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viernes, 19 de agosto de 2011

Cartas: Carolina Ramos

Araceli,querida, tu cuento sobre los títeres, especial para el Dia del Niño, es muy gracioso! Me gusto mucho! Pero mira, tendré que tener más cuidado con lo que escribo. Mi castellano, cuando mucho, podrá servirme como comunicación verbal descontraída. Y por eso escribo sin preocupaciones, pero al ver mis palabras publicadas en las páginas de Archivos del Sur...me llené de responsabilidad, porque mi visión no está muy buena y no puedo quitar las dudas que tengo con la ayuda de los diccionários. Asi, que escribo lo que me viene a la cabeza, con la única preocupación de hacerme entender. Gracias por tu atención. Abrazos.

Carolina Ramos

Santos

Brasil

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sábado, 13 de agosto de 2011

SUPLEMENTO ESPECIAL DIA DEL NIÑO


Estimadas amigas y amigos:

convoqué a algunas escritoras y escritores para colaborar en este Suplemento especial dedicado al DIA DEL NIÑO.
Les agradezco a todos los que enviaron sus cuentos y poemas. Y ahora los invito a leerlos y a difundirlos.
Siempre es preciso recordar que alguna vez fuimos niños, o pensar en el niño que habita en nuestros hijos aunque ya sean grandes, a veces adultos. Pensar en los que tienen nietos, o en todos los niños que precisan que se recuerde justamente ese día. O en los que tienen niños chiquitos, valorar esos momentos preciosos en que los niños, cuando nos olvidamos de las palabras del poeta Kalil Gibran y  a veces creemos que nos pertenecen.

¡gracias a todos por colaborar!

Araceli Otamendi
Directora


Colaboraron

Beatriz Iriart
Ana María Manceda
Magda Lago Russo
Elena Ortiz Muñiz
Araceli Otamendi
Susana Szwarc
Cecilia Vetti
Cristian Vitale

Suplemento especial DIA DEL NIÑO - Beatriz Iriart


Niña loba






Pequeña niña

tus ojos delatan el dolor

de los campos solitarios.

Pequeña niña

de los pies descalzos

la tarde es mansamente gris.

Un arlequín de corazones gastados

dice que vendrás.





©Beatriz Iriart
City Bell

Provincia de Buenos Aires



imagen: Antonio Berni . personaje : Ramona Montiel

Suplemento especial DIA DEL NIÑO - Ana María Manceda




Los juegos





Corre...corre...corre..si te toca sos mancha venenosa.

Salta...salta... salta, que la soga no te toque.

Antón..antón... pirulero...Sobre el puente de Avignon...

La piedra y los números, un pie, el otro y la meta

de la rayuela.

El cielo está surcado de papeles de colores

barriletes danzando sobre campos verdes

caras coloradas , borrachas de frío y de sol.

La familia reunida, felicidad de vivir.

Son un trazo de luz en el sorpresivo sendero.

Salta...salta...salta

el corazón saltaba por la boca, ahora salta por los dedos

que se posan en las teclas para reunirnos en el espacio

que evade rozar el sol y las estrellas,

sí aquellas estrellas que algún día jugamos a adivinar sus nombres,

teclas, teclas, teclas...en el espacio cibernético.

¿Dónde se esconden los juegos que pintaban de crepúsculo

las infantiles caras bajo el sol?

(c) Ana María Manceda

San Martín de los Andes



Provincia del Neuquén

imagen: Antonio Berni






















Suplemento especial DIA DEL NIÑO - Magda Lago Russo



Descubriendo al “El Principito”





Lorenzo terminó la tarea escolar; se quedó en la casa pensando en leer un libro de la completa biblioteca de su padre. Con sólo doce años disfrutaba de la lectura como él. Esa media tarde se sentó en el sillón preferido de su padre y buscó en los estantes más cercanos de la biblioteca, un libro al azar.
De pronto sus ojos tropezaron con uno pequeño, lo toma en sus manos, sus hojas amarillentas, un poco ajadas, por el pasaje de varias manos.
Su curiosidad es mayor, al leer el título:

”El Principito” de Antoine de Saint - Exupéry.

