Sin silencio. Dicho de otro modo: sin auténtico autor".




bibliografía: Marguerite Duras, Escribir, Editorial Tusquets




(c) Araceli Otamendi - todos los derechos reservados

sábado, 7 de enero de 2012

Los azares, los infortunios, las humillaciones: alimento para la literatura

(Buenos Aires)

A veces vivimos pensando en nuestros problemas, en nuestros contratiempos, en nuestras desdichas. A veces, hasta pareciera que las conjuramos. Y muchas veces creo, que no sabemos hacer de las experiencias que el azar o el destino nos deparan, algo para nuestra creación.
Más que un manual de autoayuda, creo que deberíamos leer más a los grandes escritores.
En mi caso, releo a veces algunas páginas de Jorge Luis Borges y del escritor norteamericano Paul Auster, dos de mis preferidos.

Decía Jorge Luis Borges, en una de sus conferencias publicadas con el título de Siete noches,
La ceguera, que "un escritor o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento".
Y que todas las cosas le han sido dadas para un fin y esto tiene que ser más fuerte en el caso
de un artista. Las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso, dice Borges, le ha sido dado como arcilla, como material para su arte. El escritor argentino afirma en su ensayo que hay que aprovecharlo. Y cita, en un poema el antiguo alimento de los héroes: la humillación, la desdicha, la discordia. "Estas cosas nos fueron dadas", dice Borges, "para que hagamos de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas o que aspiren a serlo".
Borges que ya estaba ciego, dice que si el ciego piensa así, está salvado y entonces la ceguera es un don.
En la misma conferencia, Borges afirma que el escritor vive, la tarea de ser poeta no se cumple en determinado horario: "Nadie es poeta de ocho a doce y de dos a seis". Y dice también:"Quien es poeta lo es siempre, y se ve asaltado por la poesía continuamente".
Las conferencias de Siete noches donde se incluye La ceguera fueron ofrecidas por Jorge Luis
Borges en el teatro Coliseo de Buenos Aires en 1977: La Comedia, La pesadilla y Las mil
y una noches el 1º, el 15 y el 22 de junio, El budismo, La poesía y La cábala el 6, el 13, y el
26 de julio, y La ceguera, el 3 de agosto. El tema de la sexta fue decidido en las vísperas,
pues Borges desistió a último momento de hablar de los gnósticos de Alejandría, como había
sido anunciado. Las siete integran el ciclo más extenso debido hasta ahora al autor de El libro
de arena.
Otro de mis escritores preferidos, Paul Auster, cuenta en un reportaje, su experiencia al
escribir el libro La invención de la soledad, que considera un libro autobiográfico: "... me
miraba a mí mismo de la misma forma en que un científico estudia a un animal de laboratorio. Yo no era más que una pequeña rata gris, un conejillo de Indias atrapado en la jaula de mi propia conciencia.
El libro no fue escrito como una forma de terapia: fue un intento de volvereme del revés para descubrir de qué material estaba hecho. Yo, por supuesto, pero yo como uno más, como cualquier persona...".
La ciudad de cristal
, otra novela de Auster, surge después de la ruptura de su primer matrimonio, cuando estaba trabajando y recibe un llamado preguntando por la Agencia Pinkerton. Las llamadas se repiten y al escritor, después de un año, se le ocurre la idea de escribir la novela. Reconoce que esas llamadas ejercieron cierta influencia en el libro: el detective privado y la de implicarse a sí mismo en la trama de la historia.

(c) Araceli Otamendi


bibliografía: Jorge Luis Borges, Siete noches, Fondo de Cultura Económica, Biblioteca actual
(1987)
Paul Auster, Entrevista con Larry McCaferry y Sinda Gregory publicada en el libro Experimentos con la verdad, Editorial Anagrama (2001)

jueves, 5 de enero de 2012

Por los caminos de Felisberto... por Magda Lago Russo

(Montevideo)Magda Lago Russo


"Felisberto Hernández es un escritor que no se parece a nadie: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos, es un "francotirador" que desafía toda clasificación y todo marco, pero se presenta como inconfundible al abrir sus páginas"


Ítalo Calvino


Felisberto Hernández nació en Atahualpa (Montevideo) el 20 de octubre de 1902. Atahualpa es un barrio montevideano, en el que existían entonces casas señoriales rodeadas de amplios jardines, a las que el mismo Felisberto alude en sus obras Durante su adolescencia y juventud conoció personajes que influyeron en su vida como, José Pedro Bellán, quien influyó en su vida es el escritor y dramaturgo que fue su maestro en la escuela, y desde entonces más mantuvo una amistad que duró hasta la muerte de este último.
Estudió intensamente el piano, hasta 10 y 12 horas diarias, participó en conciertos y dio algunos, solo, por radio. A los veintidós años escribió sus primeros trozos literarios, FULANO DE TAL, y recibió las primeras opiniones de Vaz Ferreira: "Tal vez no haya en el mundo diez personas a las cuales les resulte interesante y yo me considero una de las diez”

Fragmento del Prólogo


“…Conocí un hombre, una vez, que era consagrado como loco y que me parecía inteligente. Conocí otro hombre, otra vez, que estaba de acuerdo en que el loco consagrado fuera loco, pero no en que me pareciera inteligente. Yo tenía mucho interés en convencerle, y del laberinto que el consagrado tenía en su mesa de trabajo, saqué unas cuartillas – esto no le importaba a “el” – y traté de reunir las que pudieran tener alguna, aunque vaga hilación –esto de la hilación tampoco le importaba a “él” – y así convencería al otro de la inteligencia de éste. Pero me ocurrió algo inesperado: leyendo repetidas veces lo que escribió el consagrado me convencí de que, en este caso, como en mucho, no tenía importancia convencer a un hombre. Sin embargo, publiqué esto como testimonio de amistad con estas ideas del consagrado”


1927. – La Asociación de Pianistas le patrocina su primer concierto en Montevideo, en el Teatro Albéniz.

1928. – Da su segundo concierto en el mismo local, que entonces era la “Casa de Arte” subvencionada por el Ministerio de Instrucción Pública. En todos estos conciertos obtiene una crítica unánime que el pianista juzga “demasiado generosa”. En un fragmento recogido con el título de "En el cine" en el T. II de las "Obras Completas", Felisberto se refiere a ese trabajo suyo de la época del cine mudo, que consistía en acompañar, con la música del piano, la proyección de la película: "En una noche de otoño hacía calor húmedo y yo fui al cine. La linterna del acomodador alumbraba mis pasos y hacía brillar mis zapatos, que a cada instante estaban a punto de pisarlo. El se detenía bruscamente para ofrecerme asiento y le parecía raro que a mí me gustara sentarme tan adelante. Mientras tanto yo pensaba: 'él no sabe que yo tocaba el piano en los cines cuando era joven y me acostumbré a mirar la película al pie de la pantalla. -Como quien dice: tomar leche al pie de la vaca-'." T .II ,p .205.


En 1929 se edita LIBRO SIN TAPAS que pertenece a una colección de folletos que apareció en tipografías de caja, y de la cual forman parte Fulano de tal (1925), La cara de Ana (1930) y La envenenada (1931).


1932.- En este año comienza una gira por ciudades del Uruguay con Yamandú Rodríguez en la que este recitaba cuentos, poesías y trozos literarios compuestos expresamente para las obras que a continuación Hernández ejecutaba en el piano.- Esta gira culminó en Buenos Aires en el Teatro París el año 1933.


1942.- POR LOS TIEMPOS DE CLEMENTE COLLING.- Fue escrito en Treinta y Tres, en casa de su hermano Ismael, y lo publican en Montevideo los amigos que figuran en el prólogo. En esta época está en Montevideo Jules Supervielle.- Sus juicios, sus enseñanzas durante tres años, la presentación que hace en Amigos del Arte de Hernández y su influencia para que Francia otorgue una beca a Hernández. En la obra describe el entorno del barrio de su infancia. “En aquellos lugares hay muchas quintas. En Suárez tuna de las calles cercanas] casi no había otra cosa. Ahora están fragmentadas. Los tiempos modernos, los mismos por los que anduve por otras partes, y mientras yo iba siendo, de otra manera, otra persona, rompieron aquellas quintas, mataron muchos árboles y construyeron muchas casas pequeñas, nuevas y ya sucias, mezquinas, negocios amontonados, que amontonaban pequeñas mercaderías en sus puertas. A una gran quinta señorial, un remate le ha dado un caprichoso mordisco, un pequeño tarascón cuadrado en uno de sus lados y le ha dejado dolorosamente incomprensible”. T. I, p.26 .*En esta obra puede decirse que está todo el autor; comenzó entonces a formarse un pequeño público adicto a Felisberto Hernández del que formó parte con un juicio muy acertado Jules Supervielle:”Usted tiene el sentido innato de lo que será clásico algún día”* Por los tiempos de Clemente Colling es una novela corta. Es importante esta obra porque en ella confluyen dos cuestiones. La primera: que es la primera edición de un libro del autor llevado a cabo por una editorial con cara y ojos (aunque sufragada por amigos). Segunda: los estudiosos de la obra de Felisberto señalan esta obra como la que decide al escritor a dedicarse exclusivamente a la literatura en detrimento del piano. tiempos de Clemente Colling es un libro de recuerdos personales. Pero una lectura más exigente nos dice que en este libro ya despunta su universo fantástico, su connivencia con los misterios de la vida. El viejo, ciego y desprolijo profesor de piano Clemente Colling reúne en su persona todo el atractivo de esos mundos inclasificables que tanto fascinaban y que tanto alimentaron la obra ineludible de Felisberto Hernández. 1943.- EL CABALLO PERDIDO También premiada por el Ministerio de Instrucción Pública provoca juicios críticos Nadie encendía las lámparas, Las hortensias, La casa inundada, sucedieron al El caballo Perdido. En el prefacio que apareció en la segunda edición de "El caballo perdido" se puede leer el "manifiesto" -que según indica Pablo Roca (loe. cit.) fue redactado por Reina Reyes-, y una lista de los firmantes: "Felisberto Hernández ha realizado a través de su literatura, una obra de auténtico valor para la cultura de nuestro país. Sus libros, que han suscitado juicios críticos por la "generosa originalidad" de su creación, han llegado a los medios más importantes del extranjero. Estos juicios, así como las traducciones que se han hecho de diversas obras de nuestro escritor y su publicación en las más calificadas revistas literarias, han significado un singular aporte para el conocimiento de nuestra cultura en centros de Europa y América, a los que pocas veces llega lo nuestro.