¿Un libro de cuentos infantiles en la biblioteca de su padre? ¿Cómo podía ser si los suyos los guardaba en su habitación?”Antes de leerlo, comenzó a pasar las páginas, variados dibujos, de un elefante, un niño con un saco hasta los pies, una espada en la mano, una rosa en el cuello y una estrella en cada hombro “¡Qué raro parece de otra época!. En otra hoja, tres ovejas más adelante otro que al pie decía: “El Principito sobre el asteroide B612”.”¡Ah! ¡Es de extraterrestres!” Con apuro por saber de que se trata comienza a leerlo, su interés va aumentando a medida que se suceden las páginas. Así se entera de las aventuras de un niño, que viene de un lejano planeta, del tamaño de una cajita de juguete. Cuando llega a la tierra encuentra a un aviador abandonado en medio del inmenso desierto del Sahara porque su avión había sufrido una falla mecánica.”¡Qué bueno qué está!” comenta en voz alta.”Parece que conoce varios planetas, cómo cinco” Cada vez más su interés aumenta.”¡No! conoce dos más, el séptimo es la Tierra. “¡Cómo! narra las aventuras que tiene en los seis planetas antes de llegar a ella.” Estaba tan entusiasmado con la lectura que ya casi no distinguía las letras. Se había hecho la noche. Pronto sería la hora de cenar, de modo que abandonó la biblioteca con el libro que llevó a su habitación para seguir investigándolo. Pasó parte de la noche leyéndolo, pero sus párpados se cerraban, vencido por el sueño se durmió. Soñó que se encontraba sobre una esfera azul, rodeado de estrellas muy brillantes mientras se acercaba a él un niño cuyo cabello rubio resplandecía como el oro, le extendía una rosa y sin mediar palabra desaparecía. Al despertar al día siguiente no podía apartar de su mente al “Principito” Se promete a sí mismo que lo terminará de leer esa tarde y por mucho tiempo será su libro de cabecera, pues quiere recordar pensamientos como el que quedó grabado en su mente: “No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos “ Hablaría con su padre, quería saber la explicación.

(c)Magda Lago Russo

Montevideo
Uruguay

Suplemento especial DIA DEL NIÑO - Elena Ortiz Muñiz



Inés y la pintura celestial



Siempre que me encuentro en medio de situaciones difíciles recuerdo con peculiar nostalgia aquel día en que sintiéndome abrumada por completo debido a los problemas familiares, económicos y personales, que cayeron sobre mí como una avalancha, cosía prácticamente con impotencia las prendas que debía confeccionar por encargo. Labor que no realizaba normalmente pero que, dadas las circunstancias y las deudas por pagar, no me había quedado más remedio que aprovechar.
Llevaba días y noches midiendo, marcando, cortando y cosiendo, lo cual no era algo que me gustara hacer, nunca me agradó a pesar de la facilidad y buena mano que poseía para el corte y la confección de prendas, sin embargo, había que decirlo, debido a la emergencia o tal vez por ello, me sentía enojada al hacerlo.
Esa noche, Inés llegó corriendo, y arrebatándome la prenda que estaba cosiendo me obligó a levantarme para caminar hasta la ventana con gran excitación gritando:

-Mira mamá ¡Alguien ha pintado el cielo!

En el firmamento azul profundo brillaba por todo lo alto la luna llena, majestuosa y luminosa como siempre pero que resaltaba aún más por tener junto a ella espectaculares nubes blancas y grises. En conjunto, la escena era una pintura digna del mejor de los artistas. El viento soplaba y las nubes continuaban en movimiento, llegó un momento en que el satélite quedó totalmente cubierto con nubes negras que llegaron repentinamente obscureciéndolo todo, cuando éstas se apartaron mostraron una luna más brillante que nunca, redonda y soberbia enmarcada con un halo de colores maravilloso. Mi niña brincaba de contento.
Se me ocurrió decirle que aquello era obra de Dios pues Él era un gran pintor, ante lo cual, comenzó a bombardearme con todo tipo de preguntas, una detrás de otra sin darme prácticamente tiempo a responder:


-¿De dónde obtiene Dios sus pinceles? ¿Su mamá lo enseñó a pintar? ¿Por qué no usa un cuaderno? ¿Acaso no tiene pinturas?