Recordamos que fue presentado en la Sorbona y en el Pen Club de París por Julio Supervielle. Todo esto nos mueve a pedir a las autoridades de nuestro gobierno, que se le ofrezca a Felisberto Hernández un sitio de labor digno y modesto para que sea continuo el proceso de su creación.”

Se puede decir que sus invenciones y su vuelo imaginativo mantienen una quieta serenidad.

En la “Explicación falsa de mis cuentos” relata su proceso personal de inspiración.


Obligado o traicionado por mí mismo a decir cómo hago mis cuentos, recurriré a explicaciones exteriores a ellos. No son completamente naturales, en el sentido de no intervenir la conciencia. Eso me sería antipático. No son dominados por una teoría de la conciencia. Eso me sería extremadamente antipático. Preferiría decir que esa intervención es misteriosa. Mis cuentos no tienen estructuras lógicas. A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida. En un momento dado pienso que en un rincón de mí nacerá una planta. La empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podría tener porvenir artístico. Sería feliz si esta idea no fracasara del todo. Sin embargo, debo esperar un tiempo ignorado: no sé cómo hacer germinar la planta, ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento; sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesía; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos. Debo cuidar que no ocupe mucho espacio, que no pretenda ser bella o intensa, sino que sea la planta que ella misma esté destinada a ser, y ayudarla a que lo sea. Al mismo tiempo ella crecerá de acuerdo a un contemplador al que no hará mucho caso si él quiere sugerirle demasiadas intenciones o grandezas. Si es una planta dueña de sí misma tendrá una poesía natural, desconocida por ella misma. Ella debe ser como una persona que vivirá no sabe cuánto, con necesidades propias, con un orgullo discreto, un poco torpe y que parezca improvisado. Ella misma no conocerá sus leyes, aunque profundamente las tenga y la conciencia no las alcance. No sabrá el grado y la manera en que la conciencia intervendrá, pero en última instancia impondrá su voluntad. Y enseñará a la conciencia a ser desinteresada.

Lo más seguro de todo es que yo no sé cómo hago mis cuentos, porque cada uno de ellos tiene su vida extraña y propia. Pero también sé que viven peleando con la conciencia para evitar los extranjeros que ella les recomienda.

En sus últimos años llevaba una vida desordenada decía:”Observo que cada vez escribo mejor, Lástima que cada vez me vaya peor” Muere en Montevideo en 1964. Entre 1969 y 1974 se publicaron sus Obras Completas en seis volúmenes.



Bibliografía


Diccionario de Autores Latinoamericanos – César Aira

El País.com – Montevideo.

*César Aira. Escritor argentino.

Capítulo Oriental. – Montevideo.

Felisberto Hernández El espectáculo imaginario. José Pedro Díaz – Arca -1991.

(c) Magda Lago Russo

Montevideo

Uruguay

sábado, 19 de marzo de 2011

Aportes al fútbol del léxico castellano - Carlos Meneses

(c) Alejandro Lypsic




Después de siglo y medio de vida (en su nueva etapa porque
habría sido juego de chinos y romanos anteriormente) el fútbol ha
dejado de ser exclusivamente un deporte para convertirse en uno de
los espectáculos de dimensiones ilimitadas, y sobre todo, para pasar a
ser algo así como uno de los principales fenómenos sociológicos de
nuestros días. Hablar o reflexionar sobre fútbol ya no es cosa que
pertenezca sólo a los aficionados de este deporte. Intelectuales, poetas,
artistas, profesores lo observan desde diferentes ángulos, y desde
antiguo narradores y poetas han nutrido su pluma con personajes,
anécdotas o la gran emoción que emana de un partido de fútbol.
Como todo deporte y como todo espectáculo multitudinario, éste
también ha generado un lenguaje especial que, en muchos casos, ha
llegado a diccionarios y enciclopedias.
Si se hace una comparación entre el lenguaje de la fiesta taurina
y el del fútbol, se observará una mayor elegancia y, sobre todo, una
abundante gama de términos que enriquecen el idioma en el mundillo
torero. En el fútbol y a pesar de los millones de espectadores que
tiene en todo el mundo no ocurre lo mismo. Durante los años veinte
y treinta del siglo pasado empezaba a asomar un léxico esplendoroso.
Los poetas creaban palabras y dibujaban metáforas. Los narradores
urdían historias tan vibrantes como conmovedoras. Un hilo romántico
enhebraba esos episodios. Posiblemente la profesionalización del
fútbol, la llegada de don dinero a este ámbito deportivo trastocó el
camino que había empezado a tomar y la elegancia de Alberti, la
tristeza de Miguel Hernández, o el relampagueante verbo de Parra
del Riego, cedieron paso a un lenguaje menos próximo a la finura,
más directo y despojado de adornos.
No obstante ese cambio citado aun se pueden encontrar palabras
y frases que innovan el vocabulario normal y corriente del castellano.
En algunos casos se notará una falta de precisión, o si se dicen
las cosas con claridad, errores. Se suele señalar, cuando un equipo
tira a la puerta del contrario sin acertar estando en situación de grandes
posibilidades para conseguir un gol, que «ha perdonado», por lo
menos ese es el término utilizado en España. El anterior director de
la Real Academia Española, Fernando Lázaro Carreter tan buen seguidor del fútbol como dominador del idioma, señaló que fallar o
errar, no significaba perdón. Y es evidente, perdonar determinaría
que el jugador que está dispuesto a marcar un tanto se arrepienta de
Aportes del futbol al léxico castellano, hacerlo por las razones que sean y tire deliberadamente el balón a otro sitio y no a la meta.
El poeta uruguayo Herrera y Reissig vislumbró la forma arrolladora
cómo irrumpía el fútbol en la vida cotidiana dentro de un
texto para una revista que se tituló «Programando». El párrafo dedicado
al deporte que estamos tratando indicaba lo siguiente: «Pero de
todos modos y en cualquier época los literatos han sido considerados
y estimulados honrosamente y, aquellos tiempos, no lejanos, en que
los triunfos del orador y del poeta llenaban de aplausos las salas en
que se verificaban los certámenes, forman raro contraste con estos
días de envenenamiento y frivolidad, en que no existen centros literarios
y en que se fundan footballs, presenciándose, al revés del triunfo
de la cabeza, el triunfo de los pies.» Lo destacado de este acierto de
Herrera y Reissig está en que vio la aproximación de esa realidad en
l899, fecha de publicación de este párrafo.
Demos paso a algunos poemas de antaño surgidos de destacadas
plumas. Por ejemplo, el poema «Platko» de Rafael Alberti; «Elegía
a un guardameta», de Miguel Hernández que pertenece a su producción juvenil, posiblemente de l934. Y el sonoro y dinámico «Polirrítmico a Gradín», del peruano Juan Parra del Riego que se solaza en la contemplación del juego de un futbolista para él excepcional, y
que debió ser escrito en l924 un año antes de la muerte del poeta.
Bastarían estos tres poemas para apreciar la pasión que despertó el
fútbol en estos poetas, y el tono de fiesta dorada con que están escritos
dos de ellos. Posiblemente no acuñan directamente muchos nuevos
términos pero de sus metáforas se puede desprender semilla suficiente
como para que germinen galanuras capaces de enriquecer la