-No necesita libretas ni papel, querida, pues cuenta con un lienzo inmenso: el firmamento y utiliza los colores del arco iris para hacer millones de cosas hermosas como éstas que ante nuestros ojos se presentan

-¿Qué hace después con sus trabajos? ¿En dónde los cuelga para contemplarlos?

No los conserva, sus obras duran solo un instante y son un obsequio para aquellos que, como tú, son capaces de levantar la vista. Las personas que viven día a día presas de su rutina sin atreverse a mirar a su alrededor se lo pierden, pues el arte es irrepetible. Podrá cualquier artista tener los mismos elementos, el mismo cielo y los mismos recursos pero la obra siempre será distinta, ninguna igual a la otra, porque invariablemente los sentimientos de esos momentos se verán reflejados.
El viento sopló y dispersó las nubes dejando la luna brillante y plena en ese manto azul profundo que nos cobija cada noche. Una a una fueron apareciendo las estrellas bajo el vapor de los velos nebulosos que se iban descorriendo con lentitud hasta que todo aquello quedó limpio, titilante y pleno de luz.
En mi cabeza seguían dando vuelta mis propias palabras: “Las personas viven cada día presas de su rutina”. Giré la cabeza para observar mi trabajo de los últimos días, ahí estaba la decena de chaquetitas carmesí que servirían para cubrir del frío a los chiquillos del coro de la Iglesia, inacabadas, pero preciosas a pesar de ello. Solo entonces fue que entendí la grandeza de mi labor, me sentí orgullosa de mi trabajo, feliz de contribuir y agradecida con Dios porque además, mis problemas financieros serían un poquito más llevaderos con lo que me pagarían por hacerlo.
Inés se había quedado dormida, su cabeza descansaba en la base del ventanal y el destello de las luminarias celestes hacía que su cabello brillara de manera irreal. La tomé entre mis brazos con cuidado y mientras la llevaba hasta la cama pensaba, al mirar su rostro angelical, que si todos conserváramos la capacidad de asombro que tienen los niños seríamos mucho más felices ¡Cuánta magia viví en tan solo unos minutos!

(c)Elena Ortiz Muñiz

México DF

imagen: Antonio Berni - Primeros pasos

Suplemento especial DIA DEL NIÑO - Araceli Otamendi



Jessica en un mundo de juguetes





Jessica López trabaja en la juguetería desde hace poco tiempo. Es vigiladora. Antes trabajaba

también en ese shopping y antes del shopping en la venta de productos de granja. Pero de cortar

pollos, despachar milanesas y envolver huevos de a media docena estaba cansada. Cuando le

avisaron que buscaban a alguien para trabajar en ese shopping no lo pensó mucho, enseguida la

sedujo la idea de cambiar de trabajo. Jessica era una mujer joven, había sido madre desde muy

temprana edad y ahora que pasaba los treinta también tenía un nieto. Jessica no sabía casi nada de

juguetes, casi no los había tenido. A los catorce años empezó a trabajar en una casa de familia para

ayudar a sostener su hogar. Ahora, además de ser casi el sostén completo de sus padres también

mantenía a sus hijos y al nieto, un bebé de pocos meses.

A veces se miraba al espejo y se veía vieja y no una mujer de treinta y tantos años. Con el uniforme

que le dieron cuando empezó a trabajar ahí, se imaginó que su vida iba a cambiar. Al menos ahora

estaba  entre juguetes, muñecas, autos, osos, casitas, rompecabezas, sonajeros, juegos didácticos,

¡podía aprehender tanto en ese lugar!

Cosas que jamás habían estado a su alcance ahora estaban ahí en los estantes. Y Jessica además

de mirar a las personas que entraban a comprar juguetes se dedicaba a mirarlos en detalle.