visión de este deporte y, por supuesto, nuevos términos que aniden
en el léxico cotidiano.
Rafael Alberti: «Platko»
Es indudable que uno de los poemas más conocidos de los
dedicados al fútbol es el de Rafael Alberti. Escrito en l928, después
de ver un partido vibrante entre el Barcelona y el Español, en una
cancha de Santander. Lo que más emocionó al vate gaditano fue la
bravura del guardameta húngaro Platko que defendía la portería del
equipo azul grana, ganador de ese partido. Plakto quedó lesionado
tras un encontronazo con un delantero rival; no obstante, volvió al
campo vendado y de ahí las loas de Alberti a esa valiente actitud que
él cantó como una hazaña guerrera. Por eso clama persistentemente:
«Nadie se olvida, Platko
(………………….)
Ni el mar,
Que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento que era el que más rugía.»
La asistencia de espectadores al fútbol en aquellos tiempos no
era la multitudinaria de ahora. Posiblemente en ese estadio cántabro
habría unos 15 o 20 mil espectadores como máximo; de ahí que el
viento rugiera más que los hinchas de cada equipo. Pero el aporte
que hace el poeta en estos versos es valioso. Le llama a ese húngaro
valiente «pararrayos», «llave rota», «llave áurea caída ante el pórtico
áureo». Qué lenguaje magnífico para una crónica de fútbol, de un
partido presentado como una verdadera batalla. El término «Llave»
capta la visión de quien cierra a cal y canto una puerta. Es la misión
del arquero evitar que se vulnere su arco.
Platko deteniendo todos los disparos a su puerta, se convertía
en verdadero «pararrayos». La figura es de doble sentido. Por un lado
el portero deteniéndolo todo, por otro los disparos a esa portería o
arco son como verdaderos rayos. También hay imaginación y belleza
en la forma de utilizar la palabra «llave» que alcanza su cima cuando
la enlaza con «rota» en la «yerba». Imaginar una llave enorme quebrada
y tirada delante del arco, es eso lo que ve Alberti y quiere transmitir
a sus lectores. Tras la atención en la enfermería al portero* herido
y su inmediata vuelta a la cancha, Alberti se emociona aun más y
lanza unos versos febriles y con la exquisitez que debería contagiarse
a todos los que escriben sobre este deporte:
«Fue la vuelta del mar
Fueron
diez rápidas banderas
Incendiadas, sin freno
Fue la vuelta del viento
La vuelta al corazón de la esperanza
Fue tu vuelta.»
Esas «diez rápidas banderas» son los diez compañeros de Platko
que buscaban como ágiles guerreros la victoria de su equipo. Rafael
se emociona, no puede disimular su deseo de que gane el Barcelona,
que triunfe el equipo del héroe húngaro. Y para aplaudir esa
estupenda reacción hace complicidad con el viento, con el mar, invoca a la esperanza, aplaude fervorosamente el retorno de la «llave» del «pararrayos a su portería. Llamar «rápidas banderas» a los jugadores
de un equipo tiene su apoyo en los colores de las camisetas. En realidad
esos futbolistas podrían ser considerados mástiles de esas banderas,
mástiles vertiginosos movimientos a lo largo y a lo ancho del
campo.
La forma limpia y elegante de señalar que el equipo de Platko
marca un gol es verdadera delicia: «En el arco contrario el viento
abrió una brecha». Uno de los aliados del «pararrayos» abre la brecha
en la portería rival. Y es de observar que el poeta no dice portería
sino arco, como en Sudamérica. En España se utiliza portería, puerta,
meta. Arco hace pensar en en la línea superior curva, pero dentro
del léxico futbolístico está perfectamente aceptada. Alberti prescinde
de la palabra gol, no necesita utilizarla. La «brecha» abierta por el
«viento» en el arco rival lo dice todo. «Brecha» y «viento» transportadas
a un partido de fútbol interpretan el esfuerzo, la fiereza, la habilidad,
todo lo que se necesita para alcanzar el gol.
El poema celebra los instantes finales del encuentro, ya con
un equipo vencedor, aunque el verdadero triunfador de la tarde es el
arquero: «desmayada bandera en hombros por el campo». Francisco
Platko, también convertido en bandera, llevado en andas por sus compañeros a través del rectángulo de juego. Un delirio de valentía, una exaltación del apasionamiento a que conduce este deporte. Un poema que sigue soportando heroicamente el paso del tiempo sin sufrir
merma. Han pasado casi 80 años desde que fue escrito, y esa ráfaga
de emoción sigue siendo gran referencia estética y sobre todo futbolística.

Miguel Hernández. «Elegía al guardameta»

Del eufórico espectador de un gran partido de fútbol como es
el caso de Alberti con «Platko» como héroe, pasamos a unos versos,
más que sosegados, tristes. El escenario no es el gran estadio con
veinte mil espectadores, debe ser un pequeño campo de Orihuela y
mucha gente sentada o de pie alrededor de esa cancha que el poeta
ve muy bella y la compara con un campo sembrado de alpiste, hermosamente verde. «Elegía al guardameta» aúna la fuerza del deporte con la tragedia de la muerte. La visión del poeta de esos episodios suena bella y dolorosa a la vez. La poesía embellece el fútbol, las escenas en tono delirante, no siempre se engarzan en la belleza, balbucean o exclaman lamentaciones ante el horror de la desgracia. Ya la dedicatoria del poema nos predispone a un desfile de momentos amargos:
«A Lolo Sampedro, joven en la portería del cielo de Orihuela». En la
segunda estrofa ya se vislumbra la tragedia:
«En el alpiste de verde sosiego,
de tiza galonado,
para siempre quedó fuera de juego
Sanpedro, el apostado
En su puerta de cáñamo añudado.»
Ese verde que tanto impresiona a Hernández muy joven por
aquellos años treinta, antes de la guerra civil de España, se ve engalanado por las marcas reglamentarias hechas con tiza. Nos está retratando la belleza del escenario. Mostrando antes que los acontecimientos del match el sitio donde se va a librar la contienda. Destaca por su plasticidad la forma como cuenta el momento previo a la ejecución de un corner. Esa mirada es propia de un exquisito degustador de este deporte: «Ante tu puerta se formó un tumulto / de breves pantalones
». Son esos instantes en los que los jugadores procuran situarse
lo mejor posible, unos para tratar de marcar el gol ansiado, otros
para evitarlo con toda decisión. La insinuación de ese alboroto es
perfecta «tumulto de pantalones breves». El enfoque del poeta y la
utilización de pantalones breves abigarrándose frente a la portería,
da una imagen de fantasía. La brevedad de los pantalones es una
singular manera de mencionar a los futbolistas. Del uniforme que
mantenía pantalones largos y recogidos sobre los tobillos, se había
pasado a esos muy cortos que no bajaban más allá de las rodillas.
La descripción precisa de la estirada en el aire del portero que
intenta atrapar el balón es un jaspe de agilidad y elegancia: «fue interceptada/ por lo pez y fugaz de tu estirada». El término «pez» ha sido
muy utilizado por los cronistas deportivos para señalar a un arquero
en pleno salto ornamental en busca de la pelota. Estamos viendo en
una magnífica actitud acrobática al portero que ya está señalado por
la muerte. Y eso queda claro en los versos siguientes:
«Te sorprendió el fotógrafo el momento
más bello de tu historia
deportiva, tumbándote en el viento
para evitar victoria,
y un ventalla de palmas te aireó gloria.»
Hernández juega con ese momento glorioso del guardameta
que él ha visto en la estirada de «pez» y la oportuna fotografía que le
hacen. «Y te quedaste en la fotografía, / a un metro del alpiste, / con
tu vida mejor en vilo, en vía / ya de tu muerte triste.» La belleza de la
estirada, se comprime en la palabra «pez». No es la primera vez que a
un portero se le compara con un pez, la rapidez y la elegancia de
movimientos de estos anfibios lleva a tal confrontación y la palabra
se abre como un cofre para mostrarnos la interpretación de velocidad
que le concede el poeta. En Lima hubo un arquero muy popular
llamado Carlos Ganoza al que le decían «pez volador».
La rapidez con que reacciona el arquero y la efectividad de su
vuelo de gran plasticidad impresionaron al poeta de Orihuela, pero
la conmoción sería más grave al producirse el choque contra un poste.
Todo ocurre de forma vertiginosa y queda grabado en la retina del
poeta. Cabe señalar que no menciona vuelo del portero sino «tumbándote
en el viento», lo que comunica una sensación de fantasía
aérea, una especie de familiarización de ese arquero con el viento.
Los ojos de Hernández presagian la proximidad de la muerte:
«Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto! tino
y afecto, tu cabeza
dio al poste. Como un sexo femenino,
abrió la ligereza
del golpe una granada de tristeza.»
Impresiona que le llame «granada de tristeza» a ese estallido de
sangre que reproduce al chocar cabeza y poste. Y el público contempla
feliz esa jugada y aplaude sin reparar en la desgracia, en la sangre
que está manando de la cabeza del portero. «Aplaudieron tu fin por
tu jugada». Lo tétrico de ese momento es que se aplaude a quien está
en vías de su último episodio. Hernández apesadumbrado señala:
«¡Ay fiera! en tu jaulón medio de lino, / se eliminó tu vida». Curiosa
expresión «jaulón» para denominar la valla formada por tres postes y
una red. En realidad visto desde detrás de la portería y a través de la
red se podría pensar en un hombre encerrado en una jaula enorme.
Hernández que fue jugador de fútbol estrictamente amateur, le descubre sonidos nuevos a las palabras que le dicta la emoción del fútbol y que se pueden aplicar al habla callejera.

Juan Parra del Riego: «Polirrítmico dinámico de Gradín»