¡A veces le gustaría conocer a su nieto, llevarle un regalo, olvidarse de los malos tiempos!

¿Por qué no?

Y sin embargo, estaban todos tan distantes, ella de su hija, ella de sus padres, ella de todos.

A veces rebobinaba y se preguntaba por qué a ella le había tocado una vida así, nada más que

trabajar, y todas sus relaciones estaban maltrechas. Pero estar ahí, entre los juguetes la animaba.

Muchas veces de noche, cuando la juguetería cerraba, ella se ofrecía a hacer horas extras.

Se quedaría vigilando, de paso podría ordenar muchas cosas, los clientes a veces no daban

tiempo a acomodar.

Una de esas noches Jessica se durmió ahí adentro, sentada. Soñó que uno de los títeres,

el flaco de piernas largas le guiñaba un ojo, le hacía una seña y con la mano le señalaba la puerta.

Entonces Jessica se incorporaba y decidida abría la puerta de la juguetería. Los títeres bajaban

en fila desde el estante y caminando, detrás del títere flaco de piernas largas, se escapaban hacia

la calle...

Jessica volvió a la vigilia y comprobó que los títeres estaban ahí, sentados en hilera, donde los

había dejado antes de sentarse y quedarse dormida.

Esos títeres bien vestidos, con su pelo de nylon y sus trajecitos bien confeccionados, pensaba

Jessica. Le gustaría llevarle un títere o tal vez dos o tres a su nieto, cuando lo conociera. Y eso

 iba pensando cuando salía del trabajo, por la mañana, una vez cumplido el horario, cómo hacer

para volver a entablar  la relación con su hija, cómo hacer para tener fuerzas y conocer al nieto...

Se detuvo varias veces frente a las vidrieras.

Primero del shopping y después en la calle. Había muchos carteles en los negocios que anunciaban

ofertas:

Dia del niño.

Solamente tenía algo más de treinta años, una hija, un nieto y muchas ganas de vivir, se decía.

Una de esas noches, cuando llegó a su casa, se lavó la cara con agua fría y se miró al espejo,

se sentía extraña.

Se pellizcó entonces la cara, los brazos, para comprobar que no estaba durmiendo. Fue entonces

que recibió el llamado del jefe: en la juguetería faltaban juguetes, faltaba completo el estante de los

títeres. ¿Ella sabía algo?

Para nada, todo estaba en su lugar cuando Jessica se fue de la juguetería. Podían revisar una y otra

vez las cámaras de video, nada faltaba ahí. ¿Y entonces? ¿dónde podían estar? ¡Malditos títeres!

justo un día como ese tenían que cumplir con el sueño, justamente un día como ese tenían que escapar.

Jessica se acostó a dormir pensando que a ella no podía ocurrirle así, justamente a ella,

esos títeres no podían habérsele escapado de los estantes.

Jessica soñó entonces que todo volvía a la normalidad, ella se amigaba con su hija, con sus padres,

conocía a su nieto, le llevaba un regalo ¡un títere! Le llevaría un títere para cuando el niño creciera.

Se despertó cuando los rayos de sol casi no entraban por la persiana del cuarto. Entró a la ducha

pensando cuál sería el títere que elegiría para su nieto. Y el teléfono empezó a sonar.

Entonces el corazón empezó a latirle fuerte, fuerte, como al galope. Salió de la ducha envuelta en

una tohalla.

Era la voz de Adriana: ¿mamá?

Jessica se alegró de escuchar la voz de su hija. La invitaba a la casa a conocer al niño. ¡Era lo que

Jessica estaba esperando! Definitivamente el regalo que le llevaría era un títere. ¿pero ahora que no

estaban los títeres dónde lo compraría?


Más tarde cuando Jessica llegó a la juguetería a cumplir con su turno de trabajo, un compañero le

avisó que el jefe la estaba esperando. ¿Qué pasó con los títeres? preguntó Jessica.

Pero nadie sabía a qué se refería. Jessica repasó entonces los estantes. Las muñecas, los autos,

los osos, los caballos, los rompecabezas y ¡los títeres!