Evidentemente para escribir sobre fútbol con el encanto, la
euforia o la pena con que lo hacen los poetas, hay que gustar de este
juego. El peruano Parra del Riego, que vivió en el Uruguay muchos
de sus años entregados a la poesía y en general a la literatura, es un
relámpago de emoción describiendo la actuación de un jugador que
considera magistral, un futbolista uruguayo apellidado Gradín. Toda
la alegría vanguardista, toda esa parafernalia futurista o la cohetería
ultraista que parecen denotar gran felicidad se esparce por sus versos
como sangre hirviente que le hace lanzar alaridos de emoción. «Yo te
canto, ¡Oh jugador maravilloso». El poeta se concentra en esa figura
que corre por el campo y va captando todas sus veloces jugadas. Aplaudiendo
cada uno de sus pasos, cada uno de sus movimientos.
«tras el loco volatín de la pelota.
y las oes y las zetas
del primer fugaz encaje
de la aguja de colores de tu cuerpo en el paisaje,
otro nuevo corazón de proa ardiente,
cada vez menos despacio,
se me puso a dar mil vueltas en el pecho de repente,
como un trompo musical bajo el espacio.
Sobresale la velocidad, que fue uno de los soportes del Futurismo
de Marinetti o posteriormente el Ultraismo que nació en Madrid
de la mano de Cansinos Asséns. Esa «aguja de colores» es una
síntesis preciosa de un jugador excepcional, un hombre que va tejiendo
con sus pies una hermosa jugada sobre el césped. «aguja» puede
ser también, en este caso, sinónimo de agresividad al poder hincar su
filuda punta en la valla rival. Como también esas frases como relámpagos:
«el loco volatín de la pelota», viene a ser algo así como un
bólido enloquecido. O «primer fugaz encaje» el adorno vertiginoso
de la aguja. Todo el poema da la sensación de una cámara fotográfica
que sigue el ritmo del jugador y obliga a los lectores también a correr
tras la pelota que da volatines.
«¡Gradín, bala azul y verde! ¿Gradín, globo que se va!
Billarista de esa súbita y vibrante carambola
que se rompe en las cabezas y se enfila más allá…
y discóbolo volante,
pasas uno…
dos…
tres…cuatro…
siete jugadores…
La pelota hierve en ruido seco y sordo de metralla,
Se revuelca una epilepsia de colores.»
El poeta viste de colores la vertiginosidad de movimientos y la
galanura del juego de Gradín. En el paroxismo de su entusiasmo le
llama: «¡Gradín, trompo, émbolo, música bisturí, tirabuzón!» y también
«pez acróbata» que «como un submarino sale allá con la pelota».
Volvemos a encontrarnos con la palabra «pez» como símbolo de agilidad.
Descubrimos un curioso epíteto para el fútbol, «submarino». El
jugador avanza sorteando rivales, desaparece en ese zigzagueante discurrir de su carrera y reaparece más allá tras su enorme hazaña de
burlar contrarios. Se debe reparar en la importancia que Parra del
Riego concede a la pelota que «hierve», como bola de fuego.
No se pueden pasar por alto los calificativos para el futbolista
que de «trompo» que baila desorientando a los adversarios pasa a
«émbolo» musical, de «aguja» se convierte en «bisturí», y termina siendo
«tirabuzón» capaz de descorchar el arco contrario como una botella
de vino. Posiblemente este poema sea uno de los más emotivos y
entusiastas de la poesía en lengua castellana dedicado al fútbol y en
concreto a un jugador. Como el verso de Hernández señalando la
muerte del joven portero: «para siempre quedó fuera de juego»!. El
término viene del inglés off side tan utilizado en la vida diaria ya sea
en inglés o castellano.