Estaban ahí, en su lugar, como siempre. El flaco también, y cuando pasó ella, por su lado,

sentía que el títere mismo, ese flaco, alto, le guiñaba un ojo con complicidad.

(c)Araceli Otamendi

Buenos Aires


Suplemento especial DIA DEL NIÑO - Susana Szwarc



Canción de cuna

No quedarse pegada a la falta

de comida.

Hay otros textos que descifrar,

no ese agujero de la olla vacía.

En la heladera

inmensa como vientre del noveno mes

sólo un cartón de leche

aguada. Cada día habrá

más agua ahí.

A las niñas engañadas

les crecen vientres

como heladeras vacías.

La más pequeña entona y habla.

Mientras,

madres bajo la lluvia

empapeladas de diarios sus cabezas

miran casas

vacías para alquilar.



No quedarse pegada a la falta.

De casa y comida no se ha de morir.



Visitantes


Esa niña zombi que contempla

la majestad de las sillas

es una mujer vuelta

al vacío de la casa.



En el mismo sueño

gatea un hombre

como padre arrepentido

hasta la puerta.



Nudos les hace el atrasado tiempo,

la soledad del uno.



Si llegaran soplos, ruidos, algo,

¿dejarían de sudar el miedo,

de temer al Familiar?



¿Evitarían el golpe

que amor acusa en su derrota?

(c) Susana Szwarc

Buenos Aires


imagen: Cándido Portinari, Grupo de niñas


Suplemento especial DIA DEL NIÑO - Cecilia Vetti




Complicidad




La niña ríe, la maestra la mira, la encuentra pálida y decaída.

-¿Tomaste el desayuno? – le pregunta

- No lo tomé, ahora que no me dan mamadera la leche no me gusta, le siento otro gusto. ¡Es muy fea la leche en la taza! –afirma la niña

- ¿No vas a tomar más leche?

- Nunca más. -se empecina la pequeña. Nunca más…

La maestra se preocupa, llama a la madre y ella le cuenta que su hija es inapetente, puede pasarse el día sin comer, casi nada le gusta. -El médico dice que comerá cuando tenga hambre- sostiene la madre. Es por la mamadera, antes tomaba casi un litro de leche por día.

La maestra se resiste a verla así, sin fuerzas para jugar en el recreo. Le ofrece galletas, jugos, chocolate. Nada le gusta. Al día siguiente, la maestra saca de su bolso una mamadera y la llena de leche, la endulza y luego la esconde en el cuarto de los mapas, llama a la niña y le ofrece un manjar. Ella la toma en un suspiro y luego corre al recreo. Se la ve tan feliz.

Cuando la madre viene a buscarla, le confiesa a la maestra: -Esta mañana no pude menos que darle una mamadera, ayer no probó bocado- dice avergonzada.

- Yo en uno de los recreos también le di una mamadera- confiesa la maestra

-¿Y la tomó?

- Íntegra, después salió a jugar en el recreo. Comprendo que fue un atrevimiento de mi parte.- se disculpa.

- No se preocupe ¿Acaso el mate no es una mamadera con bombilla?

La niña las observa sonriendo mientras las dos mujeres se miran con complicidad.

- Si el director se entera me echa- se preocupa la maestra

- Si mi marido se entera, me echa- afirma la madre.

(c) Cecilia Vetti


Banfield

Provincia de Buenos Aires

Suplemento especial- DIA DEL NIÑO - Cristian Vitale



Clara




atá yitita, atá yitita

yaieie,

peia, payá, yoio

apa mana, apa mana...



no no no,

vede, azú, oyo, ila

mananá,

pepe, pató, patatá



atá yitito, atá yitito

eio, iyo, cete, tato, manó



yo papá, yo mamá

uno, yete, oto, ié



ana, yayo, menena,

abu, ío, pata

a yo, a tasi

yi no yi no yi no



ála mamá... ála papá... aba... ataba... ataba... ataba





Su lengua es ya la única medida del tiempo



Cuando saca la lengua clara

el presente es una fiesta del recuerdo

(c) Cristian Vitale

La Plata

Provincia de Buenos Aires