Otros poetas
Excelentes poetas de diferentes nacionalidades han cantado al
fútbol. En algunos casos dando visión de conjunto con alegrías y vicisitudes, en otros dirigiendo sus versos hacia un jugador en especial
como el Gradín de Parra del Riego, el Platko de Alberti o el infortunado
arquero al que le dirige sus versos Miguel Hernández. Entre los
peruanos de los últimos tiempos vale citar a Arturo Corcuera con su
libro «La gran jugada o crónica deportiva que trata de Teófilo Cubillas
y el Alianza Lima». Una mirada al célebre club de los «Íntimos de
la Victoria» con hincapié especial en el juego de Cubillas excelente
delantero de ese equipo.
En los versos de Corcuera encontramos una buena suma de
términos de los que ha acuñado el fútbol en su largo transcurrir.
«don José Ma. Lavalle / sacándole música a sus chimpunes».
Los chimpunes son las botas o los zapatos de fútbol, lo que antaño se llamaban borceguíes, precioso nombre que ha dejado de existir para el
balompié y se podría decir que sólo supervive en los diccionarios. El
término utilizado por el poeta parece tener su punto de partida en
lejanos tiempos cuando se lanzaba un grito de guerra y de aliento:
¡Chimpún, Callao!. Los zapatones de fútbol son los cañones que van
a disparar contra el arco contrario.
Otro término que circula por los estadios es «chacra», Con
esta voz se denomina las jugadas sin calidad, como las que los aficionados hacen en sus partidos entre amigos y por lo general en una
chacra o algo parecido. La palabra «chacra» aunque designando modestia o ausencia de calidad suena como una sentencia de pobreza o chabacanería, y se suele utilizar en la conversación normal para representar algo de bajo nivel. «Teófilo Cubillas El Nene crack de la
redonda /y del taquito». «La redonda» ha pasado a remplazar a las
palabras pelota o balón. Y el término «taquito», un pase dado con el
taco y que lo fabrican sólo los grandes del fútbol, tiene en el léxico
del fútbol un sitio distinguido y podría tener cobijo en el lenguaje
cotidiano.
Otros términos que los poetas ponen en circulación no son
difíciles de hallar. Sin embargo, lejos de los versos han nacido palabras
clásicas del fútbol, como «hincha»; «parábola», «cañonero», «off side» o
«foul», estas dos últimas en inglés pero que el lenguaje castellano los ha
adaptado perfectamente aunque sean mal pronunciadas. La palabra
«hincha» que indica al apasionado de un club, no se ha quedado en el
deporte, ha pasado a ser utilizada en muchos otros campos como la
farándula, la política, hasta la literatura o la música. Decir fulano o tal
actividad tiene una gran hinchada, alude a la cantidad y la fidelidad de quienes creen en tal persona o admiran tal actuación. «Hincha» parece haber nacido a orillas del Río de la Plata, hace más de un siglo y está relacionada con hinchar una pelota y alentar a un equipo. Esos son los hinchas en Sudamérica. En España suele decírseles «forofos», pero no
se descarta «la hinchada» y sus derivados.
Hay otro término que también ha sido transportado a diferentes
ambientes distantes del fútbol, por ejemplo «chalaca», que es
una jugada difícil y arriesgada, saltar en el aire y estando horizontal
patear con un pie pero moviendo los dos. La chalaca ha pasado a la
pelea callejera, y a muchos movimientos de la vida cotidiana que tengan semejanza en cuanto a la plasticidad de figura. Posiblemente el
Perú sea el único país de habla castellana en el que se utiliza este
término; en los demás se suele decir «chilena», pues habría tenido su
origen en el país del sur. Los peruanos prefirieron acuñar una palabra
especial para este tipo de jugada y lo hicieron con bastante acierto
convirtiéndola en hija del puerto del Callao.
Se cuenta que entre las década de los 20 a los 30, cuando el
diario «Crítica» de Buenos Aires estaba dirigido por el célebre Natalio
Botana, alguien le dijo al director que su diario precisaba una
mayor apertura al fútbol. Se lo pensó y decidió elegir para la dirección
de esa página a un joven literato que no sabía nada de tal deporte.
Botana le dijo: «No importa, así dirás cosas nuevas. Te confío la
tarea de embellecer el fútbol». El elegido fue el poeta Pablo Rojas Paz.
El embellecimiento del fútbol ha corrido por lo tanto a cargo de
poetas, escritores, autores de teatro y articulistas.
Pero la popularización de términos casi propios del balompié
y que luego han pasado a las actividades cotidianas no sólo son de
habla castellana. Nos encontramos con «off side», (fuera de juego) y
la popularización de esta palabra compuesta dándole sentido a todo
lo que no se hace en su momento o a algo inoportuno como también
a todo lo archiconocido y que se quiere dar como nuevo. Casi igual
ocurre con «foul» (falta) que se usa para señalar una impertinencia o
un error en el comportamiento de una persona, y se llega a castellanizar
como «fauleando» o sea cometiendo falta.
La ‘palabra «cañonero» en el Perú se le aplicó al gran futbolista
Lolo Fernández por la potencia de su shot. Y como tantos otros términos
emigró a otros rincones de la vida. Surgieron derivados «cañonear» o «cañoneando», por ejemplo para indicar la fuerza de una voz
o lo impositivo de una sentencia. Se trajo de fuera del ambiente futbolero el término «parábola» como retrato de un disparo a puerta
que describe en su trayectoria ese dibujo y un término menos académico como «de cuchara», con lo que se está designando el tiro contra el portero que se hace con la intención y habilidad de que pase por encima de su cabeza. El lenguaje futbolero es amplio, no se ha detenido en su procreación, tal vez sí en su estética. Precisa de más poetas y escritores que le den lustre, que lo embellezcan como le pidió el célebre periodista Botana a su redactor, el escritor y poeta Rojas Paz.

*portero es sinónimo de arquero


(c) Carlos Meneses
Palma de Mallorca

Carlos Meneses nació en Lima, Perú.  Ha vivido fuera del Perú en : Buenos Aires, Santiago de Chile, Barcelona, Madrid, París, Aix.-en – Provence, Berlín y Palma de Mallorca. Vive en En Europa desde febrero 1961, en Mallorca desde diciembre de 1963. Profesiones u oficios: escritor y periodista. Los ha practicado en Lima, Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro, Marsella, Madrid y Palma de Mallorca. 
   De los 28 títulos publicados destacan las novelas : “La muchacha del bello tigre” (Gijón 1983).
 “Bobby estuvo aquí” México DF 1989. ( Segunda edición,  Lima 2006) “El amor según Toribia  Ilusión” Barcelona 1993. “Huachos rojos”, Lima 1996, segunda ed. 2005. “A quién le importa el prójimo”, México DF 2000 . “Edén Moderno” (premio Ciudad de Valencia) 2003  y “El héroe de Berlín”, Lima 2006. Y los ensayos “Borges en Mallorca”Alicante 1996. “El primer Borges”, Madrid 2001. “Transito de Oquendo de Amat”, Las Palmas de Gran Canarias 1972. “Miguel Angel Asturias, poeta” Gijón 1975. “Rubén Dario en Mallorca”, Palma de Mallorca 1993.”Seis y seis” (cuentos) México DF. 1980. 
  Premios : Nacional de teatro del Perú por “La noticia” 1958. Premio Inca de periodismo, Lima 1959.  Insula de poesía, Palma de Mallorca. Periodismo literario, Cádiz l987. Premio de novela Ciudad de Valencia, 2002. Ciudad de Peñíscola de cuentos, 2006.  

imagen: fotografía de Alejandro Lypsic - Serie "Los clubes"